“Si no quieres que se sepa, no lo hagas”. Se supone que eso lo dicen los sabios chinos. No es algo que, por lo visto, comprenda el expresidente EPN.

Enrique Peña Nieto se fue de México para evitar escándalos. Eligió a España como su nuevo país de residencia. Pero, él y su novia, Tania Ruiz, no han dejado de aparecer en los medios. Y cada vez que ocurre generan escándalos que en nada benefician al expresidente.

EPN debería saber que la nación que gobernó es una de las más pobladas del mundo: con más de 130 millones de habitantes nuestro país ocupa el décimo sitio en la clasificación global.

También, el expresidente debería estar consciente de que la economía mexicana, por la magnitud de su PIB, es una de las 13 más grandes del mundo.

Es decir, en una sociedad como la nuestra, a pesar de sus decenas de millones de pobres, sobra gente con capacidad para viajar por el mundo.

Resulta de lo más normal, entonces, encontrar compatriotas en los grandes eventos, restaurantes y hoteles internacionales: juegos olímpicos, Nueva York Fashion Week, mundiales de futbol, pronto en el turismo espacial, Roland Garros (París), Fórmula 1, asamblea empresarial de Davos (Suiza), a la orilla de la carretera en el Tour de Francia, Congreso de Móviles de Barcelona, Kings Camp Private Timbati Safari (Sudáfrica) University of Oxford Reino Unido), hipódromo Meydan (Dubai), Hotel Villa Magna (de Madrid, hoy mexicanizado), resorts de esquí, UEFA Champions, la Muralla China, Central Restaurante (Perú), hoteles Four Seasons y, también, el Hotel de la Ville (sí, el ya muy conocido de Roma, Italia).

En cualquier lugar que EPN visita con su novia, o a solas ,es retratado por algún mexicano o alguna mexicana. Hasta le gritan “ratero”, como ocurrió en el Hotel de la Ville.

Cuando se supo descubierto, Peña Nieto intentó ocultarse. De nada le sirvió. Antes, en Nueva York, se había disfrazado para no ser reconocido, pero lo reconocieron.

Si se hubiera quedado en México habría generado menos escándalos: quizá ya nos habríamos acostumbrado a verlo en los restaurantes capitalinos. Si hubiera cenado con Lozoya en el excelente Hunan le habría ido mejor que en el Hotel de la Ville de la capital italiana.

Su huida a Europa obedeció a que no deseaba dar la cara a la gente que gobernó. Le salió peor el remedio, ni hablar.

El expresidente solo tenía una opción para que se le dejara en paz: la discreción absoluta, esto es, quedarse en su casa madrileña y pasear únicamente en la soledad de las montañas españolas. No lo ha hecho así y está pagando el costo, todavía no tan alto como podría llegar a ser.

Que no olvide EPN que en México la fiscalía lo acusa y no le ayuda, sino que le perjudica, tanto exhibicionismo fuera del país.

Para colmo, la tuitera que lo descubrió se burló porque EPN y Tania subieron a un taxi y no a un Ferrari o a otro automóvil solo para ricos muy ricos. A @karenytv3 le pareció poca cosa ver a tan famosa pareja en un carricoche conducido por proletario taxista romano. A punto estuvo de llamarles naco a él y naca a ella, lo que sí habría herido en el orgullo a la ya tan popular expareja.

Insisto, si para eso huyó Peña Nieto, mejor se hubiera quedado en México. Al menos no extrañaría las exquisiteces de la gastronomía nacional.