En un desplante de sinceridad, Rubén Moreira llamó al PRI a dejar atrás el “lastre del neoliberalismo”. Por décadas, el PRI fue el camaleón de la política. Socialista con Lázaro Cárdenas; empresarial con Miguel Alemán; nacionalista con Adolfo López Mateos; populista con Luis Echeverría o neoliberal con Carlos Salinas de Gortari. Cambiar para no cambiar fue la estrategia que por 71 años mantuvo al PRI en el poder. Ahora es demasiado tarde para un nuevo vuelco ideológico.

El PAN nació para oponerse política y pacíficamente a Cárdenas, particularmente en contra de la educación socialista, la nacionalización del petróleo, el reparto agrario, la laicidad del Estado, el apoyo a la República Española y a los exiliados republicanos. Por décadas, los panistas fueron los místicos de la democracia: clasemedieros, profesionistas, liberales y católicos. Después llegaron los doctrinarios, más adelante los barbaros del Norte con su pragmatismo electoral y sus nuevas formas de hacer política.

A finales del siglo pasado, el neoliberalismo unió al PRI y PAN en un sólo proyecto económico y político; así ocurrió en el sexenio de Salinas. Ernesto Zedillo le entregó al PAN la Presidencia de la República. Alegremente cogobernaron en los sexenio de Vicente Fox y Felipe Calderón. Enrique Peña Nieto dio un paso más, por medio del Pacto por México integró al PRD, la gota que derramó el vaso y provocó el rompimiento de López Obrador.

Panistas, priístas y perredistas no entendieron que el neoliberalismo fracasó. Desde el inicio de este siglo, ni los conservadores ingleses sostienen la ortodoxia neoliberal. Vamos ni el mismo Donald Trump, con su racismo y clasismo, sostiene el proyecto neoliberal al pie de la letra. Que decir de Francia, Alemania y el resto de Europa. En América también hubo un momento neoliberal, pero poco a poco se ha dado un giro hacía el centro o la izquierda.

El neoliberalismo es una fábrica de pobres, pero no todo lo que llegó con él fue malo. También la democracia y el libre comercio se abrieron paso, particularmente en Latinoamérica, lo cual ha permitido que en la última década la izquierda avance desde el Río Bravo hasta la Patagonia.

La oposición culpa de todos los males a Andrés Manuel López Obrador, pero se autoengaña. Es incapaz de ver que independientemente del “peligro que representa AMLO”, no tiene un proyecto que ofrecer diferente al neoliberal que ha defendido por treinta años.

Al PAN ya no lo detiene su ideología, sino sus intereses económicos. Su solución a la pobreza es la filantropía y la beneficencia. No conciben una sociedad igualitaria. Su paso por el gobierno de la República fue desastrozo.

Para el PRI es demasiado tarde para despojarse del lastre neoliberal. Desde el 2018, el éxodo priista inició. Algunos se fueron del país; otros, se retiraron a la vida privada y muchos se sumaron a Morena. En el contexto de la reforma eléctrica, el presidente puso sobre la mesa sumarse a su propuesta, la dirección priísta la rechazó, pero el éxodo continúa. Eso pienso yo, ¿usted qué opina?

Onel Ortíz Fragoso en Twitter: @onelortiz