24 de enero de 2022 | 16:19
Opinión de Rafael Tonatiuh

    Salario mínimo y aguinaldo máximo

    El salario mínimo subió un 15%, mientras los legisladores se regalaron un jugoso aguinaldo.
    Apoyo a deudores.
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    El salario mínimo es tan bajo, que se presupone que quien lo recibe, terminará delinquiendo (¿o porque razón las multas se tasan en “salarios mínimos”?)

    De 123.22 aumentará a 141.70 pesos (¿por qué las fracciones de .22 y .70? Es ligeramente miserable condicionarle centavos a los pobres. Salvo que se tomen en serio los precios que ponen algunos supermercados: Arroz a 20.22$ y un cuarto de jamón a 30.70$).

    Mientras quienes cobran un salario mínimo ya pueden celebrar que por fin podrán tomar un Uber para ir a cobrar, los diputados recibirán de aguinaldo, 327 mil 973$, y los senadores 214,593$ (¿y a estos por qué lo les ponen centavos? Ah, ya sé, redondearon un peso para el aguinaldo de Lorenzo Córdova “Tatanka”).

    No sé por qué, esta distribución de la riqueza me suena ligeramente insultante, sobre todo porque ni un solo legislador, ha protestado: “¡No chinguen, es mucho dinero!”, y lo devuelven, como la gente humilde que regresa el cambio, cuando le dan de más.

    Un buen diputado u senador, debería ver en esa lanota que se están embolsando, una oportunidad que les está dando Dios para exclamar: “Yo no me merezco este dinero, pues realmente no hice nada para ganarlo. Voy a donarlo a la Secretaría de Salud, para atender el tema de la pandemia”

    Pero si es un mal legislador, haciendo la roqueseñal, exlamará: “¡Con está lana sale para un buen de escorts, cocaína y el enganche de un carrazo!”

    Vamos mal, mi querido “Peje”, si se les da dinero gratis a personas adineradas; es como querer convertir a Calderón al alcoholismo.

    La corrupción no solo se combate metiendo a los transas al bote, sino también evitando conductas que la fomenten, como el elevado pago monetario a personas que no hacen más que crear leyes y aprobarlas, en una cómoda curul (algunos legisladores, mientras roncan en la cámara), mientras gente que se esfuerza, suda y se ensucia las manos, recibe un raquítico salario mínimo.

    Si una persona que podría comer muy bien una chuleta ahumada con papas y una cerveza, se le da dinero para que coma una langosta rellena de caviar y champán francés, se le está fomentado a vivir en el exceso, sus pies se despegarán de la tierra y agarrará vuelo hacia el fantástico mundo de la corrupción.

    Los legisladores no pueden proponer y aprobar sus propios aguinaldos. Esa decisión debería tomarla un grupo de ciudadanos acostumbrados a cobrar un salario mínimo. Sería lo justo. Solo de esta manera, estaríamos avanzando conjuntamente hacia el mejoramiento del país.