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Las habilidades de Ronald Reagan como líder y comunicador brillaron más en tiempos de tragedia. Se convirtió en el pastor de la nación.

¿AMLO, el gran comunicador?

En los últimos días, a raíz de las confrontaciones en las conferencias de prensa mañaneras, he leído muchas referencias a que el Presidente de México es un gran comunicador. Dicen que es un maestro en el manejo del mensaje, que es convincente y que representa mucho para mucha gente. Puede ser. Este debate me recordó la historia de alguien que sí fue un gran comunicador.

En su discurso de despedida de la Casa Blanca, lo reconoció: “en todo este tiempo me gané un apodo, 'el gran comunicador'. Pero nunca pensé que fuera mi estilo, o las palabras que usaba, lo que marcaba la diferencia: era el contenido. No era un gran comunicador, pero comuniqué grandes cosas. Y no brotaron completamente de mi cabeza, vinieron del corazón, de una gran nación, de nuestra experiencia, nuestra sabiduría y nuestra creencia en principios que nos han guiado durante dos siglos”.

El presidente 40 de EU, Ronald Reagan

Ronald Reagan creía en valores; siempre influyeron en sus decisiones. En los años previos a su elección como el Presidente 40 de los Estados Unidos había gran malestar. Por eso ganó. Eran los tiempos posteriores a Vietnam y Watergate. Había un cierto deseo de regresar a los valores bíblicos. La revolución de Reagan fue en realidad un redescubrimiento de valores perdurables y del sentido común.

Los liberales veían la filosofía de Reagan como una forma arcaica de pensar. Así les fue. Nunca entendieron que para millones de estadounidenses estos valores eran parte de su vida cotidiana. Reagan los aprendió en medio de la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial y el surgimiento de la amenaza comunista. Y comunicó estas creencias con gran sencillez.

En sus memorias, Reagan escribió sobre una reunión que tuvo con los redactores de sus discursos. Les dijo cómo quería que se escribieran. No debían durar más de 20 minutos y debían seguir esta estructura: a) díganles lo que les voy a decir, b) se los digo y c) díganles lo que les he dicho. Reagan hacía lo que tenía sentido, lo mantenía simple y siempre reflejaba los valores sólidos y conservadores que hicieron grande a Estados Unidos.

Uno de sus mayores éxitos fue cuando etiquetó a la Unión Soviética como el "imperio del mal". Pero sus ideas fueron reforzadas con acciones. Infundió temor en las mentes de los líderes soviéticos al persistir en el desarrollo de la Iniciativa de Defensa Estratégica, mejor conocida como "La Guerra de las Galaxias". Eso destrozó la economía soviética. Ya no podían competir en una carrera armamentista que los estaba llevando a la bancarrota.

El mejor mensaje de Ronald Reagan, que fue definitivo para poner fin a la Guerra Fría, fue cuando se paró frente al Muro de Berlín y desafió al liderazgo soviético, declarando: “Secretario General Gorbachov, si busca la paz, si busca la prosperidad para la Unión Soviética y Europa del Este, si busca la liberalización: ¡Venga aquí a esta puerta! ¡Señor Gorbachov, abra esta puerta! ¡Señor Gorbachov, derribe este muro!

En el frente interno, el poder de la comunicación de Reagan no tuvo parangón. Ante sus adversarios Demócratas, en el Congreso, les dijo: 

"Ahora, también es hora de hablar sin rodeos sobre el obstáculo que tenemos para controlar los déficits federales".

Levantó un paquete enorme de papeles y lo dejó caer sobre el podio. “Este informe de ustedes tiene 1,053 páginas y pesa 14 libras. Este proyecto de ley tiene seis meses de retraso, tiene 1,186 páginas y pesa 15 libras. Y su resolución se retrasó dos meses, tiene 1,057 páginas y pesa 14 libras. Eso fue un total de 43 libras de papel y tinta, sin resultados”. Reagan resumió su política económica, para poner fin a la era del gobierno enorme.

