18 de enero de 2022 | 13:47

    Un 2022 de políticas públicas cimentadas en la transparencia

    En tal virtud, este 2022 deberá estar marcado por un énfasis añadido en la transversalidad de la lógica de transparencia y rendición de cuentas
    Fragmento de "Transparencia" del artista mexicano Noé Katz
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    Es ineludible quizá, al comienzo de cada año, hacer una evaluación del previo y una prospección propositiva respecto de lo que se debe hacer de cara al futuro para avanzar en nuestro desarrollo personal y colectivo.

    Este ejercicio, en lo institucional y tras dos años de una pandemia que ha develado las aún profundas brechas de desigualdades prevalecientes en nuestras sociedades, es una oportunidad para incorporar en los cimientos mismos de todas las políticas públicas que hayan de plantearse e implementarse el ingrediente indispensable de la transparencia.

    Pues las políticas públicas buscan la resolución de problemas públicos y/o realizar objetivos de interés y beneficio social general (Aguilar, 2010) y la transparencia, como principio y mecanismo relacionado con las más preciadas libertades y conquistas democráticas, debe encontrarse en su base; es decir, en el origen de todo ejercicio de gestión pública y orientar su operación en beneficio de las personas.

    Tal orientación es necesaria para hacer posibles y avanzar en lo material, es decir en el día a día perceptible por todas y todos los enfoques de derechos humanos, la equidad, la inclusión y la no discriminación. Porque el acceso en tales condiciones, a información cierta y valiosa en torno a lo público como área que a todas y a todos nos concierne, nos empodera a las y los mexicanos en el sentido de hacernos posible el ejercicio incremental de muchas otras libertades y derechos humanos. Experiencia que es imprescindible si es que como nación, en lo institucional y en lo personal, nos hacemos cargo de que el desarrollo democrático, y de todo tipo, pasa necesariamente por flujos de información cierta, accesible y útil en la vida diaria de las personas para que sean ellas, en ejercicio de su libertad, quienes tomen decisiones con las que se realicen en un sentido profundo.

    En tal virtud, este 2022 deberá estar marcado por un énfasis añadido en la transversalidad de la lógica de transparencia y rendición de cuentas, mismas que son parte de la Constitución y la legislación general emitida en relación con dichas materias fundamentales para la construcción de una legitimidad institucional que vaya verdaderamente, mucho más allá de la mera forma, donde la implementación de las políticas públicas impacte en la comunidad y se vea reflejado -en el mejor de los casos- en la reconstrucción del tejido social y no sean únicamente buenas intenciones.

    El momento que como civilización atravesamos y el modo en el que lo enfoquemos con la progresividad en mente, deben servirse de las nuevas tecnologías con las que contamos en este siglo para trascender la mera dotación de información y avanzar todas y todos, y sin dejar a nadie atrás, hacia una comunicación y un diálogo cada vez más intenso en el que participe cada actor social que resulte relevante y quiera involucrarse en la creación conjunta de soluciones a los grandes problemas públicos que tenemos y que mantienen al margen de su propio desarrollo personal, y el de los suyos, a muchas y muchos mexicanos.

    Entender que para mirar hacia adelante, primero debemos voltear a nuestro alrededor, vernos a los ojos, entendernos, comunicarnos en torno a lo que nos compete y jamás dejar de conversar y plasmar, en las acciones de gobierno, soluciones a los problemas públicos.