“Adán Augusto López tiene ‘más futuro que pasado’: Alfonso Durazo”. Así encabeza una nota de su portal de internet el diario El Sol de Hermosillo.

El queridísimo Poncho Durazo, excelente gobernador sin duda, pudo haber usado mil expresiones para apoyar al secretario de Gobernación, pero por alguna razón prefirió el lenguaje cifrado de la política más tradicional.

El secretario de Gobernación acudió a la capital de Sonora a impartir la conferencia “La Política Interior de la 4T”, donde lo apapachó el gobernador Durazo. Qué bueno, es el derecho de ambos.

Ni duda cabe, Adán Augusto López Hernández es el favorito de la clase política de Morena —también de cierta comentocaria muy atada a las viejas formas de las sucesiones—.

El problema de Adán es que sigue sin crecer en las encuestas. Es decir, de nada le ha servido el apoyo de gobernadores, alcaldes y otros políticos de Morena. El titular de Gobernación, ni hablar, está estancado muy lejos de la líder, la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, y del segundo lugar, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard. Ocurre así en los estudios más serios, los de MetricsMx para SDPNoticias, los de Alejandro Moreno para El Financiero y los de Lorena Becerra para Reforma. Estoy dando información objetiva, no una opinión.

¿Por qué Adán no crece en las encuestas?

Realmente no lo sé, ya que no lo he estudiado, pero me atrevería a pensar que ello obedece a que se ha ocupado más de conquistar corazones en la élite de Morena que en las bases del partido de izquierda. Y es que, sin duda, una cosa es que Durazo lo destape —o que lo hagan otros gobernadores o integrantes del gabinete de AMLO— y otra muy distinta que la gente allá abajo siga la línea que pretenden marcarle desde arriba. Así no es.

Solo un político en Morena es capaz de convencer a las bases de apoyar un proyecto. Se llama Andrés Manuel López Obrador, y este, hombre de palabra, se ha comprometido a no dar línea a nadie: ha jurado que al candidato o a la candidata de izquierda en 2024 se le seleccionará con base en sondeos de popularidad, y en este terreno Adán sigue sin estar en la pelea. Ojalá crezca, pero no lo ha hecho.

No tengo nada contra un gentelman de la política como Adán Augusto —menos aún contra el eficaz Poncho Durazo—, pero quizá deberían dejar de jugar al tapado para entender qué es lo que sienten, qué desean y qué necesitan los y las simpatizantes de Morena.

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