Columnas

El poder del agua me ha causado fascinación desde la infancia. Como laguna, río, arroyo, mar, anegación, charco, rocío o lluvia; quizá porque nací, crecí y viví en todas esas formas acuáticas y porque en Tabasco el agua abunda y abruma (y al fin, porque los humanoides saltamos del agua). Y al beberla, al sentirla en la piel con el nado o el baño, su poder vital se reafirma, único. Y en todo caso, el organismo vive más tiempo con líquido que con sólidos, ¿no es cierto? Y ese encanto que es poder, temor y necesidad, estética puede ser también; desastre y tragedia o poesía.

Cuando salí de México al exterior, vi cómo, contraria a la experiencia tabasqueña, en grandes ciudades como Nueva York, Tokio, Berlín, París, Roma, Londres o más pequeñas como Venecia, Florencia, Vilna, Malmö, Copenhague, Hamburgo, Frankfurt, Düsselforf, Wiesbaden, el agua no era un inconveniente sino un disfrute vital y estético. ¿Cómo era posible que en Villahermosa –cruzada por dos ríos y con al menos una laguna al medio- se viviera como drama?

Pantaleón Palacio, nacido en 1911 y como muchos campesinos de su época, transportaba en cayuco para comerciar la cosecha de leña, yuca, frijol y maíz hasta el playón de Villahermosa, que era una extensión de tierra firme en tiempo de seca frente al centro de la ciudad. Descargaba en el muelle, construido a fines del siglo XIX, y regresaba colmado de los productos necesarios para la subsistencia en el campo en la zona de Playas del Rosario (práctica que disminuiría cuando el propio Pantaleón Palacio y Ramón Díaz, abuelos paterno y materno, trabajaron en la construcción de la carretera Villahermosa-Teapa durante la gubernatura del escritor Francisco Javier Santamaría -1947-1952-, único sobreviviente de la matanza de Huitzilac en que fueron asesinados Francisco R. Serrano y su gente; brutalidad política recreada por Martín Luis Guzmán en La sombra del caudillo). En realidad, sabían convivir con el agua. Por eso es tan cierta esa frase de que quien en Tabasco se queja del agua o no es tabasqueño o está pendejo. Con los años, queriendo hacer un bien, se cometió al menos un error. Durante el gobierno de Carlos Madrazo (1958-1964) se construyó un malecón más o menos atractivo, sembrado de almendros, pero acotó el río y se edificó sobre el playón, que en tiempos de lluvia se convertía en una anegación natural del Grijalva. Por otro lado, con las décadas, el crecimiento demográfico, la falta de planeación, la corrupción y la ausencia de amor por la ciudad y la naturaleza, llevó al desorden de rellenar lagunas, popales y arroyos para construir sin ningún miramiento. Y el desazolve de las aguas frente a la ciudad, en su trayectoria y sobre todo en el desemboque del río Grijalva (que tendría que recuperar el nombre de “Río Tabasco”), ya incorporado el Usumacinta, al Golfo de México, fue inexistente. Es decir, el agua se volvió caos para quienes viven en Villahermosa y los pueblos y rancherías vecinos a la ribera de los ríos.

Por un tiempo, el malecón de Villahermosa fue agradable y salvaguardó las calles de los desbordamientos, pero el cúmulo de problemas lo hizo insuficiente e ineficiente; se empezaron a padecer inundaciones periódicas hasta llegar a la peor, en 2007. Entonces, los gobiernos federal y estatal materializaron como “solución” una de las acciones más absurdas por no decir estúpidas: una barda para “encerrar” el agua e impedir inundaciones. Y no sólo bloquearon la vista del río, aun en la estupidez fracasaron, pues los desbordes continuaron. Desde que salí al exterior me pareció patético que Tabasco, que Villahermosa no pudieran, en tiempos modernos, convivir de buena manera con el agua y disfrutarla en vez de padecerla.

En colaboraciones para SDPnoticias (desde febrero de 2010), he expresado en varios escritos esa preocupación cuya solución ha sido una utopía. Dos ejemplos recientes:

1. A propósito de 2007: “Y registré, al fin, en lo que concluiría todo: saqueo de los recursos de rescate para el Estado y el envilecimiento de la ciudad de Villahermosa con la construcción de una oscura barda oprobiosa, que impide la bella vista del río Grijalva, a cambio del agradable y casi romántico malecón creado por Carlos Madrazo.

