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Fideicomisos: el ganso de los huevos de oro

Siempre hay un gansito así

El gobierno está metiendo al ganso de los huevos de oro al horno y se lo va a comer y la va a disfrutar, pero se acabará.

La orden del presidente de la república Andrés Manuel López Obrador de extinguir los fideicomisos públicos es una más de las acciones de esta administración encaminada a concentrar el poder en una sola persona y que las decisiones se tomen a capricho del presidente y de nadie más.

Con la eliminación de los fideicomisos el presidente decidirá cómo, cuándo y dónde se van a destinar los recursos federales, esos sí, de acuerdo a lo que él considere prioritario. Sin embargo, junto con los fideicomisos desaparece también la garantía de atender una serie de actividades esenciales en la vida nacional.

¿Por qué existen?

Los fideicomisos tienen una razón de ser y su fundamento se remonta a Inglaterra del Siglo XII, cuando los caballeros partían a Tierra Santa para luchar en las cruzadas y necesitaban proteger sus bienes y asegurar el disfrute de los mismos por sus familiares, por ello depositaba su confianza (trust) en otra persona a la que encomendaban la gestión y administración de sus bienes en favor de su esposa y sus descendientes.

Jurídica y administrativamente, un fideicomiso es un instrumento contractual que tiene un objeto determinado, los bienes y recursos tendrán que ser utilizados en ese objeto y deben estar disponibles para cuando se requieran. En otras palabras, los recursos no pueden ser utilizados para otros fines.

Ante la discrecionalidad con que el aparato gubernamental manejaba —y maneja— el presupuesto, una opción legal y confiable para garantizar que los recursos del presupuesto se apliquen a las necesidades de la sociedad, como desastres naturales, cultura, deporte, economía e infraestructura, fue la creación de los fideicomisos, que hasta antes de su desaparición, cumplían con el objeto social para el cual fueron creados y mantenían reglas de operación totalmente auditables.

¿Corrupción o discreción?

El presidente lo justifica asegurando que había corrupción y compras sin licitar y pone como ejemplo al Fondo para Atención de Desastres (Fonden), donde asegura “hay elementos suficientes para sostener que era una especie de caja chica, bueno, ni tan chica, para funcionarios que compraban de todo aprovechando que había una emergencia sin licitar. Miles de millones de pesos en catres, en láminas de zinc, en todo, a precios elevadísimos. Hay gente que vivía de venderle a Gobernación, de venderle al Fonden, que hacía jugosos negocios; bueno, eso no tiene nada que ver con el hecho de que nosotros tenemos que apoyar a damnificados”.

Por la naturaleza de los desastres naturales, en el caso del Fonden las compras sin licitación pudieron deberse a la emergencia, pero otros Fideicomisos operaban conforme a las reglas de establecidas

En sus mismas palabras y justificaciones, el camarada presidente deja clara la arbitrariedad con que va a manejar los recursos. Asegura que la corrupción está en las compras sin licitación que se hacían, caso particular del Fonden, aunque, en lo que va de su administración, más del 70% de las compras de gobierno han sido sin licitación, lo que equivale a un porcentaje muy alto del presupuesto de egresos de la federación.

AMLO no oculta la discrecionalidad con que se van a operar los recursos que estaban en los fideicomisos, en su mañanera del 7 de octubre lo dejó muy claro, justo el día en que entró el huracán “Delta” a la península de Yucatán con graves afectaciones en los estados de Quintana Roo y Yucatán, dijo a sus paisanos de Tabasco: “Ayer mismo ya dimos la instrucción para que se trasladara el secretario de Bienestar… Entonces, paisanos, ahí va el apoyo para que no la pasen tan mal, informarles sobre esto”.

Los fideicomisos con participación federal cumplían un fin específico importante y, en efecto, permitían a las dependencias evitar el principio de anualidad que establece la Secretaría de Hacienda.

Su extinción deja tres grandes problemas:

1. Respaldar las obligaciones previamente contraídas por los Fideicomisos vía contratos y acuerdos.

2. El saldo remanente, después de cubrir obligaciones, pasará a un uso discrecional del gobierno federal

3. La fuente y mecánica mediante la cual estos Fideicomisos se alimentan hasta ahora, al extinguirse el contrato, igualmente se extinguirán.

Así es como el gobierno está metiendo al ganso de los huevos de oro al horno y se lo va a comer y la va a disfrutar, pero se acabará.