La importancia de Héctor Astudillo

 Héctor Astudillo no es un gobernador más. El éxito o fracaso de este sexenio en materia de seguridad dependerá, en gran parte, de lo que pueda suceder en Guerrero.

El nuevo gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, llega a tratar de reconstruir un estado avasallado por la delincuencia organizada. Asume la gubernatura en contra de quienes pretenden que el estado sea gobernado por asambleas populares, disfraz de lucha social bajo el cual se oculta el poder de la ilegalidad.

Astudillo, hasta hoy un hombre sencillo y con principios, ha venido insistiendo en que si el gobierno federal lo deja solo, él y su gobierno serían aplastados; él, asesinado por el poder del crimen.

Guerrero debe entenderse, en este momento, como algo aparte, por no decir ?declarado en estado de excepción?. Una entidad que se ha vuelto estratégica para la seguridad nacional; que exige decisiones especiales para recuperar una parte de la república hoy gobernada por los cárteles de la droga.

Astudillo sabe que hoy, en las actuales circunstancias, un gobernador de Guerrero puede hacer todo, menos gobernar. Presidencias municipales, empezando por la de Chilpancingo, la capital; procuraduría, policías, campesinos, empresarios, jóvenes, zonas urbanas y rurales están penetrados por el poder del delito.

Aunque con prudencia, el mandatario al tomar protesta soltó la frase: ?Guerrero debe dejar de ser productor de opio?. No dijo más, pero ahí está la clave de la lucha que va a tener que enfrentar su administración.

¿Cómo lograr que la entidad deje de ser el principal productor de amapola del país y con ello el más importante exportador de goma de opio a Estados Unidos?

De acuerdo con un reportaje de CNN y con información de la Secretaría de la Defensa Nacional, los sembradíos, de 2008 a 2009, en lugar de disminuir fueron en aumento. Los campesinos se ven obligados, por hambre, a sustituir el cultivo de maíz por el de amapola.

Un negocio multimillonario que arroja a los cárteles impresionantes ganancias por cada hectárea de amapola sembrada. De acuerdo con InSight Crime, fundación norteamericana dedicada al estudio del crimen organizado, cada kilo de opio obtenido en tierra guerrerense cuesta de 900 a mil 500 dólares. Una vez procesada, cada gramo de heroína llega a venderse en el mercado estadounidense en 3 mil 260 dólares.

Pandoloma, parte del municipio de San Miguel Totolapan, un poblado de apenas mil habitantes y también uno de los más pobres de México, se ha convertido junto con otras comunidades aledañas en el productor de 60% de la materia prima con la que se elabora la heroína.

Según Coneval, Totolapan es uno de los 85 municipios con mayor pobreza alimentaria en la república, con un grado de marginación sólo superado por Cochoapa El Grande ?declarado en 2008 por la ONU como el municipio más pobre del país?, ubicado en la región de La Montaña y donde, según datos del INEGI, 75.81% de la población es analfabeta y 98.63% no cuenta con servicios de salud.

Hoy, la estabilidad política y social del país pasa por Guerrero. Astudillo queda, entonces, al frente no sólo de un gobierno sino de una guerra social y de seguridad, que deberá ganar de la mano del gobierno federal para que éste pueda recuperar, a su vez, la paz nacional.

Héctor Astudillo no es un gobernador más. El éxito o fracaso de este sexenio en materia de seguridad dependerá, en gran parte, de lo que pueda suceder en Guerrero.

@PagesBeatriz

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