La primavera mexicana. El río, los pescadores y la ganancia

Gato, ¿Qué camino he de coger?

El gato le contestó, eso depende de donde tú vayas…

Alicia le dijo… No sé a dónde voy.

Y el gato le replicó: entonces cualquier camino es bueno

Alicia en el País de las Maravillas 

 

¿Qué sucedió a raíz de la presentación del candidato del PRI en la UIA? Algunos le llaman “el despertar” de la juventud mexicana, hecho que comparan con lo acontecido recientemente en los países árabes, por lo que proclaman que estamos ante la primavera mexicana, aunque el término mismo siga a debate entre los estudiosos de estos movimientos sociales en Medio Oriente. 

En México ¿Es así? 

Los jóvenes protestan. Toman las calles. Lanzan proclamas. Gritan consignas. ¡Bravo! dicen unos ¡Por fin! Exclaman otros ¡Ellos sí piensan! Y además se asumen como ciudadanos, en el papel que como jóvenes les toca interpretar. “Protagonistas del cambio”, les llaman. 

Pobre de aquel que se atreva a cuestionar las razones de la marcha. “No entiende nada”, dicen. “No tienen idea”, interpelan. “Están vendidos”, sostienen. “Son descalificaciones de a gratis”, reviran. 

La fuerza de la juventud, dice uno de mis maestros, es un río incontenible de anhelos, sueños, esperanzas y utopías. Ellos son la fuerza del cambio y el motor del mundo, por eso deben ser particularmente cuidadosos al canalizar sus expresiones de descontento. 

Y es que razones para protestar, sobran. Lo que falta es la reflexión acerca de qué están haciendo, qué avalan con su lucha, cuál es el origen del movimiento. Protestar por el hecho de hacerlo, sigue siendo válido, pero entonces, sin un objetivo real y concreto, la fuerza se dispersa y la lucha puede ser capitalizada por aquellos que buscan poder por el poder mismo. 

Es aquí, justamente, donde la marcha de protesta de los jóvenes no me queda clara. Los estudiantes de la UIA han repetido hasta el cansancio que es un movimiento apartidista, sin embargo las razones de los participantes, dicen todo lo contrario. 

Y es que tampoco es un movimiento exclusivamente de jóvenes y estudiantes. Poco a poco se han ido sumando múltiples voces que han dado fuerza a esta lucha, pero algunos de ellos pretenden también capitalizar el descontento, la desilusión y la impotencia de aquellos que legítimamente hacen uso de la protesta como una forma de asumir su lugar dentro de la ciudadanía crítica en México. 

¿Cuál es el contexto en el que se desarrolla la primavera mexicana? Estamos en medio de las campañas presidenciales, con el auge de las redes sociales, que se asumen ahora como “el quinto poder”, en medio de un descontento viral por la forma en que el PAN, el partido de la transición, ha gobernado los últimos doce años: Los dislates de Fox, la estrategia unilateral de combate al crimen organizado, las posiciones de poder otorgadas al SNTE, la tragedia educativa, el poder de los monopolios, 56 millones de pobres, son razones suficientes para protestar, sin duda. 

De ese espectro de demandas, los jóvenes claman por la democratización de los medios. Luchan por obtener información verídica y de primera mano, que sea objetiva, oportuna y pertinente. Estamos inmersos en la sociedad de la información, a un clic de conocer “la versión oficial” y las “extraoficiales” que se vehiculan a través de internet. Sin embargo, pretender que la manipulación de la información y la (des)información se presenta únicamente a través del duopolio televisivo, refleja un desconocimiento nodal del tema. 

La reflexión de Vattimo acerca de que los medios son los grandes constructores de significado de lo real, no toman en cuenta la incursión de las redes sociales en la cotidianeidad de las personas, ni la posibilidad de confrontar lo real del medio con las otras realidades que interpelan cualquier versión a la que apele el sujeto. Es la era de la incertidumbre, dice Édgar Morín. 

Por eso, LA verdad que buscan los jóvenes, no está en un programa de televisión ni en la forma en la que se presenta la información. Los estudiantes deben leer, construir su propio criterio y tener la posibilidad de defenderlo para ser capaces de identificar, analizar y utilizar eso que buscan con tanto anhelo ¿para qué nos sirve la verdad si no sabemos qué hacer con ella? 

Michael Peters y Peter Drucker afirman que vivimos en la sociedad de la información, la sociedad del conocimiento es otra cosa. ¿Qué hacemos con la información que poseemos? ¿cómo analizar todas y cada una de las versiones accesibles a las personas? 

Ayer, en las redes sociales, algunos usuarios atribuían la marcha de los estudiantes a lo que ellos denominan izquierda, en contra de Peña Nieto y a favor de López Obrador, contradiciendo lo que los mismos protagonistas habían afirmado en varios foros. 

A través de los videos que circulan de la marcha y de las mismas redes sociales, veo a intelectuales como Dresser y Taibo  aprovechar el viaje para expresarse en contra del PRI. Están en su derecho, por supuesto.La pregunta pertinente es ¿y la tolerancia? 

Es un hecho que hay personas convencidas de que Peña Nieto es la mejor opción, por insensato que a usted y a mí nos parezca. Llamarles imbéciles a los que ejercen el derecho de pensar diferente, preguntar airados “¿quién va a votar por el PRI?¡díganlo ahora! A ver ¿quién?”, es retroceder siglos en la construcción de la democracia y de la ciudadanía y apostar por el odio y la polarización del país. 

¿Usted qué opina, estimado lector?

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