A principios de Julio del año 2004, el hoy Senador por MORENA, Alfonso Durazo Montaño daba a conocer su renuncia a la secretaría particular de la presidencia, siendo su titular el panista Vicente Fox Quesada, y cimbraba a la opinión pública al dejar en evidencia aspectos sombríos de aquella administración, autodenominada del "cambio", uno que por supuesto nunca existió y si así fue, solo quedó en retrocesos, derivados de la inmensa  hipocresía en campaña, basada esta en consignas generales que la mayoría de los mexicanos deseaban escuchar; si algún candidato en la Historia de México ha prometido a cambio del voto un paraíso, éste fue Vicente Fox, frases como "crecer al 7%" o "resolver problemas ancestrales en 15 minutos" también evidenciaron el carácter inmaduro e ingenuo del votante mexicano.

Alfonso Durazo renunciaba, y en la carta en cuestión solo deslizaba, en líneas generales, un caudal de barbaridades de las que con seguridad fue testigo, y sí tenía toda la razón: lo peor estaba por llegar, el infierno estaba a la vuelta de la esquina, la obsesión del presidente por el entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad de México había adquirido tonos enfermizos, azuzada dicha obsesión por su esposa, una pésima caricatura de primera dama mexicana, que ambicionaba, nada menos y nada más, que suceder a su esposo en la presidencia, armando con ese fin, un entramado clientelar por medio de una oscura fundación de triste recuerdo y de nombre "VAMOS MEXICO", que intercambiaba favores a sus donantes a cambio de aportaciones. Los alcances del contenido de aquella carta pública de renuncia se quedaron cortos, incluso pienso que para el emisor de la misma; venía la barbaridad de desbarrancar la candidatura de López Obrador al 2006 costara lo que costara, se intentó desaforar y se logró hacer al Jefe de Gobierno de la Ciudad capital con un pretexto estúpido, dando marcha atrás la presidencia, en un espectáculo de una ridiculez sin parangón en nuestra Historia, gracias a la movilización popular y su enorme y efectiva presión.

Pero el asunto no terminó ahí, no, ya en el proceso electoral, con el aval de la presidencia de la república, se orquestó una campaña de odio y desinformación fraticida, y todo el peso del Estado y los poderes fácticos, esto es, grandes empresarios, iglesia, medios de comunicación, el PAN y el PRI, e incluso grupos fuera de la legalidad, lograron que Andrés Manuel López Obrador perdiera la elección mediante las peores artes conocidas en México, cosa que no es poco decir, máxime cuando ya se había logrado construir un sistema electoral muy confiable, el cual costó décadas y vidas humanas, el cual, a partir de ese proceso, fue paulatinamente perdiendo buena parte de su confiabilidad.

El hoy ya presidente electo, AMLO, declaró hace semanas que los tráilers rebosantes de cadáveres que rondaban por Jalisco, cual película de terror, eran responsabilidad de Felipe Calderón Hinojosa, y simplemente tiene toda la razón, y no solo de los tráilers, sino de todo el escenario de muerte y horror que vive el país desde enero del 2007 y la absurda, criminal y perdida "guerra contra el narco", emprendida por el entonces presidente Calderón para, según él, legitimarse ante el fraudulento proceso electoral que lo llevó al poder. Valentía la de Andrés Manuel en su declaración, sí, pero también valentía ejemplar la de aquella carta, en el verano del 2004, que nos anunciaba que el tan cantado cambio del año 2000 no había sido más que una tristísima farsa.