“Octubre-noviembre de 2007 era mi segunda visita a Japón, una geografía circundada, recorrida, bañada por el agua. Ríos y mares que los nipones han sabido aprovechar con sabiduría porque han aprendido a vivir y a disfrutar con y de ellos. Lo mismo que en Europa, donde los ríos y lagos no son una amenaza sino una riqueza, una belleza, un recurso con el que se convive de la mejor manera posible. Y me formulé entonces preguntas que hoy, octubre de 2017, continúan vigentes: ¿será algún día posible que Tabasco y los tabasqueños valoren la grandeza y la belleza de estar ubicados en una zona de abundante agua y aprendan a aprovecharla y disfrutarla, pero sobre todo, a respetarla? ¿Tendrán los gobernantes alguna vez la capacidad, el espíritu y el amor por el Estado y la gente para hacer algo formidable que magnifique la naturaleza tabasqueña? ¿O acaso perecerá todo bajo el agua por la ambición, la corrupción y el egoísmo? Si así fuera, la fiera naturaleza habría hecho su trabajo.

“Durante la presentación de Madama Butterfly, un bellísimo telón de fondo mostraba el puerto y el mar de Nagasaki (ciudad bajo bombardeo atómico en la Segunda Guerra Mundial). En Tabasco se padecía una desventura de agua. Durante los días y horas de descanso me alegré con caminatas a lo largo de la ribera de varios ríos de Japón. Conviví con mujeres y hombres identificados, acostumbrados, felices con el agua. ¿Qué sería necesario hacer en Tabasco para restituirse del mal pasado y transformar la experiencia con la naturaleza de un potencial suicidio ecológico en un bello disfrute vital en paz?” (“Tabasco, inundación 2007 y una ópera desde Tokio”; SDPnoticias, 07-10-17).

2. A propósito del agua y la corrupción: “En vez de convertir a Villahermosa en un paraíso y una belleza entre ríos y lagunas, la convirtieron en un adefesio problemático de concreto y rellenos de pantanos y lagunas que la volvieron más propicia a las inundaciones; al grado de que, en tiempos de Calderón Hinojosa y Granier Melo (2007-8), incluso el malecón fue sustituido por una barda estúpida que impide la vista al rio. Y es que los políticos, en vez de encontrar soluciones convenientes fueron multiplicando los problemas mientras se enriquecían con propiedades y cuentas bancarias en algún paraíso fiscal.

“La belleza del verde y del agua mal regenteada y dominada por la ambición, la corrupción y el egoísmo se convierte… si no en fealdad absoluta porque a final de cuentas la naturaleza se expresa objetivamente, se transforma en un problema que puede ser grave porque el sujeto no comprende o ha dejado de comprender esa naturaleza. Convierte la cultura del agua en industria del padecimiento, la queja, la rapiña y el utilitarismo político.” (“Agua de Tabasco vengo y agua de Tabasco voy: Carlos Pellicer”; SDPnoticias, 08-11-20.

Me sorprendió gratamente que el presidente López Obrador planteara algo semejante en su visita urgente a Tabasco el 18-12-20 para presentar el “Plan de apoyo a personas damnificadas por las inundaciones, desde Villahermosa, Tabasco”. Dentro de una concepción integral que incluye el dragado o desazolve de ríos y vasos de presas, el manejo controlado de estas en términos de la generación de energía eléctrica, y al Programa de desarrollo Urbano y Vivienda, que mejoraría la introducción de agua, drenaje, pavimentación de calles y espacios públicos, hizo una oferta que volvería realizable la utopía planteada arriba:

“De manera especial, resolver en definitiva el problema del malecón de Villahermosa. Yo quiero, entre otras cosas, dejar a mis paisanos esa obra. Cuando uno va a cualquier parte del mundo, a las grandes capitales del mundo puede uno disfrutar de sus ríos; ya sea en París, en Roma, en cualquier capital mundial. Y nosotros tenemos este río que en vez de convertirse en una amenaza tiene que ser algo para el embellecimiento de nuestra ciudad capital, Villahermosa”.

¡Lo que todo el tiempo desde hace casi tres décadas he pensado y aun escrito! Desconozco si el presidente me ha leído o si ha viajado suficiente, pero me alegra que coincida conmigo y seguramente con mucha gente más.

Ante la pregunta de un despistado reportero en la conferencia matutina del 06-01-21, de si podría considerar el deseo de “sus paisanos” de reconstruir el malecón, López Obrador repitió lo ofrecido en Villahermosa desde diciembre. Y si lo cumple, la ciudad, los tabasqueños y los visitantes se lo agradecerán y reconocerán por siempre. Habrá dado forma a un anhelo de seguridad y de belleza.

P.d. La hoy perdida belleza de Villahermosa (y del “edén” Tabasco) ha sido puesta en poesía o canción constantemente. Aquí va la pieza considerada un himno en esas tierras y aguas: “Villahermosa”, de Manuel Pérez Merino.