México el país más peligroso para la libertad de expresión (2 de 3)

Las consecuencias de ejercer el periodismo plasmadas a través de la experiencia de Anabel Hernández

Anabel Hernández, una periodista incómoda

 La familia presidencial (2005), Fin de fiesta en Los Pinos (2006), Los cómplices del presidente (2008), y Los Señores del narco (2010), son libros de su autoría que han creado gran polémica sobre la calidad política en México. Los Señores del narco es el libro que más problemas le ha provocado, ha generado la animadversión de personas muy poderosas, como el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, al cual declara en varias entrevistas, ponencias y cualquier lugar en el que se le permita la palabra, como la persona que la amenaza de muerte.

La razón de su investigación se da al querer narrar las pésimas circunstancias por las cuales pasan los infantes en el  llamado “triangulo dorado” de la droga, que conforman municipios de Chihuahua, Durango y Sinaloa. En ese instante en el que se encuentra en tal zona, le hace llegar a sus manos el abogado del subdirector del penal de Puente Grande, sobre el expediente de la fuga del “Chapo” Guzmán. Se da cuenta de la forma de vivir del narcotraficante, su capacidad de corromper todo a su paso, hasta rasgos de su intimidad. Le surge la duda de, cómo una persona tan primitiva, tan ordinaria, que sólo cursó hasta el tercer año de primaria e hijo de campesinos, logró ser una persona tan poderosa. Solamente pudo haber sobresalido de tal manera con la ayuda de los “otros señores del narco”, y ahí es cuando comienza a revelar los nombres de grandes personalidades, inmiscuidas en el narcotráfico y de igual manera en el gobierno.  

Algunas de las organizaciones no gubernamentales que protegen a los periodistas en México son: Centro Nacional de Comunicación Social (Cencos), Artículo 19, Reporteros sin fronteras, La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Fundación para la Libertad de Expresión (FUNDALEX), Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) Asociación Méxicana de Derecho a la Información (AMEDI). Su principal objetivo es mantener la libertad de expresión y a sus practicantes, protegidos. Aunque cada uno tiene una forma propia de actuar y una especialización.

La clase alta de la República Mexicana se cree inmune a la violencia que acontece en nuestros tiempos, pero están equivocados, y las pruebas dan la cara. La realidad es que hasta que un familiar de un alto cargo gubernamental o empresario acaudalado, o él mismo, es rasguñado por la delincuencia organizada, sienten la inminente problemática.

Los muros más altos, el blindaje más pesado, los guaruras mejor armados, son parte de la solución que ellos creen es la mejor opción, y que a veces resulta; pero tendrán que aumentar con el paso del tiempo. No se combate la raíz del conflicto, la educación, la cultura.

Ellos, que pueden protegerse de tales aires maliciosos viven con temor, ¿qué puede esperar la clase media y baja?, ¿cuáles son los mecanismos con los cuales pueden defenderse? La información, la acción y las voces al unísono, esas son las respuestas. Pero en cambio, se prefiere optar por los programas basura de la televisión; por las sintonías radiales amistosas, que entretienen y sólo eso; por las publicaciones apestosas que distraen y nada más. Los periodistas asesinados, “levantados”, extorsionados son los de la clase media y baja, no los que salen bien vestiditos y perfumados en los canales de preferencia, ellos no arriesgan, ya tienen un lindo salario y el reconocimiento de las masas. No arriesgan en escudriñar un caso perverso, y si lo hacen, no temen, por qué una gran empresa los respalda y millones de ojos los observan. 

Este problema existe en una sociedad en la que todos se rascan con sus propias uñas, y si algo pasa en lares lejanas, se percibe tan lejos, hasta que un día la sangre te salpica. 

 Medios técnicos de transmisión

Los medios por los cuales se transmiten los hechos: los asesinatos, los secuestros, los atentados, las intimidaciones, las extorciones, son pequeños en comparación con las grandes cadenas televisivas y la gran audiencia que se pudiera tener si se contara con su colaboración. La difusión que se le puede dar a la noticia es muy poca, los públicos no se encuentran enterados de los acontecimientos, hasta que la muerte o desaparición de un comunicador haya calado oídos lejanos. El internet, las revistas, las radiodifusoras locales, los periódicos locales son diminutos a parangón con la inmensa sombra de la dolencia. Los nombres de algunas publicaciones son: Blog del Narco y muchos más de su estilo, revistas de oposición al gobierno, izquierdistas, Proceso, Reporte Índigo, Zócalo, Artículo 19, y las páginas de las distintas organizaciones que procuran la libertad de expresión y derechos humanos; y periódicos de circulación nacional.     

Análisis conversacional 

Cuando se habla de un periodista asesinado, se le escucha de una forma tan normal, como si hubiera sido el deceso de un militar, policía o integrante de un bando. En las mismas personas de la carrera de periodismo o similar, la apatía hacia la vida de otro ser humano que practicaba la misma profesión, es grande. Se escucha: para que habla de eso; quien lo manda a meterse en esos asuntos; si ya se lo habían advertido; seguramente estaba coludido con otro bando; hay temas que no se deben de tomar, entre otras muchas barbaridades. Esas palabras que profieren mismos estudiantes comunicólogos ignorantes y hasta profesionistas, son penosas y absurdas. Peores aún se pueden esperar de la sociedad común y corriente.

En el caso de Anabel Hernández, que sigue con vida y en cada medio al que se presenta narra lo que le está sucediendo, los discursos por parte del público son más favorables. En primera, son pocas las personas que saben sobre su caso, por la poca difusión. Segunda, las personas que sabemos de su caso, las que hemos escuchado hablar de propia voz  la situación por la que ha pasado, que narra en persona los problemas que ha surcado, y por los que seguirá en la lucha; por ese fervor, por esa renuncia a guardar silencio, a la negativa de dar la victoria a los injustos y huir a otro país; por esos días y noches de incertidumbre en los cuales no sabe si seguirá con sus hijos viviendo la vida, por ese temor a que lastimen a tu amados, y en demasía por ese feroz valor, que la y los impulsa a buscar la justicia por medio de la letra; por esas causas los que sabemos de la situación, pasamos la voz, hablamos sobre ello, explicamos la importancia del problema, escribimos y nos esforzamos por que la situación algún día cambie. 

Análisis sintáctico 

Cuando un ejecutado pasa a ser parte de una estadística, y no se le da el nombre, el valor humano se pierde y se repetirá en el siguiente muerto. Cuando en la frase: “un periodista fue asesinado en su propia casa, y su esposa e hijo también fueron ultimados” y los nombres no se agregan, ellos son tratados como muebles, objetos que nunca tuvieron vida y por consiguiente la sociedad lo toma sin dolencia.

“Eso les pasa por meterse en cosas que no”, es una frase tan estúpida, refiriéndose a “eso” como la muerte o secuestro, golpiza o extorsión de un periodista, pareciera que la oración la formuló el mismo homicida, por arreglar cuentas con la mafia; “les pasa” es digna de un verdugo: “les” asumiendo que al sujeto, del que se sabe sufrió un percance, se le debe de categorizar junto a todos los que pasen por el mismo destino, como un asunto similar. “…meterse en cosas” trae por hecho que el periodista asumió un papel en prácticas corruptas, que eligió unirse a aquello, al cual no se le da nombre, y resalta la ignorancia de los hechos reales. “…que no”, una negativa, algo que no debería de ser, algo que debe de estar escondido, algo prohibido y nunca esclarecido. Esta serie de palabras son frecuentemente ocupadas, igualmente empleadas para referirse a un delincuente que a un periodista.

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