Ocho tesis sobre la Reforma Educativa

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Durante las últimas colaboraciones en este espacio, he expuesto algunas tesis sobre la Reforma Educativa mexicana (en su fase 2012-2016), las cuales a continuación presento, en forma de resumen, con los respectivos argumentos y reflexiones.

1.La Reforma Educativa de Peña Nieto, “cambia poco, para que las cosas sigan igual”. Los fines, el Modelo Educativo y la “Propuesta Curricular 2016” de la SEP no son abundantes en la incorporación de nuevos conceptos pedagógicos de avanzada, producto de la investigación y la innovación educativa internacionales, sino que se mantiene en una especie de “gradualismo”. Si revisamos el Acuerdo 592 de la SEP, publicado en 2011, daremos cuenta de lo que decimos. No hay grandes diferencias entre lo publicado en julio pasado y lo establecido hace cinco años, en términos de principios pedagógicos, de estructura curricular, y de metodología de la gestión educativa y escolar, por mencionar sólo algunos ejemplos.

Esto se cocinó a “fuego lento, para que no se nos vaya a desbordar la olla…”.  Me explico, y, al mismo tiempo, aventuro una hipótesis: El sentido de la “Propuesta” educativa de este sexenio es, según mi interpretación, y conforme a los acuerdos que han adoptado los gobiernos mexicanos con organismos subsidiarios internacionales: “Cambiar poco para que todo siga igual”.

1.         La Reforma Educativa primero nació con un enfoque “administrativo-legal” y ahora pretende crecer como Reforma “pedagógica-curricular”.  Como Frankestein, en el diseño de esta “Reforma”, primero se construyó “el cuerpo” y después “el alma”. Me da la impresión de que este modelo educativo, así como los fines y la propuesta curricular 2016, se hicieron sobre las rodillas para responder a las presiones de una coyuntura político-sindical que todos conocemos (el rechazo generalizado a una Reforma administrativa, más que Educativa), pero no necesariamente son parte de un proyecto educativo de largo plazo, que conduzca a la generación de una “red neuronal” educativa para la nación. Y no se trata de señalar aquí esa suerte de improvisación, ni que no sea necesaria la parte pedagógica, que es indispensable. Más bien, lo que trato de argumentar, es que las políticas educativas, reformistas o no, deben seguir ciertos pasos lógicos y apegados a la realidad. Cuando se construye una casa no se construyen, primero, los muros y techos, y después se insertan las redes eléctricas, hidráulicas y de gas.

2.         La responsabilidad del fracaso educativo no es de los docentes, sino del “sistema”. Me parece que el impulso a la Reforma Educativa, en su versión actual, rescata algunos principios pedagógicos que han sido reivindicados en congresos y reuniones académicas internacionales recientes: Centrar los procesos educativos en el aprendizaje activo de los participantes, y menos en la enseñanza autoritaria y pasiva; lograr que la escuela sea el núcleo central de los procesos de cambio (desde abajo y no desde arriba), a través de la reactivación de los cuerpos colegiados y la desburocratización; desechar la idea de que los únicos responsables de los procesos y productos de la educación formal son los docentes, sino que el reto de las transformaciones escolares, por el contrario, está en las decisiones directivas y en el “sistema escolar” en su conjunto. Pensar y actuar a favor de la preparación profesional, permanente y sistemática de las diferentes figuras educativas, como política pública de Estado (transexenal), sin reproducir el esquema de la “zanahoria al frente”, que representó el programa de carrera magisterial, sería un avance considerable si esto se pusiera en práctica.

3.         Esta Reforma Educativa no es innovadora, ni oportuna. Crear una nueva cultura de la gestión educativa, más que de la administración escolar, puede representar un avance. No cabe duda que en el Modelo Educativo 2016, la idea de transitar de un enfoque centrado en la administración (cerrado, vertical y rígido) a otro orientado o fundado en la gestión educativa (abierta, horizontal y flexible), específicamente en el ámbito de la escuela pública (principalmente) como institución del Estado, es un acierto. Pero ese concepto no es nuevo, sino que se remonta a la década de los años 90 del siglo pasado. Hay que mencionar que durante los últimos 16 años, aproximadamente, el enfoque de planificación estratégica ha sido adoptado por la SEP (a través del Programa Escuelas de Calidad), como el enfoque dominante o único, sin reconocer que existen otros enfoques o aproximaciones al respecto. Al menos eso indica la documentación oficial en este rubro.

