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¿Quién puede confiar en tres expresidentes gringos que quieren vacunarse públicamente contra el Covid-19?

Después de la alianza entre los expresidentes mexicanos contra la 4T, la peor alianza que he conocido es la de tres ex presidentes norteamericanos para ponerse, frente a las cámaras, la vacuna contra el covid-19, dizque para inspirar confianza en el público hacia la vacunación: Barack Obama, George W. Bush y Bill Clinton. ¿Saben a qué apesta esto? A demagogia, narcisismo y oportunismo.

Ya lo había dicho el comediante Jerry Seinfeld: “Para ser presidente de los Estados Unidos, un requisito es estar loco: ¿Qué persona necesita el país más poderoso del mundo? Adivinen… ¡a mí!”

No sé qué rayos pasará por la cabeza de esos sujetos, quienes dentro de su mente deben imaginar que la gente piensa: “Oh, George W. Bush se puso la vacuna contra el coronavirus. Eso me inspira una súper confianza, no solo iré corriendo a ponérmela, sino que le diré a mis familiares y amigos que hagan los mismo. ¡Bendito seas, George W. Bush, ídolo de las multitudes, por iluminar mi camino!”

Para empezar, la gente no necesita estímulos para vacunarse. La humanidad está muriendo, la gente se está arruinando, nadie puede salir a fiestas; no hace falta que nadie venga a poner el ejemplo para vacunarse, los terrícolas se pondrán cualquier cosa que los libre de esta maldita enfermedad. Como yo cuando adquirí una crema para adelgazar, todavía no me daban el cambio cuando la compré y ya me la estaba untando en la panza.

Ahora bien, dentro del gremio más desprestigiado en la opinión pública mundial, están los políticos, dentro de los políticos están los presidentes, dentro de los presidentes están los presidentes de los Estados Unidos de América. Y para colmo, estos ni siquiera son presidentes, sino ex presidentes. Su estatus es similar al de un deportista que se volvió entrenador, porque sus días gloriosos ya pasaron.

No creo que ningún laboratorio, hospital, sistema de salud, ni la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos les haya pedido que se prestaran voluntariamente a un acto público para promocionar la vacunación, para eso, contratarían personalidades realmente populares, incluso aunque fueran polémicas, como Kim Kardashian, Bad Bunny o Floyd Mayweather Jr., tendrían un impacto más positivo.

Nunca entendí porque, en México, muchos se alegraron del triunfo electoral de Joe Biden, como si el Partido Demócrata fuera una bendición, comparado con el Partido Republicano, cuando ambos partidos son capitalistas, intervencionistas, armamentistas, abusivos. El hecho de que Trump fuera odiado, no significa que al otro vetarro se le haya quitado lo racista.

Bush mandó tropas al Medio Oriente, Clinton es recordado por abuso sexual y Obama (aparentemente el menos malo) es recordado por su pésimo Obamacare, ¡y ahora quiere pararse el cuello en una campaña de Salud! ¿Qué droga se mete?

Sin embargo, los tres ex presidentes, muy sonrientitos, posan juntitos y dicen que son muy nobles al participar, voluntariamente, en un acto que beneficiará a la población norteamericana. Si quieren al planeta entero, hagan una marcha para que su gobierno deje de abusar de los países en vías de desarrollo y abandone el negocio de las armas.

La ocurrencia de los tres ex presidentes gringos suena a una vulgar auto-promoción, disfrazada de acto humanitario. ¿Por qué? ¿Para qué? Es lógico que todos sospechen que se traen algo raro: fundar un nuevo partido político, crear un programa de televisión, asociarse en una cadena de comida rápida.

Sería divertido que, en México, otras personalidades siguieran su ejemplo: Gilberto Lozano, Felipe Calderón, Lilly Téllez, Ricardo Anaya, Claudio X, el “Bronco”, Javier Lozano; todos ellos tienen la psicopatología necesaria para tomar la vacuna frente a las cámaras y sentirse soñados ante los ojos del pueblo.