22 de septiembre de 2021 | 20:58
Opinión

De Steve Jobs a López Obrador, de la riqueza incalculable a la pobreza franciscana

Pensar diferente y de cara al futuro es entender la importancia de la empresa privada, de la necesidad de buscar riquezas.
AMLO con iPhone
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Jobs 

Apple ha cumplido 45 años. Ayer, primero de abril. Leí en un artículo “siete curiosidades sobre su historia” en el diario Corriere della Sera, de Milán, Italia. Menciono dos de tales curiosidades.

Una curiosidad. Apple tuvo un tercer fundador. Alguien además de los famosos Steve Jobs y Steve Wozniak, el señor Ronald Wayne, entonces empleado de Atari, quien ayudó a los jóvenes Jobs y Wozniak a administrar el negocio. Le dieron el 10% de las acciones, pero rápidamente las vendió a los otros dos, por 800 dólares. En la actualidad valen algo así como 200 mil millones de dólares.

Otra curiosidad. En el primer logo de Apple aparece Isaac Newton debajo de la manzana que le cayó en la cabeza y se supone le inspiró para realizar toda una revolución científica. Pero era un mal logo y Jobs pidió cambiarlo.

Pensar diferente

Uno de los eslóganes más conocidos de Apple es el de Think different (piensa diferente). Se usó en un famoso video publicitario que, visto superficialmente, parecía un llamado al cambio social radical, por así llamarlo: “Esto es por los locos. Los rebeldes. Los alborotadores. Los que ven las cosas de manera diferente”.

En el video aparecen personalidades fuera de serie tan distintas entre sí como  Albert Einstein, Bob Dylan, Martin Luther King, Richard Branson, John Lennon, Yōko Ono, Richard Buckminster Fuller, Thomas Edison, Muhammad Ali, Ted Turner, Maria Callas, Mahatma Gandhi, Amelia Earhart, Alfred Hitchcock, Martha Graham, Jim Henson, Frank Lloyd Wright, Pablo Picasso y Jerry Seinfeld.

Pero, leí en El País, de España, el llamado de Apple a “pensar diferente” no buscaba el cambio social, sino otra cosa, que por lo visto, encontró: una vulgar justificación para que la gente pagara sobreprecios por productos exclusivos.

Todo lo producido por Apple es caro, pero son mercancías que vale la pena adquirir. ¿O no?

Andrés Manuel y Apple

Alguien que sabe disfrutar las maravillas del capitalismo salvaje es el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

En una conferencia de prensa bromeó diciendo que no usa el legendario teléfono rojo de anteriores presidentes porque tiene su iPhone 21.

En un sismo del pasado junio de 2020 usó un iPhone 7, me parece que hablar con David León, entonces coordinador nacional de Protección Civil.

En los videos realizados para promover su imagen durante las campañas electorales ha usado el iPhone.

Y en los vuelos comerciales se la ha visto leyendo los diarios de internet en su iPad

Andrés Manuel y las vacunas neoliberales

La próxima semana, según él mismo lo dijo, el presidente López Obrador recibirá alguna de las vacunas que las potencias globales han desarrollado, en asociaciones entre los gobiernos y las grandes empresas privadas; tecnólogos y empresarios lo han hecho, desde luego, no para salvar al mundo, sino por otra vulgaridad: ganar dinero; más allá de las fantasías de la gente mexicana de izquierda, hasta Rusia y China buscan con sus inyecciones la rentabilidad económica, además de ganancias en términos de la llamada geopolítica. ¿Altruism? ¡Puros aguacates!

Ojalá a AMLO se le aplique la vacuna de Pfizer, la mejor de todas. O la de AstraZeneca, que en mi opinión, por su costo reducido y sus facilidades para transportarla, es la que sacará a la humanidad de la situación de desastre en la que actualmente se encuentra.

Espero que Andrés Manuel no caiga en la tentación de darle lata a los gringos exigiendo que se le vacune con la rusa Sputnik o la china Sinovac. El problema con Sputnik radica en que será muy difícil que lleguen cargamentos con la segunda dosis, que presenta serios problemas de fabricación. La de Sinovac es la peor vacuna de las disponibles.

Lo que sea, México ha pagado, correctamente desde luego, cada vacuna que ha recibido —excepto las de AstraZeneca donadas por el neoliberal gobierno de Estados Unidos— y, por supuesto, cada peso entregado a las empresas que producen las inyecciones enriquece todavía más a empresarios, científicos y hasta políticos que invirtieron en tales proyectos.

