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Parecería que el gobierno de la 4T es sinónimo de crítica; los buenos líderes siempre crean una separación adecuada entre el pasado y el futuro. 

¿AMLO es un buen líder?

¿Cuántas veces hemos escuchado, en las conferencias de prensa matutinas del Presidente López Obrador, la frase: “ya no es como antes”? Parecería que el gobierno de la 4T es sinónimo de crítica, absolutamente de todo lo que se hizo en México en los últimos años.

La verdad es que todo Presidente se enfrenta al mismo desafío: debe enfrentar los logros y las deficiencias de sus antecesores. Administrar tensiones y dilemas puede ser un enorme reto incluso para los líderes que se sienten muy experimentados.

Si el Presidente anterior hubiera sido exitoso, el nuevo Presidente sería juzgado comparándolo con los logros del anterior. Pero al reemplazar a un líder controvertido, es posible que deba responsabilizarse por los errores de su predecesor, al mismo tiempo que debe crear una nueva visión para la organización del gobierno. ¿Basta con pararse en un pie y decir que la única misión es acabar con la corrupción?

“Lo que hacen los buenos líderes cuando reemplazan a malos líderes”

Leí un artículo interesante en el número más reciente de Harvard Business Review. Podríamos traducirlo como “Lo que hacen los buenos líderes cuando reemplazan a malos líderes”. Lo escribe Andrew Blum, fundador y director general de The Trium Group. Se puede leer aquí.

Argumenta cómo un liderazgo deficiente puede dañar una institución, ya sea un gobierno o una empresa. Nos dice que un nuevo líder debe tomar medidas agresivas para salvar la organización, que puede ser escéptica y estar agotada.

Blum nos dice que, con algunas estrategias básicas, es posible no sólo ayudar a una organización a superar un liderazgo deficiente, sino también a transformarla.

Intentaré adaptar el análisis de Blum para el caso de un gobierno y parafrasear sus tres recomendaciones. Creo que pueden ser de utilidad para quienes resulten electos como gobernadores y presidentes municipales en las elecciones del 6 de junio.

1. Reconocer las contribuciones del líder anterior.

Los buenos líderes siempre crean una separación adecuada entre el pasado y el futuro. Muchos se inclinan a criticar e ignorar por completo a sus predecesores o, peor aún, culparlos por todas las fallas y desafíos que enfrenta el gobierno. Esto es especialmente tentador si el predecesor se ve con malos ojos por la ciudadanía.

Pero los buenos líderes reconocen las realidades pasadas, incluida la probabilidad de que cualquier líder, sin importar cuán malo fue, hizo algo bien. Probablemente el nuevo líder tendrá algunos colaboradores que reconozcan algunos logros del liderazgo anterior y tendrán opiniones encontradas sobre lo que salió mal antes y lo que debe hacerse de manera diferente.

Se recomienda a los nuevos líderes que reconozcan cualquier aspecto positivo que haya aportado un predecesor y al mismo tiempo discutan abiertamente el trauma y el daño que crearon dentro de la organización.

El liderazgo exitoso es el arte de equilibrar verdades aparentemente opuestas. Los predecesores ciertamente no fueron inactivos, pero tampoco fueron efectivos o no era probable que lo fueran en el futuro. Por eso perdieron las elecciones. Los buenos líderes deben reconocer ambas cosas de manera directa, auténtica y con integridad.

2. Permitir una visión para el futuro creando un espacio para el perdón.

La mayoría de las acciones de los malos líderes se basan, en parte, en buenas intenciones. Pero a menudo, incluso las mejores intenciones tienen consecuencias no deseadas o, lo que es peor, dan como resultado daños colaterales.

Reconocer la brecha entre las intenciones y los resultados del líder anterior puede ser tan simple como decir "entiendo que los líderes del pasado tenían grandes sueños para este estado o este municipio, pero sus métodos (o enfoque o estilo) no funcionaron".

