(Reproduzco enseguida la primera parte del artículo de hoy jueves de Jorge Fernández Menéndez publicado en Excélsior. Vale la pena leerlo):

Permítame contarle una historia que parte del corazón. Conocí a Carlos Salomón Cámara hace ya muchos, demasiados años, a fines de los años 80. El que se convirtió en uno de los grandes amigos de toda la vida, era entonces lo que fue siempre, un hombre inteligente, agudo, que sabe valorar la amistad y con una extraordinaria capacidad para unir personas, voluntades, incluso las más opuestas, amén de un gran operador político.

Nos acercaron y unieron, como en toda amistad de décadas, desde grandes alegrías hasta tristes vicisitudes personales y familiares. Ayer, luego de años de una lucha admirable, ejemplar, falleció su hijo Carlos Miguel Salomón Fautsch. Carlos y su hijo Charly —para todos los que lo conocimos durante años— eran motivo de admiración: habían sufrido, hace años, en la carretera a Acapulco, un terrible accidente en el que falleció una de sus hermanas y Charly quedó gravemente herido.

Salvó la vida luchando por ella cada día, pero pagó costos muy altos. El cuerpo muchas veces nos traiciona y no responde a lo que dictan el espíritu, el cariño, la solidaridad de quienes te rodean. Eso no impidió que, durante años, Charly estudiara, imaginara un futuro, fuera incluso asambleísta suplente en la Asamblea Legislativa capitalina. Hasta que su cuerpo, agotado, ayer finalmente dijo que no podía más.

Quedará en nosotros su espíritu, su lucha, su don de gente y el enorme esfuerzo que su padre, mi amigo Carlos, realizó hasta el último día para que Charly pudiera soñar, salir adelante, para que disfrutara de una vida que, con los años, se le iba de las manos, para que muchos, su pareja, Melisa, sus hijos, Jacobo, Cristina, pudiéramos compartir con él horas, momentos, historias, para darle fuerza y esperanza en esa lucha. Pero la relación que establecieron ellos dos, Charly y Carlos, trascendía a todo y a todos. Era simplemente conmovedora, entrañable.

Ayer Charly se fue. Quienes, de una u otra forma, estuvimos cerca, nos quedamos con la admiración, el ejemplo, el orgullo de ser parte de su vida. Charly siempre estará con nosotros, Carlos será siempre uno de nuestros grandes amigos para seguir caminando por esta senda de la vida que, como diría el poeta, nunca se ha de volver a pisar. Descansa en paz, querido Charly.