Libros de ayer y hoy. Mortal y rosa, el México ambivalente

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Ante la muerte diaria que nos llega por la información, notamos al México dividido, que por un lado quiere vivir y por otro lado matar.

La celebración del Día de los Fieles Difuntos podría ser un contrasentido en un país en el que la muerte tomó su asiento. Pero no lo es porque desde nuestra vida ancestral, la muerte fue vista como una compañera invisible que está al acecho, para dar el salto.

No por algo, el mexicano responde con espíritu festivo con canciones, con albures y frases de optimismo, para sacar la rosa de su vida frente a una visitante final que está aguardando.

Ante la muerte diaria que nos llega por la información, notamos al México dividido, que por un lado quiere vivir y por otro lado matar.

Lo hacen los asesinos: el crimen, las enfermedades, la pobreza, el abandono. Pero también destruyen la inquina, la calumnia, la mala vibra de los que eliminan a través del pensamiento.

La muerte nos llega por la concentración de la riqueza en unos cuantos, por el egoísmo de no dar lo que tenemos, por la convocatoria apremiante de la muerte para el que odiamos y el llamado concreto que algunos hacen a matar al enemigo como lo hemos visto de parte de algunos que se autollaman periodistas.

 

Como nunca, la celebración del 2 de noviembre ha tenido tanta organización. Se le suma la celebración celta que el poeta escocés Robert Burns lanzó a la fama, con su poema Halloween.

Las tiendas están llenas de artículos espantables, de flores amarillas, de coronas, de dulces y calaveras azucaradas. Desfilan los duendes, los demonios, se asoma la Llorona y las brujas rondan en permanente aquelarre como si la muerte las convocara.

Hay una insistencia febril, todos compran algo que recuerde a los muertos, como si algunos que no los tienen hicieran suyos a los muertos de los demás. Hay tanta muerte en México, que los muertos ya son propiedad común: nos duelen a todos. Y en medio del jolgorio acelerado, la lluvia que sigue presente.

Escucha cómo crece la lluvia sobre la tierra

Viene la muerte arrastrando el sueño de las golondrinas

Eso lo escribe el poeta Oscar Oliva en Al vuelo de la muerte, publicado en La muerte en la poesía mexicana (Editorial Diógenes 1970)

Nos visitó la muerte y se ha quedado

entre las azucenas escondida...

Parece recordarnos el poeta Enrique González Martínez en su poema El áspid, del mismo libro.

 

Escrito por el poeta y escritor español Francisco Umbral ( Francisco Pérez Martínez) en 1975, Mortal y Rosa ( Grupo Editorial Multimedios 1999) es considerado el libro más “contundente” de los 110 que escribió este gran creador.

Es un trabajo autobiográfico que delineó de una manera compleja ante la muerte de su hijo Pincho que murió a los cinco años, de leucemia. Es la tristeza volcada en 160 páginas, poco para un periodista -que también lo era-, que escribió 135 mil artículos. Hombre de izquierda, llenó toda una época en la vida y las páginas de los medios hispanos y era, de acuerdo a la biografía no autorizada de Anna Caballé, un hombres fascinante que había sufrido tanto, que tuvo que escribir para reconciliarse consigo mismo. La biografía se llama El frío de una vida.

Mortal y rosa hace pausas en la voz del autor, para tratar muchos temas, abordar a importantes poetas y hablar de la vida de su país. Umbral está considerado uno de los grandes escritores españoles y su obra es clásica en muchos aspectos. Murió en 2007.

El título según informan sus críticos, fue tomado de un poema de Pedro Salinas, La voz a ti debida:

A esta corporeidad mortal y rosa

donde el amor inventa su infinito.

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