El paso de Javier Sicilia

Javier Sicilia salió a las calles Estadounidenses con un puñado de personas más (alrededor de 70), para alzar la voz que mucho tiempo silenció y transmutó en palabras escritas. Desde la muerte de su hijo la voz del poeta tomó múltiples tonos que dejaron a otros pasmados por la fuerza del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, desde aquélla escena en el Castillo de Chapultepec donde el Presidente pedía un “perdón” público por las víctimas de su guerra, y en el trasfondo pedía perdón por arrastrar por el suelo nuestros elementos de seguridad que esencialmente sirven para amenazas externas, la milicia.

En el mundo de la literatura, el camino para llegar a la conclusión de la lectura se construye con el paso de las letras. Después de años de entrenamiento, llenando papeles en blanco e imprimir sentimientos, Javier Sicilia entendió que el camino del asfalto, con las piernas y esperanza, recogiendo sentimientos, es una senda poco más pesada pero que construye una quimera y da una certeza ante la ineludible guerra que actualmente nos aqueja (a pesar de que se han dejado de contar los muertos en los medios de comunicación nacionales).

El Poeta Mexicano dejó el usual sitio de un escritor, el escritorio, para encaminarse por las calles y alzar la voz en alto de la Justicia que merece nuestro País en momentos como este. La fuerza que recibe de su hijo lo llevó a conocer otros casos no menores que refuerzan y le dan una vida pública a su salida: Las Marchas por la Paz.

En diferentes espacios el Presidente aprovechaba para informar a la población, y de esa manera justificarse, que cuando entró en funciones se encontró con un problema gravísimo de corrupción y que es necesario “sacar al intruso de la casa”. Nadie llega a su lugar de trabajo para “saber qué es lo que se encuentra”, un verdadero hombre de estado conocería la situación actual de su territorio político y obtendría un diagnóstico y una posible respuesta a las conductas anti sociales.

Las decisiones que salieron de su suprema garganta han causado más de 60mil muertes, cifra que la denota (pero sin orgullo) la Procuraduría General de la República en sus reportes para prensa, el número nos pone fríos, y acaso amerita la plática de la tarde con el círculo en el que nos desenvolvemos. Vivirlo en carne propia recupera el instinto humano de la supervivencia. El coraje de la muerte imprecisa levantó en el Poeta las fuerzas en las piernas,  y la conciencia que atravesó más de un alma en luto.

Las Marchas en México han sido recurrentes, reflejan el estado de ánimo de la población que ya no está conforme, la conciencia colectiva vive una zona del tiempo de cambios y acaso es un alivio saber que la alarma del reloj cada vez levanta más el ánimo del País. La estrategia del Poeta de recorrer otro País que no es el suyo nos dice algo de trasfondo. Habla que para la parte más sensible de cada ser humano ya no existen fronteras ni culturas. La unión por un mismo fin tan esencial como La Paz nos identifica como iguales.

De acuerdo al libro “Peter Camenzind” de Hermann Hesse, la forma más adecuada para encontrarnos está en lo esencial de nosotros mismos, el habla entre uno y otro en persona no se ha superado con la supertecnología con la que contamos, seguimos siendo más sinceros platicando de frente. La transportación de un lugar a otro con el recorrido en un transporte no supera el conocimiento que recogemos cuando lo hacemos de pie, caminando. Javier Sicilia camina, transporta sentimientos sobre el asfalto para decirnos que aun hay dignidad en México, voces que quieren ser escuchadas

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