El afán de lucro

Si algo le critico a Andrés Manuel es su discurso tantas veces repetido, en el que parece que considera a la pobreza una virtud. No lo es: se trata de una enfermedad que solo el buen neoliberalismo remedia.

No pocas veces AMLO ha dicho: “es un cambio (el de la 4T) en la forma de vida en general: no al lujo, que lo que tengamos se use para lo indispensable, para lo básico. México era de los países que más consumían artículos de lujo en el mundo. Nosotros en general tenemos que buscar no consumir de manera enfermiza. Si ya tenemos zapatos, para qué más. Si ya se tiene la ropa indispensable, solo eso”.

Tales palabras han metido en un escándalo a su hijo, José Ramón López Beltrán, un joven honesto que tiene derecho a vacacionar, gastando sus propios recursos, con su familia... y además a hacerlo visitarlo un lugar tan bello como Aspen, Colorado.

No es malo viajar, pero hay toda una campaña de linchamiento en contra de José Ramón porque, evidentemente —con todo derecho y sin violar ninguna ley— no se conforma solo con “lo indispensable”. ¿Cuál es el pecado?

No conformarse con lo indispensable es un requisito, no el único, para que una sociedad se enriquezca y poco a poco salga de la pobreza.

Si Andrés Manuel quiere vivir en la pobreza franciscana, que lo haga. Así ha sido su existencia ejemplar, admirable. Pero no es social ni económicamente sano tratar de obligar al resto de la gente a conformarse con "lo indispensable".

La gente trabaja para pagarse pequeños o grandes lujos, no solo para vivir al día. Es la lógica del capitalismo, que enriquece a los más creativos, pero beneficia a todos.

Los miles de millones de dólares que ganarán —ya los han ganado— los fabricantes de vacunas, es lo menos que ellos merecen por haber sido tan listos como para desarrollarlas, producirlas y distribuirlas en tiempo récord.

Andrés Manuel dijo hace tiempo que eso era un milagro. No es así. Los milagros los hace dios, pero como dios no existe, los milagros tampoco.

Conocemos la maravilla de las vacunas, como la maravilla del iPhone y de otros productos tecnológicos, simple y sencillamente porque sus desarrolladores pensaron en ganar dinero maldito que nada vale, pero que todo el mundo necesita.

AMLO usa el iPhone porque a Steve Jobs le motivaba acumular riqueza. Y vaya que lo hizo. Quizá el fundador de Apple decía a veces otra cosa, pero no dejaba de vender carísimos sus desarrollos.

Las leyes de hidrocarburos y eléctrica 

El proyecto de AMLO sobre el sector energético implica hacer a un lado a los inversionistas privados. No es correcto. Se necesitan muchos más, y no menos, empresarios deseosos de obtener utilidades en ese y en todos los sectores; ganancias monetarias que por cierto también se expresan en empleos y bienestar para muchas familias.

AMLO ha pensado diferente, de ahí su éxito, pero…

El citado eslogan de Apple podría ser el de AMLO. En política ha pensado distinto a todos sus colegas de todos los partidos, Morena incluido. De ahí su éxito, su enorme popularidad, el poder gigantesco que tiene porque el pueblo de México se lo dio en las urnas.

Me pregunto por qué un genio innovador como Andrés Manuel, de pronto utiliza su enorme capacidad para pensar diferente, pero no para tratar de anticipar el futuro, sino para volver a un pasado nacionalista que quizá en algún momento fue bueno para México, pero ya no lo es.

Pensar diferente y de cara al futuro es entender la importancia de la empresa privada, que es la que más innovación genera..., pero no en México, donde tristemente el empresariado para enriquecerse, con excepciones naturalmente, recurre al tráfico de influencias y no a la creación de mejores productos y servicios.

Andrés debería generar más competencia económica, y no menos. Es lo que pienso. Ojalá cambie de parecer.

Pero él es el presidente y se hará lo que decida en acuerdo con sus aliados legisladores. Cualquiera que sea el proyecto energético de AMLO lo respetaré y apoyaré, pero es mi convicción que hay algo indebido —en lógica económica, tal vez no en lo relacionado con la constitucionalidad— en las leyes energéticas de la 4T.