16 de octubre de 2021 | 04:46
Opinión

Mujeres opositoras ¡es su momento!

La oposición debe renovar sus dirigencias nacionales con un cambio radical hacia nueva y mejor cara.
Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum
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La sucesión adelantada promovida por el compañero presidente y camarada Andrés lanzó abiertamente a sus alfiles Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum por la carrera presidencial, aún no se sabe si se trata de una maniobra para tapar el fracaso de su gobierno, si padece alguna enfermedad que le pudiera impedir continuar o es una estrategia para su reelección, lo importante que la oposición tiene frente así el reto de cambiar el sentido actual de las cosas.

Renovación, la clave

La alternativa para la oposición es mostrarse renovada, incorporando a la militancia y a la ciudadanía para dar una nueva e incluyente cara.

Para eso, en los tres partidos, PRI, PAN y PRD, sobresalen por su trabajo mujeres con capacidad de abrir nuevamente el paso a la democracia en el país. Son mujeres progresistas que atienden a su militancia y no a los intereses grupales: en el PAN, Adriana Dávila; en el PRD, Angélica de la Peña Gómez y en el PRI, Claudia Pavlovich.

Los partidos de oposición se encuentran en un bache profundo, casi como el socavón de Puebla, que a la hora de seleccionar candidatos “vomitan” a los cuadros de siempre, esos que no sueltan el “hueso”, que repiten los vicios de siempre y no son capaces de dar respuesta a las inquietudes de la sociedad y de las nuevas generaciones.

Por eso, de acuerdo con los resultados de la pasada elección, los tres partidos requieren un cambio en sus dirigencias y alejarse de la tentación al empoderamiento de Morena y de AMLO.

Con o sin alianza, fueron los de siempre

A pesar de que se configuró una alianza opositora entre PAN, PRI y PRD, las caras y los cuadros fueron personajes que han transitado en las negociaciones con el poder.

Por ejemplo, el PAN postuló a personajes como Santiago Creel exsecretario de Gobernación con Vicente Fox, compañero de gabinete de Alejandro Gertz Manero y de Alfonso Durazo, viejo salinista encargado de las privatizaciones, que se adueñó de los astilleros del puerto de Veracruz y entregó TV Azteca a otro aliado de AMLO, Ricardo Salinas Pliego.

A cuadros como este, representantes de las viejas prácticas, los imponen Ricardo Anaya y Marko Cortés, afortunadamente para el blanquiazul, aparece en la contienda por la dirigencia nacional Adriana Dávila, una mujer que posee una larga militancia y que ha mantenido un firme avance a pesar de que le han intentado cerrar el paso los grupos misóginos de la actual dirigencia.

Recientemente, Dávila se reunió con el expresidente del PAN, Gustavo Madero, con quien coincide en la importancia de tener un partido fuerte y comprometido con la agenda ciudadana, social y democrática, la panista, en una cuantas líneas, fue mucho más allá de lo que el grupo anayista en 8 años: Ante el reto que tenemos como partido y como país, es importante que coincidamos en la construcción de una institución fuerte y cohesionada; el diálogo entre panistas siempre debe existir para construir el porvenir posible.

Adriana Dávila, a diferencia de la actitud pendenciera de Anaya y Cortés que imitan a AMLO, aseguró que la labor de cualquier dirigente es la de fortalecer a las instituciones y convertirse en una opción de cambio más que en una oposición al régimen.

En el PRD, está Angélica de la Peña, otra gran mujer que ha trabajado desde la izquierda a favor de los derechos humanos. Actualmente es la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos en la Cámara de Senadores. Ha sido capaz de arrebatar el discurso mediático y cómplice de Alejandro Encinas, quien desde el PRD y luego en Morena ha pretendido tener el monopolio de los Derechos Humanos, cuando, realmente es todo lo contrario, como cuando evitó que fuera detenido César Godoy a quien sacó en la cajuela de su auto y que ahora con AMLO, reapareció libre, o al no dar respuesta a las pifias de la señora Piedra al frente de la Comisión.

La perredista cuestionó la idea de AMLO de quitar la representación proporcional en el Congreso que le permitiría obtener el control absoluto de las Cámaras. De la Peña respondió como lo deberían de hacer otros dirigentes opositores, que en lugar de reducir los plurinominales, se deberían recortar el número de los dos tipos de legisladores para que la Cámara baja quede compuesta por 250 diputados (125 plurinominales) y 95 Senadores(32 plurinominales).

Aclaró, “me parece muy grave (…) que están pretendiendo desaparecer a los plurinominales, pues regresaríamos al partido del Estado. La idea de que una mayoría puede legitimar cualquier decisión sin límites, contrapesos o controles, representa una concepción de la democracia que es abiertamente inconstitucional”.

En el caso del PRI, está la aún gobernadora de Sonora, Claudia Pavlovich, una política que inició su carrera desde abajo, como regidora del ayuntamiento de Hermosillo, presidenta del PRI en Hermosillo y del comité estatal, diputada local. Dirige la Promoción del programa “Mujer sana, familia sana” y logró reformar la Ley Orgánica y Reglamento Interno del Congreso del estado de Sonora para establecer un acercamiento entre el trabajo legislativo y los ciudadanos.

A pesar del dirigente nacional, Alejandro Moreno, en varias localidades empiezan a figurar liderazgos femeninos como en Naucalpan, dondeAngélica del Valle presidenta del PRI, se ha enfocado en regresar la dignidad y la competitividad al partido mediante el acercamiento a la ciudadanía y a su militancia.

La oposición debe renovar sus dirigencias nacionales con un cambio radical hacia nueva y mejor cara y la respuesta está en la llegada de mujeres como Adriana Dávila, Angélica de la Peña y Claudia Pavlovich.