Columnas

La principal enseñanza de la Guerra de Independencia

Luces encendidas por la IndependenciaCortesía

La principal enseñanza de la Guerra de Independencia mexicana reside en el poder de la educación como motor de las transformaciones político-sociales.

Hoy México celebra un aniversario más del inicio de la Guerra de Independencia, un hito sin precedente en nuestro pasado. El presidente López Obrador la llama la primera gran transformación de la historia de nuestro país (la de él es la cuarta, recordemos)

La Guerra de Independencia mexicana fue el resultado de la evolución del pensamiento de los hombres ilustrados novohispanos. Los criollos, cuyas filas estaban integradas por curas, funcionarios menores de la administración novohispana, poetas, terratenientes, comerciantes y militares al servicio de la corona española, reaccionaron frente a la invasión napoleónica de España y ante el vacío de poder en Madrid provocado por la deposición del rey Fernando VII.

El movimiento independentista, iniciado con la revuelta del Ayuntamiento de la Ciudad de México —encabezada por el virrey Iturrigaray en 1808— seguido del grito de Dolores en 1810 hasta la consumación de la independencia en 1821, sufrió grandes transformaciones ideológicas. Sin embargo, un elemento universal arropó al movimiento de inicio a fin: la ilustración criolla.

Si bien algunos políticos y pseudohistoriadores, imbuidos del marxismo revolucionario y motivados por agendas políticas, pretenden interpretar la historia de la guerra como un movimiento surgido de las masas populares, la historia misma les contradice y les pone en su sitio. El cura Miguel Hidalgo, popular entre los indios y castas, perdió la guerra —y la cabeza— ante las fuerzas realistas debido a la indisciplina de sus tropas; compuestas por hombres iletrados quienes interpretaron la insubordinación no como una reivindicación de los derechos novohispanos abanderados por Hidalgo y los insurgentes, sino como un movimiento revanchista dirigido contra los odiosos gachupines; huestes azuzadas por sus líderes locales, quienes provocarían, a la postre, la derrota del ejército insurgente entre 1810 y 1815.

Finalmente, en 1821, Agustín de Iturbide —otro criollo— ante la desobediencia del ejército realista novohispano frente a las autoridades españolas derivado de la restitución de la constitución de Cádiz —y temeroso de perder sus privilegios ante las corrientes liberales procedentes de España— decide terminar la guerra de independencia; claramente bajo argumentos diametralmente distintos al pensamiento original del cura Hidalgo.

Desde mi punto de vista, la principal enseñanza de la Guerra de Independencia mexicana reside en el poder de la educación como motor de las transformaciones político-sociales. En este tenor, no fueron las masas iletradas quienes encauzaron el movimiento independentista, sino un puñado de criollos ilustrados quienes se erigieron en líderes y gozaron de la capacidad organizativa para impulsar una revolución reivindicativa de sus derechos de nacimiento frente al monopolio del poder político ejercido por los españoles peninsulares.

Desafortunadamente, algunos personajes actuales de la vida política, tales como el diputado Gerardo Fernández Noroña —o el propio López Obrador— buscan presentar la historia de México bajo el lente de los movimientos surgidos “desde abajo”. Vale desmentir esta falsedad histórica propia de los revisionistas marxistas del siglo XIX, pues son las élites ilustradas quienes han impulsado históricamente los movimientos libertarios, desde los burgueses de la Francia revolucionaria hasta los criollos de la Nueva España, de Nueva Granada o del Virreinato del Río de la Plata.

La educación, en suma, es una herramienta inestimable que habilita a los individuos a desarrollar un pensamiento crítico, forjamiento de liderazgo, habilidades intelectuales, capacidades organizativas, competencias de discernimiento, y sobre todo, convierte a hombres y mujeres en ciudadanos capaces de ejercer sus libertades individuales. La historia de la Guerra de Independencia es prueba fehaciente.