La bella Italia

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Adiós a la Bella ItaliaFacebook

Una heladería que fue inaugurada en 1922, lo que evidentemente significa que bajó la cortina cuando solo le faltaban dos años para cumplir un siglo de existencia.

A los enamorados de las Ciudades nos duele -y nos duele mucho- ver morir el comercio de barrio... Más aún cuando se trata de verdaderos hitos urbanos, que a lo largo del tiempo han ganado un merecido valor testimonial, aportando identidad, pertenencia y valor cultural, a las calles y espacios urbanos en que se ubican o ubicaban, y a sus habitantes.

Duele... Claro que duele, porque con su partida perdemos parte de nuestra historia personal, que es, muy al final del camino, la que en verdad importa.

¿Quién no ha visto cerrar su papelería, taller, restaurancito o peluquería de siempre?

Y el caso es que cerró sus puertas La Bella Italia, una maravillosa heladería que ocupaba la planta baja de un magnífico edificio Art Nouveau, ubicado en Orizaba 110, en la mítica colonia Roma, de la Ciudad de México.

Una heladería que fue inaugurada en 1922, lo que evidentemente significa que bajó la cortina cuando solo le faltaban dos años para cumplir un siglo de existencia.

La bella Italia ha sido testigo de la historia de una de las colonias más apasionantes de la capital de México.

La mencionaba José Emilio Pacheco en sus batallas en el desierto...

Fue visitada por hombres y mujeres que dejaron huella en diferentes aspectos de nuestra historia.

Como ya dije, La Bella Italia abrió sus puertas en 1922, cuando México salía de la revolución y tenía como Presidente al general Álvaro Obregón.

Servía helados... Simplemente helados... O bueno; gelatos... Que hoy mamonamente llamarían “artesanales”, pero que para quienes han estado atrás de estos mostradores por casi un siglo, siempre fueron lo de siempre, “solo” más de 30 sabores de helados, preparados, eso sí, con mucho amor y con la receta original de los hermanos Chiandoni, que abandonaron Italia en 1918 para, apenas llegar a México, abrir su primer gelatería en la calle 16 de septiembre, en el meritito corazón de la capital, donde estuvo hasta 1922, que se mudó a una nueva ubicación, en una nuevo barrio que apenas empezaba a despertar, la colonia Roma, hoy tan de moda gracias a su hipsterizado renacimiento y a la película de Alfonso Cuarón.

El nuevo barrio, junto con la colonia Condesa, fue un ejercicio de expansión urbana puesto en marcha allá por 1903, por el presidente Porfirio Díaz, que antes de ser exiliado al triunfo de la Revolución, alcanzó a ver el exitoso despertar del nuevo barrio residencial, que como le gustaba al general, seguía las tendencias parisinas tanto en la traza urbana como en el modelo de desarrollo inmobiliario y la arquitectura.

Queda la anécdota de que entre los promotores de estos nuevos barrios estaban un cirquero (sí, de esos que tenían Circos, llenos de payasos, animales y trapecistas, que recorrían a lo largo y ancho el país), Walter Orrin , y Firio... Sí... Porfirio junior, el hijo del general Díaz.

La Bella Italia se ubicó en una calle y un edificio que seguían la moda de la época, y acompañó a su barrio durante su nacimiento, esplendor, decadencia y renacimiento, aun y cuando, allá por los años 40, los Chiandoni vendieron su negocio a una familia mexicana, que ha mantenido la tradición y los buenos gelatos, y sigue estando al frente de la operación.

Y decía que la Roma vivió una época de decadencia, porque ya pocos recordarán que por ahí de los años 70 había perdido buena parte de su glamour y que el temblor de 1986 vino a marcar un antes y un después, en que muchos de los habitantes tradicionales que quedaban, abandonaron la colonia, dejándola en un abandono que transformó sus usos y vocaciones.

Y ahí seguía la Bella Italia...

Y de pronto, con el nuevo siglo, los centros urbanos y colonias tradicionales se volvieron a poner sexys... La gente quería volver a vivir ahí... O comer, comprar, tomar un trago o pasear ahí.

Y ese despertar empezó a transformar el mercado inmobiliario expulsando a quienes habían sido habitantes o comerciantes tradicionales, afectando, particularmente a quienes no eran propietarios, que salieron del barrio sin el potencial para empezar en otro lado, que sí tenían quienes se iban porque les llegaron al precio para vender su propiedad.

Así, de pronto, igual que ha pasado en muchas ciudades del mundo, un fantasma recorre las colonias tradicionales capitalinas... La gentrificación...

Y el término gentrificación es también una moda, usada, sin mayores precisiones, para referirse a la salida de habitantes o comerciantes tradicionales de determinadas zonas de la ciudad.

El hecho es que no tiene sentido satanizar la gentrificación, porque es en muchos casos resultado del éxito de importantes iniciativas de regeneración urbana, que en ese éxito han ido ganando deseabilidad y plusvalías, atrayendo habitantes y negocios que están dispuestos a pagar más por esas ubicaciones y, en muchos casos, sus valores testimoniales.

Es mala la gentrificación... Pues la verdad es que no... Lo que no tiene es remedio...

Porque entre tantos que se quejan, será difícil que lo hagan quienes ahí viven o tienen sus comercios y son propietarios de esas casas o locales comerciales que han ganado en plusvalía y demanda.

Cabe esperar que cuando sea necesario, las autoridades culturales protejan aquellos inmuebles, e incluso comercios, cuyo valor cultural así lo exija, pero para otros casos, serán la regulación urbana, la demanda y el mercado, lo que definan las formas en que habrán de transformarse esas colonias.

Afecta la gentrificación... Pues sí... Afecta culturalmente en tanto se pierden activos de valor testimonial... Como la Bella Italia...

Afectan en la medida en que las plusvalías encarecen los precios para ventas y rentas de inmuebles...

Afecta en la medida en que lo sexy de la zona abre las puertas a modalidades de ocupación como el coliving/cowoeking o Airbnb, que inevitablemente elevan los precios de las rentas y retiran inmuebles de la oferta destinada a atender la demanda natural de la ciudad.

Y por más que se diga que mucho pueden hacer los gobiernos en este tema, la Plusvalía es inevitable...

Es, como dije, un componente del éxito que se tenga en la recuperación de una zona urbana que se había deteriorado.

Estaré al pendiente de la nueva ubicación de la Bella Italia y de los caminos que tomen los procesos de recuperación urbana de nuestras ciudades...

Ni modo, solo habrá que esperar que todo sea parte de procesos planeados, encaminados a garantizar un mejor futuro para nuestras ciudades, pero, sobre todo, para quienes las vivimos.

Horacio Urbano es presidente fundador de Centro Urbano, think tank especializado en temas inmobiliarios y urbanos

Twitter: @horacio_urbano

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