El oscuro priísmo: Breve bosquejo de su cúpula y militancia.

Carlos Hank González llegó como maestro rural a Atlacomulco, Estado de México, algún día de 1945 y, rápidamente, ofreció sus servicios a don Maximino Montiel Olmos y sus colaboradores, Filiberto Gómez Díaz, Carlos Riva Palacio, Wenceslao Labra y los hermanos Abundio. El vínculo entre las familias Hank y Montiel fue irreductible y el arraigo, de alcances inefables; tiempo después, se sumaría también el apellido Madrazo. Hank González, entonces director de Conasupo (1962-1969), bautizó a Tulio Montiel Cordero, hijo de Nicolás Montiel Flores, es decir, nieto de don Maximino.

Y así comenzaba uno de los capítulos más oscuros que el priísmo le ha brindado al país.

Finalmente, la élite priísta fue adaptándose al ambiente, entretejiendo una relación simbiótica con el quehacer político. Se especializaron en forjar y mal educar generaciones de militantes en todos los escalafones y roles que la administración pública requería. Se volvieron, pues, expertos en estructura y estrategia. Para mediados de los 60´s habían ocupado cerca del 80% de la función pública: secretarías, órganos de gobierno, departamentos, procuradurías.

La miseria y el fanatismo de los colectivos fue muy bien explotada en la cúpula por los cultos y poderosos del PRI. Llamaron “mal vestidos” a la militancia de base, los que nunca han gozado de vínculos familiares, compadrazgo o prerrogativas pero, sin duda, son parte fundamental del priísmo. El PRI no se ha engrandecido frente a su oposición por la lucidez o transparencia de sus actos, instrumentos y acción pública, no necesariamente; sus porros, pues, han venido desempeñando un papel insustituible para el partido.

Hagamos memoria.

1952, Alameda Central; 1960, Chilpancingo; 1962, Xochicalco; 1967, Atoyac; 1968, Tezopaco; 1968, Tlatelolco; 1975, San Ignacio Río Muerto; 1994, Ocosingo; 1995, Aguas Blancas; 1997, Acteal; 2000, UNAM; 2006, Atenco; 2012, campañas sucias.

Me pregunto, entonces, qué hará la militancia priísta, enojada, si no ganan los comicios. Qué harán con los compromisos, contratos, cargos, concesiones, nombramientos y promesas, en serio, qué. ¿Aceptarían una derrota legítima? Amén.

 

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