Walter Mondale intentaba convencer a los estadounidenses que Reagan era demasiado viejo. Durante el debate presidencial en la campaña, el moderador le preguntó a Reagan si todavía tenía la energía necesaria para ser presidente. Reagan le respondió con seriedad: 

"No convertiré la edad en un tema de esta campaña. No voy a explotar, con fines políticos, la juventud y la inexperiencia de mi oponente".

El público estalló en carcajadas. Reagan superó a Mondale con el 59% del voto popular; obtuvo 525 de los 538 votos electorales, el total más alto de la historia.

Su brújula interior ayudó a Ronald Reagan a convertirse en una persona de convicción inquebrantable. No era un político que tomaba decisiones con base en las encuestas. Tenía ciertas creencias fundamentales que dieron forma a sus propuestas políticas. Por supuesto, las habilidades de Reagan como líder y comunicador brillaron más en tiempos de tragedia. Se convirtió en el pastor de la nación.

Reagan fue un orador inspirador. El libro “Speaking My Mind”  es una colección de sus discursos. Ahí se cuenta sobre cómo adquirió la habilidad para hablar mientras estaba en Hollywood haciendo películas y luego como presentador del programa de televisión "GE Theatre". 

Libro “Speaking My Mind” , Ronald ReaganCortesía

Éxito político

Sabía que su éxito político se debía, en parte, a su capacidad para dar un buen discurso basado en dos cosas: 

1. Ser honesto con lo que estaba diciendo.

2. Estar siempre en contacto con su audiencia.

Reagan siempre hacía referencia a que no era ni su retórica ni su forma de decir los discursos lo que lo hacían exitoso, sino el contenido: la necesidad de preservar la libertad individual. Eso sí tenía sentido para el hombre y la mujer que viven en su país. Su regla era hablar con su audiencia usando palabras normales de la vida cotidiana. Cuando le preguntaban que veían los estadounidenses que votaban por él, respondía: “¿Te reirías si te dijera que creo que tal vez se ven a sí mismos y que yo soy uno de ellos? Y añadía: “Si tienes algo en lo que crees profundamente, vale la pena repetirlo una y otra vez".

Muchos analistas hacen referencia a un discurso famoso de Reagan en apoyo de Barry Goldwater en 1964. “A Time for Choosing”. El mensaje contra el paradigma progresista era simple: “Necesitamos un gobierno pequeño pero fuerte. ¿Creemos en nuestra capacidad de autogobierno o preferimos abandonar la Revolución Americana? ¿Acaso una pequeña élite intelectual, en una capital lejana, puede planificar nuestras vidas mejor de lo que podemos planificarlas nosotros mismos?” En ese mensaje, Reagan rechazó el argumento liberal de que "tenemos que elegir entre izquierda o derecha". "No existe tal cosa como la izquierda o la derecha", dijo. "Sólo existe la libertad individual, fortalecida con la ley y el orden, o el totalitarismo".

Un buen discurso debe ser veraz. No debe complacer sólo las emociones. Debe conocer el estado de ánimo de la gente. Con palabras sencillas debe orientar sus pasiones y su imaginación. Defender la libertad, la democracia, la justicia, el estado de derecho y la igualdad. Inspirar confianza a toda la nación.

Ya sea que estemos de acuerdo con él o no, Reagan tenía valores muy claros que impulsaban sus acciones. “A medida que el gobierno se expande, la libertad se contrae”, decía. Ayudó a las personas a creer en ellas mismas. Creía en las capacidades de los estadounidenses y los inspiró a tener confianza en las personas. Construyó una fe en los estadounidenses que no habían tenido en muchos años.

Tenía una visión clara y sentido del humor. Reagan hablaba con frecuencia de que Estados Unidos se convertiría en la "ciudad brillante en una colina", una visión de un Estados Unidos alcanzando su máximo potencial en todos los aspectos y siendo un ejemplo para el mundo. 

La visión de Reagan unió a la nación, capturó los corazones y las mentes de sus ciudadanos. Sí era un gran comunicador