September 15, 2019 06:03


Insolente, Arroyo, de El Financiero, no paga a los trabajadores; Ealy, de El Universal, debe evitar esa conducta

Manuel Arroyo
El joven maravilla de los negocios mediáticos, tan parecido en la conducta a aquel Carlos Ahumadaimagen tomada de internet
“Insolentia en latín significa primero la falta de experiencia y también la novedad, lo extraño, la falta de moderación. La insolencia es el atrevimiento en la conducta”. etimologías.dechile.net.
Solón sabía que la ciudad mejor gobernada es aquella que castiga por igual a los delincuentes y a los insolentes.

¿Cuál es el mayor crimen patronal? Retrasar, al menos un día, el pago de salarios u honorarios.

Tal retraso en El Financiero dura ya dos meses. En efecto, ni en julio ni en agosto —ni en los primeros días de septiembre— han recibido su dinero —de ellos, no del patrón Manuel Arroyo— los trabajadores del periódico y los colaboradores que prestan sus servicios profesionales a tal empresa.

Siempre pensé que el dueño de El Financiero, el señor Arroyo, el más reciente joven maravilla del sector empresarial mexicano, tenia un gran parecido —no físico, sino en la conducta— con otro hombre de negocios que por atrevido en su momento deslumbró a la opinión pública de nuestro país, Carlos Ahumada.

Insolentes los dos, ambos fundaron periódicos, contrataron a profesionales reconocidos de los medios —Raymundo Riva Palacio tiene el honor de haber estado en los dos proyectos— y al final no pudieron cumplir sus compromisos monetarios con los periodistas.

Platicando con un sabio abogado sobre la crisis de los medios, él apuntó que, para Solón, la ciudad mejor gobernada es la que castiga por igual la delincuencia y la insolencia.

Ahumada perdió todo lo que tenía —en algún momento hasta la libertad— por insolente. La sanción más fuerte que recibió, y que sigue recibiendo, fue el desprecio social.

Espero que Arroyo pague lo que debe a los trabajadores y se evite mayores problemas; después de ello, tendrá que reducir el tamaño de su periódico más de lo que ya lo ha hecho.

Ha habido recortes laborales en El Financiero y han disminuido los salarios, pero el proceso de reingeniería tendrá que ser mucho más profundo.

Inclusive, si Arroyo acepta la realidad, sus problemas económicos podría llevarle al cierre del diario porque, dicen por ahí, lo que no se puede... además es imposible.

Y si con las ventas no le alcanza para mantener la operación, tendrá que aceptarlo. Eso o caer en dificultades mucho más graves.

Es mejor reconocer rápidamente el fracaso que complicarse la vida en exceso.

Atrevido, Arroyo engañó a muchos, sobre todo a los periodistas que reclutó —algunos, por fortuna, ya midieron al insolente patrón y se fueron de El Financiero, como Jorge El Güero Castañeda.

Espero que la insolencia empresarial no invada a todos los medios.

Ya una vez, en el sexenio de Zedillo, Juan Francisco Ealy Ortiz, fue castigado más que por sus faltas fiscales, por su insolencia.

Hoy el dueño de El Universal, quien no ha llegado a los extremos de Manuel Arroyo, está permitiendo que su estructura administrativa quede a deber honorarios a algunos colaboradores. No es correcto.

Si Ealy no puede, que achique la empresa o inclusive que la cierre. Pero no pagar a gente que trabaja o presta sus servicios, eso es criminal.

Un editor histórico tan admirado como Juan Francisco no merece empezar a ser señalado como incumplido por la gente que ha contratado.

Si no puede, pues no pudo: a hacerse chico, que no es pecado perder —inclusive perderlo todo— en los negocios.

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