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San Fernando: "Recibí un féretro vacío y otro con pedazos de carne"

Familiar de uno de los 72 migrantes centro y latinoamericanos hallados en una fosa en Tamaulipas.Cuartoscuro

Su papá y dos de sus hermanos huyeron de la pobreza en Guatemala. A 6 años de la masacre, no cuenta con la certeza de que los restos que le entregaron pertenezcan a ellos.

México.- Las lágrimas brotan ante el recuerdo. Es el dolor y el duelo que no desaparece desde hace seis años, los mismos que han pasado desde que sintió una opresión en el pecho cuando se enteró que 72 centro y latinoamericanos fueron asesinados en San Fernando, Tamaulipas, en agosto del 2010.

Hay miedo, por eso dice que no quiere que su nombre aparezca escrito en la nota. “Nos pueden hacer lo mismo”, afirma. 

Es una voz desde que emerge desde el anonimato, que pide este caso no quede impune. Se enteró por el televisor o la radio de esa masacre, misma que le creo un vacío en el estomago. Desde esa fecha le falta aún más el aire.

Su papá y dos de sus hermanos habían huido de la pobreza que prevalece en Guatemala. Viajaron con destino al país de los sueños, Estados Unidos, allá donde se paga por hora, en billetes color verde y no por jornada laboral completa, en Quetzales.

Fueron siete meses en vilo, donde entregó papeles y luego el mensaje en seco: 

“Recuerdo eso, fue terrible, nos sentimos mal", señala. Habla bajito, pero con rabia, emoción contenida desde que recibió un féretro “vacío y otro con pedazos de carne” .

Estuvo más de 200 días con la duda, porque no lograban identificar a sus familiares, por eso ahora teme llorarle a alguien que no forma parte de los suyos.

La indiferencia del Gobierno de Guatemala, encabezado por Álvaro Colom Caballeros, que acumuló los féretros en el aeropuerto y esperó a que los familiares (la mayoría de escasos recursos), los regresarán a sus comunidades de origen.

Entonces, juntó como pudo 400 quetzales -unos mil pesos-, para llegar a la terminal aérea. “Me acompañó un niño, que sabía como llegar, él se quedó con los ataúdes, se inclinó en la caja y se puso a llorar", recuerda.

Pero la cancillería guatemalteca fue aún más allá, respira, alza la voz y suelta:

Tragedias como está unen a la sociedad. Recuerda que cuando llegó al poblado de donde es originaria, fue recibida por la comunidad entera, que detuvo a golpes en los costados el autobús.

“¡Alto!, ¡Párate!, ¡Qué te detengas!, ¡Párenlos!, ¡Queremos verlos!, ¡Bájenlos!, ¡Bájenlos!”, era el pueblo entero que quería cargar los féretros.

“Había mucha gente, ellos se unieron, había mucha gente llorando. El grupo de amigos de mi hermano le pusieron al ataúd su camiseta del equipo de futbol, no podíamos ni caminar porque toda la gente se reunió”.

“Está es una herida abierta, que no se ha solucionado, porque no tenemos certeza, es la falta de certeza y la indiferencia, lo que duele ahora, seis años después”, concluye.

Familiares de las víctimas viajaron desde Centroamérica con destino a la Ciudad de México para demandar a las autoridades avances en las investigaciones y realizar pruebas periciales que les permitan determinar si los restos corresponden a sus familiares encontrados en San Fernando, Tamaulipas.