A menudo, nos juzgamos a nosotros mismos por nuestras intenciones y condenamos a los demás por sus acciones. Recordarle a la gente esto no absuelve al líder anterior, pero humaniza el liderazgo saliente y crea espacio para el perdón. Como dice el refrán "errar es humano, perdonar es divino".

En este contexto, el perdón crea espacio para una nueva visión y dirección. Perdonar permite a las personas dejar atrás el pasado y avanzar juntas hacia el futuro. Los resentimientos tienen una gravedad propia que a menudo nos lleva a repetir los patrones y los errores del pasado. El perdón a menudo tiene el efecto contrario y crea un gran espacio para nuevas posibilidades.

Para crear un espacio para el perdón un nuevo líder podría celebrar una reunión con su equipo de colaboradores más cercanos y hacerles tres preguntas: ¿Qué queremos mantener? ¿Qué queremos dejar atrás? ¿Qué queremos crear de nuevo?

Lo que el equipo va a descubrir probablemente es que muchos de los métodos del gobierno anterior eran efectivos. Sin embargo, también había algunas cosas que debían dejarse atrás. Esa visión equilibrada permitirá generar sentimientos de aprecio y perdón respecto al líder anterior, al tiempo que reposicionar los esfuerzos de seguir adelante como una evolución saludable. No debería haber negación del líder anterior y de lo que se había logrado, sea bueno o malo. Las circunstancias cambian, lo que se requiere es que los líderes evolucionen y se adapten.

3. Comprender las experiencias de sus colaboradores.

Muchos líderes nuevos flaquean cuando simplemente se ven a sí mismos como la fuerza correctiva de sus predecesores sin invertir el tiempo suficiente para comprender el impacto total del régimen anterior, o al no incluir a sus equipos en la creación del futuro. No se convierte automáticamente en un buen líder simplemente sustituyendo a uno malo, o teniendo una perspectiva diferente a la del ejecutivo saliente. En última instancia, el nuevo gobernador o presidente municipal se convierte en un buen líder al conducir a su equipo de manera diferente y más inclusiva.

Quienes triunfen en las elecciones deberían escuchar a las personas que sintieron verdaderamente los efectos adversos del líder anterior y usar esa información para informar su visión. No es sano presuponer. Hay que pensar. Nadie es dueño absoluto de la verdad. Se debe preguntar a las personas dentro del gobierno ¿cómo puedo ayudarlos ahora? ¿Qué es lo que más desean y necesitan en el futuro? ¿Qué esperan que haga? ¿Qué esperan que no haga? Los malos líderes no hacen esas preguntas. Si lo hicieran, serían recibidos con entusiasmo universal porque todos los colaboradores del gobierno verían su voz representada en la visión de futuro.

Blum tiene razón cuando dice que los seres humanos están hechos para seguir adelante y una vez que se sienten realmente comprendidos, a menudo siguen adelante por su propia cuenta. Esto no se puede apresurar, pero si les da una visión de lo que "podría ser", la mayoría de la gente dejará atrás el pasado con mucho gusto. El líder no puede obligar a la gente a seguir adelante, pero sí puede mostrarles que las cosas serán diferentes escuchando y tomando en serio las lecciones que le platican.

Al reconocer la brecha entre las acciones y las intenciones de un líder anterior, volver a comprometerse con su propia visión y preguntar a las personas bajo su liderazgo qué necesitan, pueden estar en el camino no sólo para reemplazar a un mal líder, sino también para convertirse en un líder mucho más eficaz.

Blum concluye su ensayo: 

“Los líderes que se comprometan con estas prácticas liberarán la energía y la sabiduría de las personas a las que dirigen. Al hacerlo, ayudarán a crear un futuro que será distinto del pasado y que tendrá sentido para todos”.Andrew Blum, fundador y director general de The Trium Group.

La pandemia nos enseñó muchas lecciones. Pero la más importante es que sin un liderazgo audaz y visionario, el futuro de nuestros estados y municipios no será uno de tragedia sino de mediocridad. La combinación del tiempo perdido y la incompetencia burocrática conduce a la irrelevancia.