México, la herida sangrante

Lebaron
El asesinato cobarde de la familia LeBarón no es un evento fortuitoTwitter

Asesinar mujeres, niños y bebés no es ni será algo que puede ser perdonado u olvidado.

No, no empezó con López Obrador, tampoco con su némesis Calderón, aunque así ahora se pretenda. La violencia empezó con los sembradíos de droga, su trasiego y después su industrialización.

No, la lista de muertos no inicia con cada nuevo presidente. Van sumando a una interminable herida sangrante de futuros cercenados.

No, el asesinato cobarde de la familia LeBarón no es un evento fortuito en la lejana serranía, ni es la primera vez que esa familia enfrenta la muerte violenta por culpa del crimen organizado y la desidia de las autoridades.

Asesinar mujeres, niños y bebés no es ni será algo que puede ser perdonado u olvidado. 10 vidas más segadas que se restan a un país abrumado por tanto dolor.

Hasta las 1 de la madrugada del martes, solo la gobernadora de Sonora Claudia Pavlovich había publicado en su cuenta de twitter algo parecido a una indignación. Mientras la Secretaría de Seguridad Pública había compartido dos publicaciones en dicha red social comentando escuetamente del operativo.

De ahí en fuera, un ominoso silencio traslució en las cuentas de Javier Corral gobernador de Chihuahua, del presidente de México, de la de Olga Sánchez Cordero, o de Alfonso Durazo. Tampoco de Tatiana Clouthier, Ricardo Monreal, Mario Delgado, Martí Batres o Jesús Ramírez Cuevas por mencionar algunos. Ni una nota de pésame, cero muestras de indignación. Como si su silencio callara el horror.

Están equivocados, su silencio solo sirve de resonancia al sordo rumor de que la ciudadanía se siente abandonada. De que la violencia se normaliza, manda sobre nuestra patria y la autoridad solo existe para hacerle frente a un grupo de tuiteros ruidosos.

No queremos como en Culiacán, las versiones oficiales cambiantes. Queremos la verdad de lo que pasó, y mientras la pueden dar, al menos el pésame por la muerte de tantos inocentes.

Los corifeos del régimen piden que apoyemos al presidente. Los restos de la oposición que deje de quejarse. Los criminales se ríen de uno y otros. Pues observan cómo no son capaces de unirse y enfrentar a la verdadera mafia del país. Prefieren seguir peleando en la palestra de las redes sociales.

Necesitamos por ende, un presidente que deje atrás los abrazos y tome las riendas de una situación mortal. Que olvide a presidentes pasados, epifanías e ideologías diversas. Requerimos un estratega que deje de repartir culpas, sepa unir a toda su población y decida enfrentar el terrible cáncer que corroe a México.

Solo así, la violencia que ronda libre por el país, podrá ser enfrentada. Citando a Julien LeBrón (abril 2010): 

“Pidamos a nuestro gobierno un justo castigo para el crimen, para que los inocentes sean respetados y no nos contentemos con nada menos que la libertad”.

Mientras tanto, la herida de un país, del nuestro, sigue sangrando, sus habitantes son masacrados. Los abrazos no han podido detener los balazos, es momento de cambiar.

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