Columnas

El standup experimental del “Loco” Valdés

Manuel 'Loco' ValdésAgencia México

Estoy seguro de que sus últimas palabras fueron: “Me voy a morir un ratito”.

Falleció Manuel “Loco” Valdés, un extraordinario cómico mexicano, fundamentalmente televisivo, quien hiciera de sí mismo su propio y demencial personaje, dentro y fuera de los foros, pues mucha gente lo vio haciendo locuras en lugares públicos (yo mismo lo vi), quien de manera natural desarrollara un tipo de stand up basado en la improvisación y el surrealismo, asemejándose (de manera involuntaria) a algunos standoperos experimentales norteamericanos, tipo Andy Kaufman, Robin Williams y María Bambord.

Hermano de Germán Valdés “Tin Tan” (otro gran cómico mexicano, fundamentalmente cinematográfico) desde muy joven anduvo en la farándula, sobre todo como bailarín (lo vemos en coreografías de películas de su hermano, como la de “¡Oye, y en dónde estabas tú!”, de “El Revoltoso”).

En 1954, cuando comenzaba la televisión, a alguien se le ocurrió darle un espacio al medio día, cuando se supone que no había mucha tele-audiencia (como los espacios de madrugada a precios económicos para anunciar televentas) para que literalmente hiciera lo que quisiera, así desarrolló el estilo que lo caracteriza, diciendo y haciendo locuras.

“Variedades de mediodía”, de 1954 a 1957, no existen registros en videotape. Es historia oral, no puede verse. Lástima. Los cincuentones conocimos al “Loco” en los 70, por “Ensalada de locos” (legendario programa cómico con Héctor Lechuga y Alejandro Suárez, de 1970 a 1973; donde, sin embargo, el “Loco” no hacía casi nada, pues la mayor parte del tiempo se la pasaba riéndose). Y “El show del loco Valdés” (1972-1974), donde pudimos conocer al “Loco” de “Variedades del Mediodía”, que repetiría en “Variedades de medianoche” (1977) y “La hora del Loco” (1982-1986).

“El show del Loco Valdés” era súper minimalista, consistía en una escenografía con posters psicodélicos y el “Loco” disfrazado de algo, bailando, cantando, haciendo caras, imitaciones, recitaciones, opinando, narrando, actuando, de pronto podía romper el ritmo de una línea narrativa para hablar de otra cosa, o hacer un gag, antes de presentar a un cantante, una bailarina. Era impredecible.

Tenía el estilo reality de “Club del hogar” (1958-1981), pero más enloquecido que el anárquico Madaleno, pues el “Loco” sostenía él solo el programa, y su imaginación era impresionante, recurriendo incluso a personajes imaginarios, como el marciano Colofox.

Recuerdo un programa donde, súbitamente, se abalanzaba sobre una cámara y asustaba a los niños, diciendo que “él no era el tío Gamboín” y “si no se dormían en ese instante se irían todos al infierno”; una vez se quedó pasmado y silencioso frente a cámara, observando a unas hormigas que pretendían pasar justo por donde estaba parado; otra vez cantó un corrido con su hermano Ramón Valdés “Don Ramón”, que estaba de visita en el foro.

Se han dado testimonios de que “Tin Tan” era “pacheco”; el “mood” del “Loco” era más de cocainómano. Muchas “líneas” para resistir. Entre la chamba y el reventón. Tenía muchas actividades: Cine, teatro, televisión, cabaret, fue la época cuando se quedó dormido en su programa; antes de un corte a comercial, dijo: “¿Han visto cómo duerme un loco?” y se quedó dormido en un sillón; cuando regresó el programa del corte comercial, el “Loco” ya no despertó; así tuvo que pagar una de tantas multas impuestas por gobernación: otra fue por pegar un moco de la nariz en la cámara, la más conocida por ir disfrazado de bombero y decir que se “celebraba el natalicio de Bomberito Juárez, casado con Manguerita Maza” (también fue célebre cuando rompió una cámara por jugar béisbol en el estudio).

Esa costumbre de granjearse multas lo convirtieron en una especie de héroe antisocial de la juventud rocanrolera, así como su desinhibición para hacer lo que se le diera la gana, cual ser libre. Una vez lo vi gritar que estaba loco, desde la ventanilla de un carro, y mucha gente cuenta haberlo visto saltando sobre los techos de los coches, o ir de rodillas a la mesa de un restaurante, y pedir a los comensales leche, con voz de niño.

Al “Loco”, como Groucho Marx, le gustaba actuar de manera inesperada. En una entrevista, con todo el elenco del “Tenorio Cómico”, de pronto se levantó y dijo: “Bueno, muchachos; vámonos” y se salió. Estoy seguro de que sus últimas palabras fueron: “Me voy a morir un ratito”.

Que en paz espante.