24 de octubre de 2021 | 07:33
Opinión

    La empatía social por el trabajo y la vida

    Día Internacional de la Felicidad
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    Un amigo que ha trabajado mucho por el tema de las vialidades y el transporte como derecho y política pública, comentaba en un tuit la similitud que tiene la protesta por una mujer joven asesinada con la del ciclista atropellado, pues en ambos está latente el tema de la injusticia, el resquebrajamiento del estado de derecho y la indiferencia o la poca efectividad de las autoridades. Nosotros diríamos además, que en ambos casos también está la empatía social por la vida y la integridad de las personas, que ha sido lesionada por la realidad terrible a la que hemos sido sometidos durante muchos años (viendo asesinatos, descabezados, secuestros, matanzas), normalizando la violencia y convirtiendo a las personas en números, en otro encabezado más: “6 acribillados en un bar”, situación que sin duda nos ha dislocado una serie de sentimientos y sensaciones naturales ante el horror.

    Claro, todo cambia cuando esa realidad se acerca, toca a los nuestros, pues sin duda despierta el instinto de supervivencia, hierve la sangre, se remueve el velo que no permitía ver esa realidad y nos enfrenta ante la necesidad de actuar, de gritar, de usar los pies y las manos, de ver en el otro nuestra propia existencia y su fragilidad, de cuidarla. Tal vez un poeta nunca pierde esa sensibilidad, una madre, pero es que ha sido tan abrumadora la realidad que la niebla se ha vuelto muy espesa.

    Ahora cabe entonces preguntarse qué tanto ha abarcado esta deshumanización las formas en que apreciamos la realidad, porque, si lo ha hecho en el tema tan profundo como es la reacción ante la violencia y la vida, debemos observar cómo nos comportamos ante otros hechos como la pérdida de un trabajo y encontrarse ante la posibilidad de no poder darle de comer a una familia, a los cachorros. Pongo este tema porque estar en ese momento es casi como morir, no comer, no saber dónde vas a dormir y cómo será el siguiente día.

    Entonces cuando nosotros leemos datos como: “la pérdida de 1,000,000 de empleos en México con la pandemia, el despido de 45 millones de trabajadores en EU o la falta de pago a cientos de trabajadores de Interjet”, qué tanto estamos entendiendo, sintiendo y apreciando el gran problema que esto significa para tanta gente, son 200 millones de seres humanos los que han perdido en el mundo su fuente de ingreso, de supervivencia. ¿Es sólo un dato? No.

    ¿Cuál es el nivel de empatía social que tenemos y estamos desarrollando por la vida, por el otro, por los temas como el trabajo, y nuevamente, es hasta que nos llega cerca, cuando lo vemos venir, que se despierta el instinto, que removemos el velo?

    Hoy se analiza la necesidad de cambiar muchas cosas, de analizar el sistema económico, repensar el estado de bienestar, ver lo que permitimos hicieran con nuestro sistema de salud por décadas, de dejar a los mismos políticos seguir hablando de ser nuestros salvadores, de permitirles hacer un circo de nuestra realidad, mientras ésta sigue penetrando como la humedad en todos los rincones de nuestra existencia. Pero para lograrlo va a ser necesario que aprendamos a quitarnos los velos, pues una acción de cambio no se logra si no viene de las entrañas, de la razón, porque es allí en donde recuperaremos nuestra capacidad de apreciar al otro, de buscar juntos caminos, de tolerar, de hablar y saber por qué lo deseamos.

    Les mando un abrazo fraterno.

    ** Mtro. Ricardo Landero Aramburu. Maestro en Derecho por la UNAM, abogado postulante.