Es a los jóvenes a quienes tenemos que cuidar

Del once de mayo a la fecha han pasado apenas doce días y el mundo de la política ha sido trastocado. El once de mayo los estudiantes de la UIA le hicieron una recepción al candidato de Televisa y TV Azteca, de Milenio y de la mafia, que por muchos años no va a poder olvidar. Días después, ese movimiento de protesta se fue haciendo enorme. Exigente, profundo. Despertó a miles de jóvenes que seguían los acontecimientos políticos desde el observatorio de sus escuelas. Con sus libros a cuestas y sus mochilas al hombro se hicieron presentes en actos tumultuarios exigiéndole al duopolio televisivo y a la prensa vendida, que informaran con veracidad sobre lo que está pasando en el país. El alcance de esas protestas y demandas traspasaron las fronteras de la nación. El contenido de las mismas se convirtió en noticia mundial y dejó un torbellino de ideas y de acciones que cimbraron las plazas públicas y las calles de México. En el libro de la historia quedó el registro de la iniciativa y creatividad de miles de mexicanos y por todos los medios posibles dejaron constancia del sentimiento de solidaridad con sus compatriotas. Ideas y acciones políticas sacudieron el carcomido y vetusto aparato de control del régimen político y el más ácido testimonio de una creciente e imparable crítica a los represores y corruptos del PRI

El Sábado diecinueve, el domingo veinte y el lunes veintiuno de mayo fue la apoteosis. El número de jóvenes protestando en zócalos, plazas y calles se multiplicó y el tono de sus demandas creció como la espuma. El centro de la creciente inconformidad tenía que ver con la urgente apertura, veracidad y democracia en los medios informativos. Repudio a la candidatura de Enrique Peña Nieto por representar lo más detestable y atrasado de  las políticas públicas del PRI y por ser él un candidato ignorante y represivo. El punto más importante y destacado de la mayoría de estos movimientos, fue la adhesión política, expresa y comprometida con el Proyecto Nuevo de Nación que Encabeza Andrés Manuel López Obrador.

Los dos últimos días de la semana y el lunes, viví momentos inenarrables. Oír a Elena Paniatokska en su cumpleaños número ochenta y hablar de los jóvenes de hoy estableciendo un parangón histórico con los del 68, simple y llanamente me quebró. Justo el dos de octubre de ese año, a las cinco de la tarde iba rumbo a la terminal de los Ómnibus de México para dirigirme a Chihuahua a una reunión con obreros. En Torreón me enteré de la masacre que Díaz Ordaz les había infringido a nuestros muchachos. Tres años después, en el setenta y uno, Elenita publicó su histórica novela La noche Tlatelolco. A cuarenta y cuatro años esta gran escritora nos vuelve a recordar “que México es un país al que todo le duele, enfermo de corrupción, infectado de violencia” y sin embargo, “si uno se acerca a su corazón, escucha un latido tan enérgico que lo pone a uno a temblar, porque es el corazón de su juventud”  “Los jóvenes son mi fuerza, mi inspiración y mi orgullo” “Creo en ellos como en el Santo Niño de Atocha, en el que confiaba Jesusa Palancares. Sin ellos no tendría sentido teclear un día sí y otro también desde el año de 1953 hasta la fecha”

Esa juventud de la que habla Elena Poniatowska es la que estamos volviendo a ver hoy en el escenario de la vida pública de México. Es la que salió del zócalo el diecinueve y  recorrió Reforma hasta el Ángel de la Independencia para protestar contra Televisa, es la que se congregó en lugares emblemáticos de muchos países del mundo para expresar su adhesión al Proyecto político de Andrés Manuel, es esa juventud que llenó el zócalo sin la presencia de su líder porque éste se reunía con los ciudadanos de Tecamachalco, es la que cimbró la plaza de las Tres Culturas en un acto de convicción multitudinaria y de grandeza colectiva para gritar públicamente que los jóvenes se incorporaban desde ese momento a la lucha por la democracia. Es esa juventud que al unísono levantaba la mano izquierda, abierta y hacia el infinito, para decirle al futuro Presidente de México que van por cinco votantes más por persona, para alcanzar el cambio verdadero. Es esa juventud que con sus brazos al aire, felicitaba a la que pronto será la Secretaria de Cultura del Gobierno de Andrés Manuel. Es esa Juventud a la que le habló Elenita en la UNAM y fue a esa juventud a la que AMLO llamó el relevo generacional que gobernará durante la IV República.

 

                                        QUERIDA ELENA, TE ABRAZA EL PUEBLO.  Foto María Meléndrez Parada

  

El mayor acontecimiento político de adhesión a su campaña, lo tuvo Andrés Manuel con los jóvenes de más de ciento veinte Universidades, Institutos y Normales, públicos y privados, de toda la República. Todos se reunieron en la histórica y heroica Plaza de las Tres Culturas. En este acto grandioso se entrelazaron la enjundia del Nuevo Proyecto de Nación con una fuerza juvenil que apenas parió este combativo país.

Nadie de los que allí estuvimos, pudo escapar de la magia y la empatía que nacieron entre los estudiantes y el candidato a la Presidencia por el Movimiento Progresista. La multitud encontró la razón de su lucha, mientras el futuro Presidente percibía la futura grandeza de este pueblo lleno de dignidad y de esperanza.

Si AMLO y Elena rindieron tributo a los estudiantes del 68, los jóvenes del 2012 están listos para darle a su país su esfuerzo y su voto para convertirlo en una Nación que cambie la vida de sus hijos. Gracias a los muchachos de ayer, escribió la virtual Secretaria de Cultura del Gobierno de AMLO, hoy somos más  “fuertes, más resistentes y le hemos quitado algo de su impunidad al poder. Aprendimos a denunciar y a resistir” Otra vez como en el sesenta y ocho, los estudiantes gritaron con puño en alto que no son ni acarreados ni pagados. Que los agitadores son la ignorancia, el hambre y la miseria”

Quiero terminar mi artículo recogiendo las últimas líneas del discurso de Elenita que le da título a mi escrito. “Hace algunos años -escribió- subí a la rectoría de la UNAM con algún mensaje de López Obrador para Juan Ramón de la Fuente, entonces Rector. Los dos, de pie, nos acercamos a uno de los grandes ventanales de la torre de Rectoría. El Doctor de la Fuente miró hacia la explanada en la que caminaban unos muchachos. Desde lo alto veíamos sus nucas y sus hombros y de pronto me dijo: Es a ellos a quienes tengo que cuidar. De la Fuente tenía y tiene toda la razón”  

 

(Texto leído por la periodista, en la sala Miguel Covarrubias, el pasado lunes 14 de mayo durante el homenaje por su cumpleaños 80 que recibió en la UNAM)

 

Fotos del muro

Fotogalería completa "Estudiantes con AMLO desde Plaza de las Tres Culturas"  

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