September 22, 2019 06:06


Vivienda, calidad y populismo

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El cemento y la misma varilla que se usan para construir una vivienda social, son los mismos que se usan para construir una residencia de millones de pesos(FOTO: [email protected])

La calidad de una vivienda está en diseño y materiales de la misma vivienda y de su entorno

En ninguna parte está escrita la obligación de que una vivienda de interés social tenga que ser fea y/o de mala calidad.

Es más, el cemento y la misma varilla que se usan para construir una vivienda social, son los mismos que se usan para construir una residencia de millones de pesos o uno de esos enormes y modernos complejos de usos mixtos que hoy están tan de moda.

Y eso en cuanto a los materiales, porque habría que decir que mucho tendrían que hacer quienes planifican los desarrollos habitacionales y diseñan las viviendas, para hacer que el concepto urbano y la arquitectura, den a los conjuntos eficiencia, belleza y calidad.

Y es así que si las cosas siempre se hicieran bien, el cumplimiento de la regulación, la eficiente selección y aplicación de los materiales, el diseño –arquitectónico y urbano-, así como la planeación integral del proyecto, debieran estar dirigidos a garantizar la calidad de todas las viviendas que se construyen en el país, con especial énfasis, por el compromiso moral que ello implica, con las soluciones habitacionales dirigidas a la población de menores ingresos.

Eso en cuanto a los nuevos desarrollos que se generan en todo el país, pero esos mismos objetivos tendrían que ser válidos para todo proceso relacionado con mejorar las condiciones del parque habitacional existente y de las zonas urbanas en que se ubican.

Y justo como señalaba para el caso de la vivienda social, privilegiando en este esfuerzo de consolidación urbana, la mejora de todos aquellos barrios en evidentes condiciones de desventaja respecto a otras mejor ubicadas o de habitadas por segmentos socioeconómicos de mayores posibilidades,

Porque hay que entender que una política de vivienda aplica para lo nuevo y para lo existente... Por eso el reto está en mejorar la calidad tanto de lo que se hace nuevo, como de lo que se regenera, de modo tal, que todo apunte a un resultado común, que sea cumplir los objetivos de un proyecto integral de ciudad pensado para la gente.

El tema está en la seriedad con que autoridades y sector privado se toman el reto de la vivienda y entienden que las casas que se construyan y las ciudades que van conformando, son el punto de partida en la construcción de ese desarrollo sostenible que tanta falta nos hace.

Sería bueno que así lo vieran lo mismo las autoridades, que los empresarios, que el momento de pedir condiciones más adecuadas para el desarrollo de su actividad, lo hagan anteponiendo el compromiso de elevar en cuanto sea posible la calidad de las viviendas que se construyen en el país.

No tiene cabida en estos tiempos un sector empresarial que no entienda el enorme compromiso que implica hacer vivienda...

No tiene cabida un sector que salga a pelear por condiciones para hacer mejores negocios, sin empezar por plantear escenarios que permitan generar mejores viviendas y entornos urbanos. Viviendas y entornos que generen calidad de vida, eficiencia y competitividad urbana y todo tipo de plusvalías, lo mismo para quienes habitan esas viviendas, que para los entornos en que se ubican y para la ciudad misma..

Esto tiene que ver con entender la vivienda como el resultado de un proceso dirigido a construir prosperidad, que se aleje de toda demagogia relacionada con dádivas dirigidas a distorsionar el concepto de vivienda, provocando que cualquier lámina o tinaco sume en la columna de las “acciones de vivienda”, abonando al populismo.

Un gobierno como el que hoy tenemos, con clara visión social, debe apostar por la vivienda y por que cada nueva o vieja vivienda sea parte importante en la conformación de entornos urbanos integralmente sostenibles.

La apuesta común debe ser en favor de la calidad... Y esa calidad implica nuevas viviendas y desarrollos, pero implica también aplicar esos conceptos al momento de intervenir viviendas y zonas urbanas existentes, evitando caer en tentaciones populistas que tengan que ver con la romantización de la pobreza o el reconocimiento y fomento de la informalidad e, incluso, de la ilegalidad.

La calidad de una vivienda está en diseño y materiales de la misma vivienda y de su entorno... Pero está también en el título de propiedad y en modelos que garanticen plusvalías y viabilidad futura tanto en lo individual, como en lo comunitario y urbano.

Hay que exigir mejores casas a desarrolladores... Pero a las instancias públicas hay que exigir que den forma a modelos que dejen atrás el paternalismo y la mera atención de la precariedad, privilegiando estrategias que permitan que todo lo que se haga genere calidad.

No vale tomar lo que debiera ser una medida emergente para convertirlo en solución definitiva que solo garantice que los pobres no puedan abandonar esa condición.

Es más fácil caer en la tentación populista de dar un tinaco y hacerlo contar como una acción de vivienda... Es fácil, pero no es ni ético, ni sostenible...

Horacio Urbano es presidente fundador de Centro Urbano, think tank especializado en temas inmobiliarios y urbanos

Correo electrónico: [email protected]

Twitter: @horacio_urbano

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