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  Mascotas, víctimas de la indiferencia del gobierno

Las mascotas son un gran apoyo para las personas con padecimientos emocionales crónicos.Autri Taheri / Unsplash

Una mascota en una familia o en un lugar representa también una responsabilidad, un gasto económico

Para comenzar, en los censos de población, las mascotas son ignoradas, no obstante que en promedio, por cada 10 habitantes en el país hay ocho mascotas que comen, demandan alimento y servicios médicos veterinarios, ello tiene relevancia en la vida sicológica, económica y hasta política de la sociedad, pues prácticamente forman parte de las familias mexicanas.

Ello significa que no hay mexicano que no haya tenido o tenga una mascota, estas forman parte del desarrollo cotidiano de los seres humanos las mascotas para niños y grandes, son compañía, refugio y receptores de las primeras y últimas manifestaciones de cariño y amor que reciben los seres humanos.

En ello se refleja la personalidad de sus amos y de los pueblos, pero también son receptores de las miserias humanas, ingratitud es indiferencia y olvido.

A partir de los años setentas, en el mundo se experimentó un boom de organizaciones civiles y ciudadanas, sociedades protectoras de los animales.

Es en estas organizaciones es donde se encuentra el origen de las instituciones ambientalistas y ecológicas, que encontraron un nicho de oportunidades de participación política en los países, con la fundación de éstas y los partidos ambientalistas y ecologistas.

Esto surgió a raíz de los cuestionamientos a las sociedades protectoras de animales, que en su comienzo, censuraba su preocupación por los animales, con el reclamo de privilegiarlos por encima de sus semejantes, su explicación teórica, hizo que se extendiera la preocupación por los animales, así de los perros, los gatos y demás animales se amplió a una preocupación superior que los incluía junto con los seres humanos y toda manifestación de vida en la protección de los ecosistemas, integrando ahí también el entorno y hábitat de los seres humanos, es así precisamente como se va consolidando el respeto a la naturaleza y su preservación, creando un lenguaje nuevo, rico en conceptos como la sustentabilidad.

Sin embargo, hay mucho por hacer todavía en torno al medio ambiente y, a los seres vivos más desprotegidos, la indiferencia las mantiene aún reducidas a elementales políticas de protección, a los animales en general, particularmente a las mascotas, que viven y conviven con grandes concentraciones de seres humanos, no son consideradas ni por una cuestión de salud o salubridad, ni tampoco se mide su impacto socioeconómico y de sicología social y ambiental en las grandes urbes.

Los centros antirrábicos, como parte de la salubridad pública, en las sociedades desarrolladas, han emigrado a ser las primeras instituciones de protección de las especies vulnerables.

El gobierno se ha visto forzado a crear las condiciones indispensables para evitar el uso de la fuerza y la crueldad en contra de estas especies.

El gobierno no ha dimensionado la importancia de las mascotas en las, el descontrol de la contaminación orgánica y el impacto económico que tiene en la vida de cada familia, pero no obstante eso, se han olvidado de las demandas de servicios veterinarios incluso de emergencias, no hay sectores especializados en ello y los que hay son muy pocos y no cuentan con el respaldo necesario, ni de la sociedad, ni del gobierno, tanto es así, que como ejemplo, en la ciudad de México, no hay respuestas de parte del gobierno para resolver problemas, como animales enfermos o inválidos a los que la única solución que se les ocurre brindar es lanzarlos a la orfandad, abandonarlos, sacrificarlos en los antirrábicos en condiciones de crueldad.

Si la deshumanización la sufren los propios seres humanos, en el caso de los animales el problema es más cruel y dramático, valdría la pena tomar conciencia de ello.

La única institución ejemplar en la ciudad de México, es la fundación Antonio Haghenbeck y de la Lama que cuenta con un servicio de ambulancia para emergencias cuyo costo aproximado del equipo es de más de 300 mil pesos y solamente hay una unidad para la ciudad más grande del mundo, para rescate de animales y atención. Los asilos para animales están ausentes de las políticas públicas, si el gobierno de la ciudad de México que es la capital del país no cuenta con esos servicios, las demás ciudades están peor.

Es por eso que cabe señalar el reconocimiento y no la indiferencia de la importancia de las mascotas en la vida de los ciudadanos, su atención cuidado y por decirlo de alguna manera, el servicio médico veterinario altruista está ausente, menos el oficial. El control reproductivo de las mascotas, no cumple con los estándares internacionales, sensible y respetuoso para su cuidado y reinserción, para encausarlos a otros espacios de convivencia. Se percibe en el futuro la exportación a países que consumen su carne, tanto que se antoja aterrador e indigno de los seres humanos.

Si ha trascendido que no hay medicinas oportunamente en los hospitales para las personas, las mascotas están condenadas a la tortura el sufrimiento y el tormento por las miserias humanas

Una mascota en una familia o en un lugar representa también una responsabilidad, un gasto económico, significa tranquilidad o intranquilidad psicológica, ya sea por la enfermedad de la mascota o del dueño y una representación especial en una sociedad, en la que aún, no se da respuesta ni solución.

Es el momento de reflexionar sobre la responsabilidad que implica el reconocimiento de esas diminutas criaturas peludas, que brindan amor y compañía además de ocupar un espacio en el corazón de muchos mexicanos.

Seguramente habrá quienes digan que es más importante resolver los problemas de las personas antes que los de los animales, pero considero que ambas son importantes en el horizonte de México, a lo largo de la historia de la humanidad, han estado unidos al destino de los seres humanos. No obstante las políticas públicas deben incluir servicios asistenciales extendidos a estos integrantes del espacio doméstico de las familias mexicanas. Instituciones de salud y respaldo para animales, ya forman parte del universo de necesidades de las personas. No se trata de una visión de control sanitario, sino de sensibilidad humana, en que se traduce la esencia de una sociedad. Los mexicanos somos y sentimos como tratamos a los animales, ese si es un indicador ilustrativo de la evolución cultural y educativa de un pueblo. Los primeros auxilios, albergues, servicios médico veterinarios, apoyo en emergencias, son asignatura pendiente en todos los gobiernos, en algunos casos, aparecen solo como membrete demagógico, pero ni en los conmutadores saben que hacer o a donde canalizarlos porque no hay nada concreto. Así, por ejemplo, como existe y ha surgido la Dirección General de Protección Civil, para casos de desastre dependiente de la Secretaría de Gobernación, así igualmente, es el momento de crear una dependencia del gobierno federal y en todos los estados, municipios y alcaldías del país, con presupuesto y personal calificado, otra fuente de recursos humanos puede ser el servicio militar, además de los voluntarios altruistas o también ocupar en ello a los ninis, en lugar de apoyarles a cambio de nada, ahí están las primeras propuestas pero seguramente usted que conoce mejor que yo el tema, podrá escribir su opinión y propuestas, para que nuestras sociedad evolucione.

Debo reconocer que el tema está inspirado en las reflexiones de Poncho, mi hijo Polito, mis nietecitos Rubencito, Néstor Eduardo y Raquelita, mi querida amiga y hermana Jeannette Becerra Acosta, Olivia Coronel, mi admirada Idolina Cosío Gaona, Alan Ortega y de tantas y tantos mexicanos, mujeres y hombres, que aman a los animales y que seguramente se sentirán entusiasmados y convocados para lograr mucho, en beneficio de ellos y de los mexicanos.