Los intereses ocultos en la pugna por el IEPS

La sustitución del azúcar de caña por la fructosa ha generado grandes pérdidas económicas para los ingenios mexicanos

A principios de esta semana, la Comisión de Hacienda y Crédito Público de la Cámara de Diputados aprobó en lo general la Miscelánea Fiscal para 2016, donde se contempla una reducción del 50% en el Impuesto Especial Sobre Producción y Servicios (IEPS) aplicado a refrescos y bebidas azucaradas, siempre y cuando no excedan los cinco gramos de azúcar por cada 100 mililitros.

Ante esta noticia activistas y organizaciones que integran la Alianza por la Salud Alimentaria, lamentaron dicha decisión y lanzaron toda una serie de acusaciones en contra de los legisladores, a quienes acusaron de haber sido manipulados por cabilderos que trabajan para las grandes embotelladoras de refresco.

Si bien es cierto, según la Organización Mundial de la Salud, actualmente, México ocupa el primer lugar mundial en obesidad infantil, y el segundo en obesidad en adultos, precedido sólo por los Estados Unidos.

También lo es, que esta guerra entre las embotelladoras y las organizaciones no gubernamentales y activistas, guarda otro tipo de intereses.

Uno de los intereses ocultos, es la posibilidad de que estas organizaciones civiles pudieran estar recibiendo recursos económicos mediante donaciones, por parte de productores de los sustitutos del azúcar, quienes se han visto beneficiados con el impuesto IEPS.

Pues a medida de que las empresas refresqueras paguen más impuestos por usar azúcar de caña, la sustituirán por jarabe de alta fructosa, un hecho que en sí perjudica más a los consumidores, pues esta última tiene consecuencias más negativas para la salud.

La sustitución del azúcar de caña por la fructosa ha generado grandes pérdidas económicas para los ingenios mexicanos, quienes han padecido las consecuencias son los habitantes de las regiones en donde éstos se encuentran, ya que se quedaron sin fuentes de empleo.

Asimismo la labor del etiquetado de los productos no ha sido la mejor, esto aunado a la falta de cultura de los mexicanos de leer razonadamente las etiquetas de lo que se consume, le resta valor a los esfuerzos realizados por las autoridades en la lucha por abatir la obesidad.

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