Antología de lenguajes sobre la contingencia

Familia con cubrebocas
Familia con cubrebocasRomina Solis / Notimex

El “distanciamiento social” hoy es entendido como acto de solidaridad. 

Las palabras “Coronavirus”, “COVID-19” y “contingencia” van por delante en la marcha de los lenguajes, de los términos recreados, de la cultura popular en la actual coyuntura sanitaria. La terminología del momento se enriquece y se diversifica, desde lo técnico hasta lo mundano, junto con el avance preocupante de la crisis sanitaria. La fenomenología de los lenguajes, una vez más, se abre paso. Lo han dicho así, desde ahí o desde otras miradas, diversos lingüistas en momentos variados de la Historiografía y de la Filosofía del lenguaje: “Los lenguajes humanos construyen realidades o constituyen, en sí mismos, nuevos mundos” (recuerdo a Ludwin Wittgenstein y a Noam Chomsky, entre otros).

 

Agudeza psicoanalítica

Carlos Fernández Gaos, psicoanalista, hizo recientemente en su muro de FB, una reflexión interesante y aguda alrededor de las etimologías de palabras como “Endemia”, “Epidemia” y “Pandemia”, pues en su texto lleva al límite a estas expresiones (vocablos vivos) y sus significados, en varios sentidos, incluso en la ruta de la crítica a la lógica de los “saberes”:

“Otra nota para desprevenidos... No ya endémico, ni epidémico, ahora ¡PANDÉMICO! Todos derivados de "demos", pueblo. Hay que resistir el embate atrincherándose, aislándose, tapándose las bocas, lavándose las manos. ¡Cuánto mal podemos hacer! El mal es contagioso y hay que abatirlo. Mientras, "el saber" prepara el armamento para la guerra. ¿Quién será el que porte la corona?”

Luego tenemos las modulaciones del lenguaje desde distintos ámbitos. Un caso concreto e idiosincrático, en ese contexto, es proporcionado por las políticas de contención gubernamentales en materia de salud: “Susana Distancia”; en las conferencias de prensa vespertinas: “...se busca aplanar la curva de contagios”; es necesario el “encierro inducido”, se ha declarado la “emergencia sanitaria”; también, los técnicos (no tecnócratas) nos hablan de “tapabocas N-95”, de “lávate las manos”, de “no te toques la cara”, de “cuidado con la desinformación”, “rechaza los rumores”, o el ya clásico: “quédate en tu casa, quédate en tu casa, qué-da-te en tu ca-sa...”.

En medio de la información abrumadora que ha sido generada por esta crisis sanitaria (histórica primavera del 2020), los voceros del Estado nos saturan con términos técnico-científicos: “la estadística de hoy nos dice...”; “el porcentaje de letalidad es...”; “el registro de casos durante las últimas 24 horas, ha ascendido a...”; “se requieren más pruebas de laboratorio”; “el coronavirus que combatimos (COVID-19) es producto de una mutación”; “los adultos mayores son más vulnerables que los menores de 15 años”... hay que seguir con disciplina el “protocolo de atención o de actuación”; “sanitiza las compras, tu espacio, tu ropa, tu entorno, por tu bien y por el bien de todos...”.

“Soy angustia, soy miedo, soy pasmo. Mi nombre quedó extraviado en la lotería estadística que me hizo blanco de un arma que nadie empuña. Tenía un nombre tan común y gastado en años, que cotizaba en la bolsa de valores como inversión de alto riesgo. Ahora, en mi aislamiento, aprendí que soy otro que siempre fui, soy dignidad, fraternidad, soy esos valores que nunca han cotizado en bolsa. Ahora mi nombre es futuro.”:Carlos Fernández Gaos (CFG)

Hay reinvención del lenguaje, pero también hay reiteraciones y ajustes. Lugares comunes, amenazas persuasivas y autoritarismo sutil: “Si no tienes nada que hacer en la calle, es mejor que no salgas de casa”; “que sólo salga o vaya una persona de la familia a comprar víveres”; “que únicamente se realicen actividades esenciales”. “No besos, no abrazos, no contactos físicos... “No reuniones, no fiestas... No son vacaciones”. No, no, no”.

“Cuando las angustias se abrazan, no es para saberse, no con ese saber de la razón que nunca sabe suficiente, sino para invocar el bálsamo del abrazo, ese que siempre sabe a tanto. La magia de hoy, convierte razón en co-razón que atiende al cuerpo propio para que el del otro no enferme. La cercanía es cerco que no es límite, es condensación de historias, infusión de futuros; eso es lo que detiene la angustia, lo que frena el vértigo. Hoy, las palabras tocan, abrazan, acarician, son presencia de otro con quién convivir, y nada de eso está aislado.”:CFG

Aceptamos el encierro y la separación como solución social: El “distanciamiento social” hoy es entendido como acto de solidaridad. La fraternidad del ahora no consiste en “tomarse de las manos”, sino en “soltarse”. La desconfianza también se contagia, lo mismo que la discriminación latente y la violencia simbólica. Los mecanismos de defensa están presentes en la negación y en la huida. Los simbolismos de los lenguajes de la contingencia se encuentran instalados en los sueños, en los no sueños y en el insomnio. La contingencia donde la presencia es distancia; y la cercanía es ausencia.

 

Los lenguajes y sus raíces

Epidemia. La palabra epidemia viene de epi que es sobre y demos que es pueblo. El virus cae sobre el pueblo. Pero virus en latín es veneno, y veneno en indoeuropeo es wen-es-so que es una poción mágica. El veneno, wen-es-no, viene de wen-es que significa deseo. Una epidemia viral, en esta vertiente del lenguaje, es una poción mágica que deja caer el deseo sobre el pueblo. Estamos inmersos en una cultura, en el malestar en la cultura, donde la pulsión de muerte se ha desmezclado diría Freud, se ha desbordado en el espacio público. Aquí donde el crimen se ha vuelto cotidiano, de pronto aparece una pandemia. Todos llevamos en nuestras manos el poder de contagiar, de envenenar. Se hace manifiesto el deseo inconsciente de liquidar al otro, al prójimo. En ese punto aparece la prohibición por parte del Estado. Se prohíbe el deseo, y se instaura la sana distancia... Qué extraña coincidencia mexicana. Cuando nuestra sociedad agoniza en medio de tanta violencia criminal, un virus desata la prohibición; la ley se pronuncia. Si la cercanía nos mata, entonces prohibido acercarse. Laven todo el deseo criminal que habita sus manos... Quizá llegó el tiempo de construir una nueva civilización en México. Hagamos juntos, una nueva cultura que esté menos atiborrada de malestar.” Alejandro Salamonovitz W. (citado en el muro de CFG)

El mismo Dr. Hugo López-Gatell ha hecho su propia contribución, con dos bellas “Perlas Japonesas” (recuerdo con ello a Raúl Prieto o Nikito Nipongo): Una a través del imperdible neologismo: “...las colegas y los colegos del sector salud”. Y otra con la expresión de antología, por su comunicabilidad y fácil comprensión: “Si tú no te mueves, el virus no se mueve”.

[email protected]

@jcma23

0
comentarios
Ver comentarios