2 de octubre y la parte inflexible; no podía faltar Ricardo Alemán y su intransigencia periodística

Marcha 2 de octubre 2019.
La marcha en conmemoración de los 51 años de la masacre estudiantil de Tlatelolco.Graciela López/Cuartoscuro

La violencia física y verbal, solamente tiene una característica especial: la intransigencia e inconsciencia.

La sociedad mexicana está cansada de la violencia que se desata en las manifestaciones. El espacio público fue uno de los principales epicentros de protesta del CGH, que se constituyó en 1968 a través de la organización de asambleas. La reconfiguración de ese escenario social, mostraba un ciclo de protestas que encauzaban jóvenes que matizaban mejores condiciones sociales y educativas, asimismo, el respeto a la autonomía estudiantil y, un cese a la represión que estaba perpetrando el gobierno de Díaz Ordaz, que había asumido una lucha y cacería incesante con un bloque de adolescentes que hacía eco al descontento de las políticas que afloraban en una tiranía.

Hay argumentos de sobra para marchar cada aniversario; el 2 de octubre del 68, es una fecha imborrable de toda una sociedad mexicana; hay un malestar acumulado; una impotencia y una irritación cuando se instauró una política represiva y golpista, que sometía a mansalva a miles de jóvenes en los espacios públicos; inclusive violando la autonomía estudiantil. En la conciencia de los mexicanos, hemos dimensionado la barbarie que orquestó el gobierno de Díaz Ordaz; hoy en día, mostramos el descontento a través de una expresión pacífica, donde impere la civilidad, el respeto, y sobre todo las garantías de la ciudadanía. Nunca más se debe retener ese clima oscuro y abyecto.

Sin embargo, en los últimos años, grupos de la sociedad civil, se han aprovechado para apartarse de esa realidad que se asigna a vislumbrar episodios de regresión que perturba el ambiente. La expresión del 68: por supuesto que visibiliza la dimensión de esa tragedia que sigue sembrando la sensibilidad de todos los mexicanos; pero no a través de la distorsión, del destrozo y la alteración del orden público; estamos de acuerdo que históricamente esta fecha nos remite a los capítulos más perversos de la vida institucional de aquel gobierno que sucumbió a la comunidad estudiantil universitaria, bajo la estampida feroz y frontal de una represión, pero de igual forma, debemos hacerlo de forma civilizada, organizada y con principios.

Pero no solo transgrede aquella imagen que se cubre el rostro para alterar la concentración, ni aquel infiltrado que busca provocar y desafiar la gobernabilidad; asimismo, hay personajes que impulsan la tensión con los recursos y mecanismos de comunicación, generando una expresión negativa de lo que constituye esta fecha. Ricardo Alemán se ha dedicado articular una narrativa de descontento; ¡está en todo su derecho!, porque México es un país democrático, sin embargo, hay formas de expresar las ideas y el malestar; ¿por qué siempre a través de la descalificación?, ¿por qué con ese odio?, ¿por qué no ser racional? ¡AMLO no es Díaz Ordaz!; ¡Gustavo fue un tirano y un asesino!; López Obrador ha mostrado respeto a la manifestación ciudadana. Esto nos lleva a repensar y reflexionar que la rabia que siente Ricardo Alemán por el presidente, no debe traspasar la barrera del periodismo, o mejor dicho, de la provocación bajo la influencia de un comentario. La idea y el testimonio se sustentan en un marco constitucional, pero preocupa cuando se realiza con una dirección inflexible y acrítica.

Pero la relevancia que produce el 2 de octubre, rebasa estas acciones que han sembrado la concientización de la ciudadanía; resaltó el sustancial empuje que tuvieron aquellos que pacíficamente y a través de consignas, recordaron una de las atrocidades de nuestra historia social y política. La violencia física y verbal, solamente tiene una característica especial: la intransigencia e inconsciencia.

Díaz Ordaz poseía una desafección por aquella juventud que tenía inquietudes, y la característica de construir una mejor condición social, política y educativa. ¡No te equivoques Ricardo!, AMLO ha mostrado señales democráticas que permiten la expresión, y ha prometido no reprimir al pueblo, promoviendo el derecho libre a manifestarse. A pesar de ello, eso no debe dar entrada a la fragmentación y la desagregación que constituye la paz y la armonía.

¡2 de octubre no se olvida!

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