Columnas


¡Qué extraño es saberse vivo! / Caminar entre la gente / con el secreto a voces de estar vivo /Madrugadas sin nadie en el Zócalo (…). Octavio Paz.

En múltiples ocasiones hemos escuchado al Presidente de la República Mexicana, Andrés Manuel López Obrador, expresar jaculatorias políticas; una de las más profundas es: “La verdadera doctrina del conservadurismo es la hipocresía”. No es un argumento nuevo, ya lo había plasmado Lucas, el médico evangelista al referirse a una expresión del mismo Jesús: “Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía”.

En un origen etimológico diverso (como todos los orígenes de las palabras), el verbo griego hypokrinesthai implica algo cercano a la representación de un personaje. No tanto como ponerse una máscara al estilo del concepto de persona sino representarlo, es decir, asumir y mostrar algo distinto a lo que se es, en síntesis, una disociación ontológica.

Escribo sobre la hipocresía porque hay un discurso en el aire mexicano y trataré de resumirlo: No se permitirá que particulares compren la vacuna contra el COVID-19, será únicamente posibilidad del Estado Mexicano adquirirla y distribuirla. Esto ha desatado dos posturas: Quienes apoyan que el Estado realice esta compra, garantizando así que todas las personas que habitamos este país podamos adquirirla de manera gratuita y quienes apoyan que debería permitírsele a particulares adquirirla. Es decir, si tienes dinero podrás adquirirla antes que otras personas que no tienen dinero.

El argumento central de quienes quieren comprar la vacuna, porque disponen de suficientes recursos económicos, es el libre mercado. ¿Por qué el estado impide que Juan Emprendedor, buen ciudadano, empresario, que paga sus impuestos a tiempo, va a misa los domingos, usa cubrebocas hasta en su casa, no pueda ofertar el producto más anhelado de nuestra época? Y qué tendría de malo, si además de querer comprarlo para sí y su familia, también quisiera venderlo, a un ligero sobreprecio, a otras personas en su mismo nicho económico.

Quisiera detallar mi reflexión con dos estampas, una desde la literatura y otra desde el mundo del cine.

Bola de cebo (Boule de Suif, 1880) es una historia simple con personajes arquetípicos. Maupassant nos destaca los intereses de la burguesía frente al sufrimiento del pueblo: una trabajadora sexual es empujada por estos elegantes oligarcas a que practique, contra su voluntad, su profesión. Finalmente lo hace y, paso inmediato, vuelven a criticarla por aquello mismo que le forzaron a hacer. El canibalismo social da cuenta de estos grupos adinerados que se consumen hasta entre ellos mismos, no hay afectos, amistades o lealtados: solamente intereses.

En la película Romero (1989) se retrata la vida y muerte de Mons. Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de El Salvador que dio la vida defendiendo a las personas más pobres y marginadas en su país. En una escena, una de sus amigas -miembro de una familia de élite-le pide bautizar a su hijo y él indica que puede elegir cualquier domingo, ya que no hay bautizos privados. Ella, indignada, le dice que no va a bautizarlo junto a los “indios”.

El problema del libre mercado es su falta de libertad. No es posible acceder a ese mercado en igualdad de oportunidades, sin embargo, podemos ayudar a que esas desigualdades sean cada vez más reducidas. En este caso tenemos una necesidad universal. No hay nadie que no necesite esta vacuna, a menos que tenga deseos urgentes de morir. Tenemos, por tanto, la oportunidad de reflexionar sobre una necesidad republicana (en cuanto a una verdadera cosa pública) y no a un problema privado.

Ciertos grupos políticos, de derecha, han cuestionado que la vacuna puede usarse como moneda de cambio para la temporada electoral. Si esto fuera así, sería reprobable. Sin embargo, estos mismos grupos no han condenado a quienes critican que la vacuna no se pueda privatizar y esto es innegablemente deplorable.

Veo dos caminos: La vacuna será distribuida a la ciudadanía, sin diferencias por grupo socioeconómico, y generará desagrado en ciertos grupos (ya de aspiración o ya de verdadera pertenencia a la oligarquía) o comenzará un mercado negro entre grandes grupos empresariales cuyo resultado puede ser que no tengan buenas vacunas (al menos con el nivel de eficacia que las oficiales) y estoy seguro, buscarán también la forma de culpar a la actual administración de este problema.

La vacuna se llama Bola de cebo porque es criticada y necesaria para salvarnos. Ojalá el conservadurismo, fiel a su doctrina, no se aproveche de Bola de cebo y la use como carnada para fomentar la desigualdad que su acumulación desmedida de capital, usualmente originada en la explotación laboral, ha lastimado tanto a nuestro país.

Si usted, al igual que Juan Emprendedor, cree que merece la vacuna por su alto nivel adquisitivo, usted está infectado de un virus grave; se llama inhumanidad y la cura no se compra, al contrario, cuando deja de acumular, cuando comienza a compartir en lugar de compartir, los síntomas dejan de aparecer.

Preguntas para la reflexión

¿Dónde están los grupos provida justo ahora que se requiere salvar la vida de la humanidad?

¿Por qué los medios atacan a los gobiernos cuando la población no acata las medidas de sana distancia?

¿Por qué los gobiernos estatales no quieren pertenecer a México?