Con motivo de la gira del presidente AMLO en Centroamérica y el Caribe, el presidente mexicano ha retomado su añejo deseo de convertirse en el líder político que sea capaz de conducir el proceso de unión de las naciones americanas. Busca convertirse en un Simón Bolívar mexicano que recupere el ideal de unión soñado algún día por el libertador sudamericano.

AMLO aseguró, tras su vuelta de Cuba, que buscaba que en la próxima Cumbre de las Américas, la cual tendrá lugar el próximo 9 de junio en Los Ángeles, ningún Estado fuese excluido, ni siquiera los gobiernos dictatoriales de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Enseguida, AMLO reiteró su deseo de crear una unión similar a la Unión Europea.

Con estas declaraciones infundadas y carentes de todo concepto de realidad histórica, el presidente AMLO ha nuevamente confirmado al mundo que no es ni remotamente un conocedor de las relaciones internacionales. Aún más, deja entrever un profundo desconocimiento del mundo, de la complejidad de la integración europea y de la convulsa historia de América Latina.

  • Los Estados latinoamericanos, a pesar de tener una historia común anclada en la religión mayoritaria, en la lengua, en la colonia española y en las raíces prehispánicas, nació fragmentada del Imperio español, pues fueron los mismos colonizadores quienes obstaculizaron la integración comercial entre los virreinatos. Ello hizo imposible, a la postre, el futuro entendimiento entre los líderes que encabezaron los nuevos Estados independientes en las primeras décadas del siglo XIX.
  • La Unión Europea, por el contrario, nace ante la exigencia política y económica (y no por la peregrina idea de un líder carismático) de superar las diferencias que condujeron en menos de treinta años a dos conflagraciones mundiales que destruyeron ciudades y provocaron la muerte de millones de europeos.
  • En Europa, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, existió una auténtica voluntad política para sentar en una misma mesa de diálogo a franceses y alemanes, con el propósito de fundar una entidad supranacional que regulase los asuntos relacionados con el carbón y al acero: materiales esenciales para la fabricación de armamento bélico.
  • América Latina, lamentablemente para los que aspiran a una unidad regional, carece de todo tipo de sentido de unidad. Para ello, México es el mejor ejemplo. Desde su independencia, nuestro país ha mirado hacia el norte. Derivado de ello, ha desdeñado históricamente cualquier integración regional con el sur del continente que pudiese poner en riesgo la viabilidad de la unión comercial con Estados Unidos; como consecuencia evidente de la realidad geográfica y económica en América del Norte.
  • La Unión Europea establece en la letra de sus tratados fundacionales la exigencia de que los Estados candidatos gocen de salud democrática. Ello ha detenido, a la fecha, el ingreso de países como Turquía y países de la región balcánica. ¿Una unión americana con Cuba, Nicaragua y Venezuela? Se antoja difícilmente realizable si se busca emular el ejemplo europeo.

En suma, el presidente AMLO, sea por ignorancia, por arrebatos populistas, o por una simple falta de asesoramiento, realiza declaraciones infundadas que lejos de constituir una política exterior, son sueños irrealizables que serán recordados como anécdotas curiosas en la historia de la región latinoamericana.

José Miguel Calderón en Twitter: @JosMiguelCalde4