4.         Basada en la lógica del “mérito”, esta Reforma Educativa no es congruente. El llamado a integrar un “sistema meritocrático” está dirigido sólo a los “de abajo”, mas no a los “de arriba”, por deducción. Y como lo señalé en una entrega anterior: Un “sistema de méritos”, encierra una seria contradicción: la incongruencia. Y más allá de esto, constituye una grave falta de parte de los legisladores que lo diseñaron, así como de los funcionarios públicos en nuestro contexto social e institucional, ya que la legislación no los toca (para evaluarlos) ni con el pétalo de una rosa.

Como podemos observar, es evidente que en diferentes ámbitos del sector público priva otro tipo de “meritocracia”: Aquella que está asociada con los factores del poder y en la manera en que operan los circuitos de dominación de la clase política.

5.         “Calidad de la Educación”: Un término sin definición consensuada. Tal como lo mencionamos en una colaboración anterior, la llamada “Calidad de la Educación” está definida legalmente en nuestro país, desde 2013, en el texto constitucional, sin embargo, las comunidades académicas, nacionales e internacionales, aún no llegan a un consenso acerca de este término. La definición de la calidad de la educación es un concepto dinámico y puede cambiar según el contexto cultural e histórico de cada sociedad, de una región a otra, y en cada país o grupo de países.

6.         No hay una evaluación seria del sistema educativo, ni un proyecto educativo nacional suficientemente consensuado y discutido. Hasta el momento no contamos con un proyecto educativo nacional, que considere las distintas expresiones y propuestas en torno a qué significa la educación de los niños, jóvenes y adultos en las condiciones actuales y futuras de nuestro país, ni, en particular, sobre qué rumbo y fortaleza dar y reconocer en la escuela pública. ¿Cuál es la educación que necesitamos y queremos para nuestras actuales y futuras generaciones de mexicanos?

Tampoco contamos con una respuesta clara ni con criterios de valoración pertinentes sobre este asunto, (el cambio del Sistema Educativo y los términos de la Reforma misma), porque carecemos de una evaluación global, consistente y sistemática sobre el desarrollo educativo anterior, es decir, sobre los logros y limitaciones del Plan y los Programas de Estudios anteriores (2011), o del sistema completo, como para arribar a una nueva estructura curricular genérica y, en consecuencia, a un nuevo modelo no sólo educativo, sino del Sistema de Educación (básica, media y superior) en su conjunto. Y no porque el esquema anterior sea una maravilla, sino por principio metodológico elemental.

7.         La SEP aún no cuenta con un proyecto amplio, coherente y consensuado sobre la formación inicial de los Maestros (subsistema normalista), ni sobre la formación continua (para profesionalizar a los docentes, directivos y asesores en servicio). El gobierno federal carece de una idea clara y consistente sobre cómo construir, atender y caminar hacia una nueva cultura pedagógica del y para el magisterio. ¿Qué hacer con los cientos de Centros de Maestros, en todo el país, que sólo se han convertido en “elefantes blancos”? No sólo se trata de apuntalar la estructura física de la escuela pública, sino diseñar una superestructura intelectual y académica para estas figuras educativas, la llamada “profesionalización”, que no dependa linealmente de un modelo de evaluación educativa, de por sí limitado, como el que se ha practicado durante los últimos dos años, y que ha estado al servicio del control corporativo institucional mas no de la mejora educativa. Más allá de ello, se requiere de un proyecto de mediano y largo plazos para que los docentes, directivos y asesores desarrollen una carrera profesional en el sistema educativo, sin violar sus condiciones de trabajo y con la consideración efectiva de sus puntos de vista, sus conocimientos y experiencia.

*Profesor de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Querétaro.

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