Siete reformas capitales. Telecomunicaciones

  El sector de las telecomunicaciones en México y el mundo es el más noble, puesto que necesita de poca inversión y mucha creatividad para

Otra de las reformas estructurales de ?gran calado? fue la de telecomunicaciones. Otra joya que se desarrolló. Ya desde su discurso en 2012 como presidente, Enrique Peña Nieto avisaba de que se concesionarian nuevas cadenas de televisión y que se le daría un impulso al sector de las telecomunicaciones en México.

Tiempo después se calentó la opinión pública avisando que la reforma que se propondría era una maravilla, un gran ?modelo? de reforma. En efecto, la reforma en el papel era más que viable. Pocos muchos cambios al original que presentó el gobierno federal y dicha reforma anticipaba la concesión de dos grandes cadenas de televisión nacional y el apagón analógico entre muchas otras cosas.

Una impecable propuesta que se materializó en reforma, una muestra de que sí se pueden concretar este tipo de esfuerzos, pero desgraciadamente esa reforma era infuncional y se debió haber presentado hace 15 años. Hoy debido al avance tecnológico y las características de las sociedades de consumo esa reforma retardará al sector.

En la reforma se reestructuran no solamente los canales de televisión, también los espectros radiofónicos, pero no se tocó el tema de que muchos de los grupos radiofónicos son monopolios y ostentan en control del sector. Por otro lado se redimensionan y ajustan las estaciones de ?radio experimental? y se les da otra connotación de radio social y comunitaria.

Para las televisiones tanto de paga como pública, se ajustan los marcos y obvio se abre la licitación de dos cadenas, una de las cuales la ganará Grupo Imagen y la otra la ?perdería? de manera más que ridícula, Grupo Radio Centro, al no poder pagar la estratosférica cantidad que ofreció en la licitación por una de esas cadenas.

El negocio de las telecomunicaciones en México y en el mundo radica no en las cadenas de televisión y de radio convencionales, éstas por los avances tecnológicos han sido rebasadas, el verdadero negocio se encuentra en el internet. Por eso resulta obsoleta la reforma implementada. A efectos prácticos, la televisión y la radio tradicional pasan a ser o pasarán a ser, repetidoras de lo que se desarrolle en las plataformas de medios en internet.

Antes de terminar su sexenio, al verse abandonado por los medios de comunicación, Felipe Calderón abordó el tema de una nueva reforma en telecomunicaciones y de manera específica lanzó la propuesta de que para concesionar nuevos canales de televisión el criterio debería girar en torno a que todo aquel que tuviera el dinero y los medios para poner un canal lo hiciera, ajustándose a los marcos jurídicos pero sin necesidad de entrar en una licitación pública y o erogar dinero al gobierno por la adjudicación de frecuencias, o sea, se liberaría de tajo el sector. Obvio nadie le hizo caso puesto que fue una propuesta hecha al calor de la desesperación.

El internet es el único futuro de las telecomunicaciones. De ahí los jaloneos por distintos inversionistas porque se abra el sector, porque se concesione. Luego entonces esto determina que el control del internet no debe ser dejado a la ligera por el gobierno federal, no obstante que regular y ?controlar? ésta modalidad sea tentadora pero prácticamente imposible.

La muestra de que la reforma en telecomunicaciones se encuentra rebasada, la tenemos precisamente en lo que pasa con el apagón analógico. Si bien los grupos y medios de comunicación tienen los recursos para mudarse a las nuevas formas de transmisión digital, el grueso de la sociedad de consumo mexicana y su economía no tiene el nivel y la capacidad de mudarse a la nueva modalidad de transmisión.

Así las cosas, el apagón analógico debió haberse materializado hace unos 5 años, con un espacio de un lustro para que se concretara, pero por el contrario se confió que había las condiciones económicas para que la gente transitara al otro nivel, y que la población que no tuviera dicha capacidad fuera apoyada con un subsidio.

Es el apagón analógico la muestra de que no existen las condiciones en nuestra sociedad de consumo para transitar en un santiamén hacia las nuevas tecnologías y las reformas de vanguardia que pueden ser aplicadas en otras sociedades de consumo que sí soportarían económicamente este tipo de transiciones.

Muy diferente hubiera sido haber liberalizado y concesionado los espectros de banda en lo que a internet se refiere, porque la mayoría de la población tiene una computadora, una tablet o un smartphone que les facilitaría transitar al nuevo modelo. El error consistió en querer seguir haciendo negocio de las formas obsoletas. Esta estrategia responde a la lógica del consumo, pero no a la realidad y las condiciones que ésta marca dentro del mercado nacional e internacional.

De aquí la importancia de que se comience una liberalización VERDADERA de los servicios de internet a los que tiene acceso la población, puesto que de este servicio depende la competitividad y viabilidad del sector en nuestro país.

El proyecto de ?emprendedores? que desarrolla el gobierno federal tiene que ir de la mano de la liberación del sector de telecomunicaciones y el internet en México, paralelamente de un programa de ?ciencia ciudadana? para que entonces sí encuentre una salida a corto, mediano y largo plazo de verdadero impacto económico y social de nuestro país.

Seguir reproduciendo formas obsoletas en los medios de comunicación nos sigue sumiendo en el retraso tecnológico al que ya tenemos acceso y es parte de nuestra cotidianeidad.

Otro ejemplo es que los actuales estados de operación de las cadenas de televisión como Televisa y Televisión Azteca, hoy operan en números rojos porque no han sabido adaptarse totalmente a las nuevas tecnologías, tanto en infraestructura como en la generación de contenidos. La misma necesidad que tienen por subsistir como negocios los hará automáticamente virar hacia los nuevos modelos.

Esto condiciona el papel de Cadena Tres o Grupo Imagen. Si la nueva cadena intenta ?competir? dentro del mismo espectro de audiencia (como lo ha venido haciendo) de sus competidores, se encontrará con dos grandes obstáculos que pondrán en riesgo la millonaria inversión que ha hecho. Por un lado se enfrenta a un formato (la televisión abierta) que está muriendo, y por otro que en nada le redituará económicamente hacerse del mismo espectro de audiencia. Dividir aquí no funcionaría, debe innovar en contenidos y propuesta, de lo contrario perecerá antes de haber siquiera intentando competir.

El sector de las telecomunicaciones en México y el mundo es el más noble, puesto que necesita de poca inversión y mucha creatividad para ser redituable económica, social y políticamente. De ahí el gran jaloneo. Los grupos de telecomunicaciones en México deben voltear a ver al internet y el modelo de las multiplataformas para sobrevivir.

Una vez más se muestra con esta reforma de telecomunicaciones que no estamos preparados para solo con intentarlo, pensarlo, o tener buena fe, el convertirnos en una sociedad de consumo competitiva y enfrentar a las sociedades de consumo desarrolladas. No hay las condiciones. Se debe pensar primero cuáles son nuestras realidades y limitantes para de ahí proyectar nuestros sectores.

Vanidosamente se nos presentó a una gran ?MODELO? de reforma que se enfrenta al monstruo grotesco de atraso que hemos venido condensando en nuestra sociedad de consumo.

Tenemos la oportunidad de abordar al nuevo modelo de telecomunicaciones, pero no desde los grandes grupos y consorcios, sino desde el garantizar el acceso de todos y cada uno de los seres humanos que conformamos México, lo mismo para consumir contenidos, que para generarlos o formar empresas viables y competitivas, aprovechando los nuevos medios de comunicación.

Nos vemos en la siguiente entrega, solo si se puede. Un afectuoso saludo y abrazo para Lucia Hernández.

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