Columnas

Vaya reto que tiene la oposición de cara a las próximas elecciones que se celebrarán dentro de 6 meses y en donde se renovará la Cámara de Diputados, así como 15 gubernaturas, alcaldías y congresos locales en 30 estados, en lo que definirá la segunda mitad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y el destino de su proyecto de transformación.

Algo le ha fallado que a pesar de los resultados y la crisis que se vive actualmente en el país, la popularidad del presidente sigue por arriba del 60% de aprobación, mientras que su partido Morena, llega con 32% de las preferencias electorales, sacándole 2 a 1 a sus más cercanos competidores, PRI y PAN, de acuerdo a Buendía y Laredo.

Por eso es entendible, que el Presidente no ajuste su discurso ni su estrategia, lo que hace y dice es bien recibido por su electorado, mismo que hasta hoy sigue siendo mayoría. Aunque como se ve en las mismas encuestas, no todos los seguidores de López Obrador, transfieren su intención de voto en automático a Morena, de hecho sólo la mitad lo hace. De ahí, que uno de los factores que pueden ayudar a la oposición es la selección de malos candidatos o las peleas al interior del partido de izquierda, quienes parecen estar más enfocados en el 2024 que en el 2021 y eso les puede terminar cobrando factura.

Suerte han tenido que la oposición hasta el día de hoy no tiene un discurso unificado que haga mella en la popularidad del presidente, cada quien dice lo que quiere y de acuerdo a lo que más le convenga.

Tampoco se han promovido liderazgos carismáticos y que verdaderamente puedan contrarrestar la figura del presidente, al contrario, hemos visto como personajes o con un desgaste muy grande a cuestas como Felipe Calderón, quien prefiere que el reflector lo alumbre aunque le queme, antes que sumar lo que le queda de capital político a alguien más.

Claudio X. González, Gustavo de Hoyos o Gilberto Lozano han hecho sus respetables esfuerzos por conformar frentes comunes, sin embargo, sus personalidades no conectan ni conectarán con el grueso del electorado. Son líderes empresariales más no líderes sociales, tienen los recursos económicos pero no cuentan con el arrastre para quitarle votos a Morena.

Así es como el partido del presidente se ha ido en solitario y no hay actualmente en el país una plataforma política que busque quitarle votos entre su electorado. Los demás partidos y grupos políticos más bien ha caído en el juego de la polarización y la descalificación que tanto criticábamos de Morena como oposición.

Hoy, si no se logra entender que se tiene que consolidar un solo proyecto político, que busque darle una alternativa menos costosa a los más vulnerables, que solucione problemas que en su momento fueron desatendidos, que se acerque a la gente y que impulse nuevos liderazgos populares; poco se podrá hacer para parar el impulso del partido en el poder.

La elección esta cuesta arriba, toca poner por delante el interés colectivo y el bien común, por encima de la soberbia y el egocentrismo de algunos ya desgastados personajes. Veremos si aunque sea en lo local, lo van haciendo.