Columnas

Al parecer es sólo el inicio de un proceso social largo y sinuoso.

 A dos años del gobierno de la “Cuarta Transformación” (“4T”) de la vida pública del país, los principales pendientes son: Reducir la pobreza como estrategia doble: fortalecer la cohesión social y recuperar la paz social (disminuir la delincuencia y la inseguridad). Proporcionar, como gobierno, resultados positivos en el combate a la corrupción y la impunidad. Más allá de la operación que realiza el gobierno federal, me parece que son las instituciones del Estado mexicano, como la Fiscalía General, las que habrían de dar resultados en esa dirección.

¿Qué en concreto? Espero que los responsables de los actos de corrupción y delitos relacionados con la corrupción, en todos sus ámbitos y niveles, estén en la cárcel; que la aplicación de la ley se haga efectiva. Y con ello también quiero decir que el camino elegido por el presidente de la república, de realizar una consulta pública para iniciar procesos judiciales contra los ex presidentes, es una decisión equivocada. La democracia participativa no debe ser desaprovechada en esos procesos tan largos y desgastantes, desde el punto de vista de la acción expedita las instituciones del Estado, sobre todo en el terreno de lo judicial.

Más pendientes: Coherencia y coordinación interinstitucional más precisa en las políticas públicas de salud (ante las enfermedades de alta letalidad). Si bien es cierto que la estrategia de las autoridades federales de salud, ha sido iniciar un proceso de reconversión hospitalaria, a efecto de que los servicios públicos de salud, de tercer nivel en especial, no se vieran saturados, también es cierto que la crisis sanitaria, causada por el Covid-19, se ha prolongado con consecuencias lamentables para nuestra sociedad.

En lo que toca al sector educativo, pienso que ahí se requiere, de manera urgente, una reorientación de las políticas públicas. Sobre todo, es necesario recuperar o relanzar, en los hechos, una efectiva política de revaloración del magisterio nacional. Ello significa, no sólo aumentar el salario de las maestras y los maestros, sino también poner en marcha un amplio programa de actualización magisterial y de fortalecimiento del trabajo que realizan los profesionales de la educación en servicio. Además de generar condiciones laborales más adecuadas (conectividad gratuita, apoyo en equipos electrónicos y de comunicación, etc.), de manera sobresaliente ante la reconversión de la labor docente que se ha dado durante las actuales crisis sanitaria y económica.

Obviamente, junto con lo anterior, el país demanda de una reorganización de las políticas públicas educativas dirigidas a la formación inicial de las maestras y los maestros de la educación obligatoria. El trato que se les ha dado en el orden presupuestal (reducción del 60 por ciento para el 2021), no es el que conviene al país. Todo lo contrario: el Estado mexicano tendría que ser el primero en cuidar los procesos de formación inicial de las y los profesores de la escuela pública, a través de instituciones formadoras de maestras y maestros, fortalecidas y en permanente transformación. Esa es la inversión más sólida y consistente que puede lograr una nación. ¿De qué nos servirán instituciones educativas abandonadas para que lleven a cabo la gigantesca tarea de transformar las prácticas docentes y directivas escolares, que son la base del sistema educativo nacional?

También, el gobierno de la república habrá de encabezar procesos de reactivación económica con sentido social. Más apoyos a los medianos y pequeños productores tanto en el rubro de financiamiento como en capacitación y actualización permanentes, y en facilidades administrativas para que lleven a cabo sus proyectos productivos sin trabas burocráticas. Si ese esfuerzo gubernamental extraordinario (me refiero al apoyo a las pequeñas y medianas empresas) ya se inició en época de pandemia, no veo por qué esa trayectoria tendría que cambiar si se han obtenido resultados favorables. Ojalá que esa política de desarrollo económico no se quede suspendida en el vacío.

Dice el presidente López Obrador que los tres principales obstáculos que se han presentado para avanzar en las intenciones de cambio de régimen, sello de la “4T”, durante estos primeros 24 meses de gobierno, son: 1) La crisis sanitaria, producto de la pandemia mundial; 2) La crisis económica, producto de la crisis sanitaria y los rezagos que ya se daban desde antes de iniciar este 2020; así como 3) La crítica de los “conservadores”. Y sí, es cierto. Sobre esto último, hay que admitir que las críticas siempre van a estar presentes en los diferentes ejercicios de gobierno. Quizá el problema se viene encima, cuando las críticas no tienen fundamento, son mal intencionadas o se arman sobre informaciones falsas. Eso sí habrá de denunciarse y combatirse, sin titubeos.

Restan cuatro años para que concluya este gobierno de la “transformación”. Al parecer es sólo el inicio de un proceso social largo y sinuoso. No hay que olvidar que el empuje de una transformación social y del cambio de régimen político, si surge desde abajo, va. De lo contrario, será sólo una ilusión. De 2018 a 2020, van apenas dos años de gobierno de la "4T" de claros y oscuros. Retos y persectivas: Mantener el respaldo popular y aumentar la participación social democrática.

En medio de las noticias nacionales e internacionales adversas, nace la esperanza, la fe y el optimismo

Quisiera concluir mi colaboración de hoy con una noticia alegre, esperanzadora y optimista del ámbito personal, misma que quiero compartir públicamente: Hoy es un día muy especial para nuestra familia!!! El nacimiento (este 2 de diciembre) de José Carlitos, mi primer nietecito, nos invade de alegría y gratas emociones!!! Estamos felices!!! Envío abrazos afectuosos a mis cuatro lectores y lectoras por esta buena nueva!!! Bendiciones y salud para Dani y Hugo, mamá y papá del precioso bebé !!!

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