El voto groupie

En la recta final de las campañas, la contienda tiene a intensificarse, los ánimos a exacerbarse y la tolerancia de Tirios y Troyanos es puesta a prueba en más de un escenario. 

¿Cómo se asume el ciudadano mexicano en esta elección? ¿Es un groupie, un fan, un militante leal, un indeciso, un anarquista, una persona o una masa? La pregunta no es menor si consideramos los posibles escenarios después de la elección. 

Los groupies y los fanáticos son los que tachan de “traidores”, “borregos” y “vendidos” a aquellos que, en consonancia con eso que llamamos Democracia, se atreven a opinar diferente, a pensar en otras formas de hacer política. Los “Pejezombis” y “Prianazis” son solamente el botón de muestra. Se califican así unos a otros porque no son capaces de comprender que estar de acuerdo en que no están de acuerdo es un punto de convergencia y coincidencia a partir del cual pueden construir una nueva visión que les permita convivir en paz. 

Todos los candidatos, sin excepción, tienen en sus filas miembros que representan las peores formas de política…pero es que ellos mismos son políticos. Los únicos que no aceptan lo anterior, son los groupies, los fanáticos, los hechizados con la magia de la esperanza. Eso no es justo ni para el candidato ni para México. Esto sí es peligroso. 

Usted, estimado lector, está en su derecho de votar por quien considere que es la mejor opción para gobernar el país, o asumirlo como piensan algunos: “el menos peor” para México o de anular su voto, si así lo decide. Esas son las prebendas de la democracia. Lo que no podemos hacer es idealizar al candidato, porque de llegar a la presidencia tendrá una misión imposible: complacer a todo el mundo, a los empresarios, a los sindicatos, a los partidos políticos, al pueblo. 

Y si no es capaz de darle gusto a todos ¿qué pasó con sus promesas de campaña? ¿qué pasó con los discursos al sector empresarial, sindical, político, intelectual? O mintió o no sabía convenientemente que existe el congreso y que no puede gobernar solo.

 Enrique Peña Nieto lo sabe y aún así lo firma y se lo cumple, AMLO no se ha deslindado de algunas rémoras que le acompañan a pesar de los cuestionamientos, Quadri se dice liberal, libre y puro, mientras la maestra se relame los bigotes porque su chalán político ha asegurado la permanencia en el escenario político del brazo político del SNTE y la señora Vázquez Mota no ha sido capaz de explicar los nexos con su ex “querida amiga” la lideresa magisterial y con Molinar Horcasitas. Eso es un hecho. 

En cualquier caso, no estamos hablando de timadores profesionales, sino de políticos profesionales. Como puede observar, estimado lector, todos son iguales. La congruencia no es el fuerte de la clase política de este país. 

¿Usted qué opina, estimado lector?

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