Columnas

Hasta que la dignidad se haga costumbre

FeministasMireya Novo / Cuartoscuro

La mayoría de los hombres odia a las mujeres y un amplio porcentaje, a las feministas. Si no las odiaran, no habría 11 feminicidios al día, ni más de 50 violaciones promedio según el Secretariado de Seguridad Pública, en ser el principal exportador de pornografía infantil y en ser uno de los países con la tradición machista más arraigada.

Si los hombres no odiaran a las mujeres, podrían mirarlas como seres humanos antes que como seres sexuales y las portadas dejarían de ser mujeres semidesnudas. Si los hombres no odiaran a las mujeres tampoco distribuirían fotos y videos sexuales de ellas sin su consentimiento, dejarían de “rolar el pack” cuando terminan una relación y dejarían de recibir las imágenes de las novias de sus amigos para masturbarse si es que les parecen atractivas o para criticarlas y construir odio si es que ante su mirada, son demasiado gordas o demasiado flacas, o demasiado el adjetivo que no les parezca satisfactorio para sus deseos y fantasías.

En la primera entrega de esta columna, aclaro al lector que no hay ánimos combativos sino pedagógicos, pues el primer paso para la construcción de paz en el ideal de igualdad que tenemos consiste en alcanzar niveles de violencia en cero contra las mujeres.

Ese sueño está frustrado comenzando por el sexo. Los hombres han hecho de los cuerpos femeninos un ideal de atracción sexual y entre la concupiscencia, olvidan que el consentimiento tendría que ser la base del deseo y de su expresión. Las mujeres no existen para ser deseadas “hasta la muerte”. Durante los últimos 9 años, desde la primera reforma a la ley para sancionar la violencia sexual perpetrada de formas digitales, el numero de agresores se ha quintuplicado. Sea en las calles o en internet, utilizan la imagen de los cuerpos femeninos para dotarlas de contenidos sexuales. La única diferencia es que ahora, es un delito.

Este lunes se presentó el informe de Luchadoras MX, una organización que combate la violencia que se ejerce en Internet y los resultados de la Ley Olimpia son desoladores. La llamada Ley en realidad es un paquete de reformas para sancionar la violencia sexual digital como la difusión de materiales no consentidos así como la violencia mediática, como la que ejercen medios de comunicación al mostrar noticias narradas en formas que culpabilizan a las mujeres de lo que los hombres les hacen. Un día después de que la Jefa de Gobierno brindara los resultados de las disposiciones por Alerta de Género en la CDMX.

Los resultados son negativos en parte, por las carencias del sistema judicial que contrario al promedio internacional de 17 juzgadores por cada 100 mil habitantes, según el Índice Global de Impunidad, en México se cuenta con apenas 2. La falta de capacitación en las agencias ministeriales así como las limitadas herramientas de investigación obstaculizan el acceso a la justicia: en la Ciudad, de 600 denuncias, tan sólo hay 7 detenidos y 6 vinculados a proceso.

La investigación de Luchadoras también registra 2143 carpetas de investigación abiertas en 18 estados del país, en las que el 84.46% de las víctimas fueron mujeres y el 83 por ciento de las carpetas siguen en trámite. La ley cumple con una función ejemplar del derecho, abriendo el debate sobre cómo es que algo tan normal entre hombres como lo es compartir pornografía, en realidad es violencia cuando los contenidos sexuales son resultado de una relación de confianza y cariño en la que probablemente, las mujeres compartieron sus propias fotos y videos sin consentir y sin pensar que aquellos hombres las harían circular. Peor aún: cuando son ellos los que roban o captan momentos sexuales o desnudos corporales sin que ellas les hayan dado permiso.

La solución no es que todos vayan a la cárcel pues si las Policías Cibernéticas tuvieran las facultades de procesar estas denuncias en el tiempo que corren los contenidos en redes, la mitad del país iría tras las rejas. Es momento de que los hombres comprendan que expresar el deseo sexual sin consentimiento, así como hacerlas objetos de satisfacción sexual es violencia y que dejen de hacerlo no sólo por el miedo a ir a la cárcel, sino por la simple y sencilla razón de que todas merecen respeto. Lo virtual es real y el deseo sexual es odio cuando no comprenden que las mujeres son seres humanos con dignidad, no entretenimiento, ni senos o nalgas.

Un avance muy positivo: ahora los agresores son quienes deberán abandonar el hogar de las víctimas, no podrán venderlo y las autoridades tendrán el lujo de ir hasta los domicilios a sacarlos si es necesario. La primera mandataria que decide apostar por lanzar a la calle a los agresores y apoyar a las mujeres en vez de anunciar más refugios. Este 25 de noviembre se vale marchar, y romper, y quemar y lo que sea necesario para alzar la voz por las que ya no están.. pero no en la Ciudad. La periferia, Guanajuato, Edomex, Hidalgo y otras entidades misóginas desde el ciudadano hasta el Gobernador merecen todo el fuego de nuestra rabia y furia.

Hasta que la dignidad se haga costumbre igual en la calle que en la casa, en la ley que en el internet.