Uno de los temas centrales de la oposición es conformar una oferta con miras a los comicios de 2024. Con este propósito se ha constituido la iniciativa “Punto de Partida” suscrita por destacadas personalidades de la vida política y académica, todas ellas de vasta experiencia, biografías irrefutables que dan credibilidad, fuerza y seriedad a una propuesta en proceso de elaboración.

Sin embargo, las circunstancias y la nueva realidad del país llaman a realizar mucho más que una oferta formal. Importante e imprescindible que se haga, pero la movilización de voluntades debe partir de lo que es eficaz para ganar la elección. Es cuestión de ética poner en claro los objetivos y propósitos para gobernar o para obtener la representación legislativa, que se alcanzan con un mensaje claro, convincente, que mueva emociones y razones, como la magnitud de la amenaza que se cierne sobre la democracia, que obliga a participar y cohesionar diferentes visiones del país y de la política. No se trata de ser banal o superficial, pero sí de actuar con eficacia.

El mensaje para el votante no sólo deriva de propuestas y textos difícilmente atendidos; es fundamental una estrategia a partir de la ventaja que tiene el adversario ahora en el poder. Al menos dos temas han de ser cuestionados y ser apropiados o cuando menos compartidos por la oposición: el anhelo igualitario y la lucha contra la corrupción. Por otra parte, debe rescatarse la exigencia pública de combatir la impunidad, pero debe tenerse en claro que no cualquiera en la oposición resulta convincente para enarbolarla.

En cierto sentido, la propuesta mayor es el candidato. El dilema es la manera de cómo construir la candidatura, no sólo cómo elegir candidato. El acuerdo cupular es la modalidad preferida por las elites políticas bajo la discutible tesis de que es la que menos divide y de que los que mandan saben mejor qué hacer y a quién elegir. El oficialismo ha optado por la farsa de la encuesta, sin que medie competencia formal, debate entre aspirantes ni una fórmula transparente para procesar las preferencias. La encuesta no es opción para ello, sí para simular una decisión anticipada a través de una precampaña ilegal y con dados cargados.

Esto significa que la oferta por sí misma no resulta convincente. Se requiere de un cambio en las formas y en la manera de ejercer la política. Los esquemas tradicionales no funcionan porque no generan interés en el gran público. Para los partidos disruptiva será la forma de construir la candidatura, particularmente trasladar a la sociedad la decisión fundamental que es la elección democrática del candidato o candidata. Se trata de una elección primaria que dé lugar a un debate regionalizado y con elecciones de delegados por entidad o región en diferentes tiempos a modo de ir depurando la lista de aspirantes. Reglas claras y un árbitro confiable e imparcial son imprescindibles.

En la estrategia deberá quedar claro que el terreno de ventaja para la oposición es lo regional, en múltiples frentes de batalla. La visión centralista de la contienda favorece al oficialismo. Sin embargo, las condiciones de 2018 no estarán presentes, es decir, no se contará con una figura cohesionadora de las adhesiones y del contraste. La concurrencia de elecciones locales ofrece esta singular ventaja, especialmente en las de jefe de gobierno, gobernador, alcaldes y presidentes municipales.

Se requerirá de una propuesta diferenciada por región y por perfil de elector, más allá de la segmentación tradicional de variables socioeconómicas. La actualidad radica en las identidades emocionales a partir de su percepción sobre el estado de cosas, sus perspectivas y su visión del poder y de las alternativas. Lo digital es medio privilegiado para su construcción y expresión para segmentos estratégicos.

La oferta opositora debe ser el cambio; un desafío mayor ya que los partidos opositores reproducen en buena parte lo que no se quiere y que ha sido repudiado. Reiterar modos, formas y contenidos del pasado va en contra del ánimo de la mayoría de los electores, especialmente los de las zonas urbanas, quienes en su mayoría han identificado al oficialismo como más de lo mismo.