Columnas

J.R.R. Tolkien. Una biografía de Humphrey Carpenter

Si usted, estimado lector, es franco admirador de El señor de los anillos, El hobbit  o El silmarillion, entonces sabe que es John Ronald Reuel Tolkien, el escritor que descubrió que estas historias subyacían en alguna parte de su ser y les dio forma, fondo y sustancia para deleite de millones de personas de todos los puntos del Orbe.

 

La biografia que Carpenter escribió de Tolken, es la primera y tal vez la mejor documentada, porque obtuvo de primera mano los diarios del autor de El señor de los anillos, a través el contacto directo con sus cuatro hijos: John, Michael, Christopher y Priscilla, quienes le brindaron acceso directo a las notas, manuscritos y cartas realizados por Tolkien a lo largo de su vida.

 


 

Sus padres vivieron en Sudáfrica porque allí se encontraba la fuente de trabajo del señor Arthur Tolkien, como gerente de la importante sucursal de Bloemfontein, capital del Estado Libre de Orange, pero murió cuando el autor de El hobbit era muy pequeño y su madre Mabel, tuvo que hacerse cargo de la educación de él y de su hermano Hilary.

 

Cuenta Carpenter, que nueve años después de la muerte de su madre, Ronald Tolkien escribió:

 

“Mi querida madre fue en verdad una mártir, y no a todos concede Dios un camino tan sencillo hacia sus grandes dones como nos otorgó a Hilary y a mí, al darnos una madre que se mató de trabajo y preocupación para asegurar que conserváramos la fe”

 

El lenguaje, los idiomas y sus grafías

En su infancia, creó sus propias palabras. Su lenguaje se llamaba “animálico” y estaba construido principalmente por nombres de animales. Este tipo de pasatiempos le dieron una idea cuando llegó a la adolescencia Tolkien se hizo a sí mismo una pregunta nodal que daría origen al lenguaje de toda Tierra Media

 

¿No era posible llevar la experiencia más allá e inventar un lenguaje completo, algo más serio y bien organizado que el nevbosh, que en gran medida era sólo latín, francés o inglés disfrazados?

 

Quenya y Sindarin

 

Los nombres de personas y lugares en La Caída de Gondolin y los demás relatos de El Silmarillion, estaban construidos con los lenguajes inventados por Tolkien. El Quenya era un lenguaje muy influido por el finlandés, posteriormente creó un segundo idioma, hablado por distintos pueblos de Elfos, lo llamó Sindarin y modeló su fonología sobre la del galés, la lengua que, después del finlandés, estaba más cerca de sus gustos personales.

 

Los innumerables reconocimientos que recibió en vida, no se debieron a que fuera el  autor de los best sellers de su época, sino a su invaluable aportación como filólogo[i] y estudioso de las lenguas.

 

 

Tolkien para profesores

 

Tolkien observó una vez, refiriéndose a la invención de lenguajes:

 

“No es tan extraño, sabe usted. Una cantidad de niños, muy superior de la que se supone, tiene lo que podría llamarse un elemento creativo, y no se limita necesariamente a algo determinado. Quizá no quieran pintar, o dibujar, o hacer música, pero de todos modos quieren crear algo. Y si la mayor parte de la educación adopta una forma lingüística, su creación tomará también una forma lingüística. Es tan extraordinariamente común, que una vez pensé en la necesidad de que hubiera alguna investigación orgánica al respecto”.

 

Ni Tolkien ni su biógrafo podían saber que varios años después, Sir Ken Richardson, compatriota, filósofo, filántropo e investigador, que descubrió “el elemento” del que habla Tolkien. Es la pasión, la inteligencia, el conocimiento profundo que tiene el ser humano, desde pequeño, de que es excelente en cierta área que le apasiona por encima de cualquier otra: la danza, las matemáticas, la lectura, la oratoria, el deporte, etcétera.

 

Ese elemento que la mayoría de las escuelas del mundo no toman en cuenta en sus planes y programas de estudio porque éstos se basan en el modelo de la fábrica del siglo XIX, donde había que formar ciudadanos que supieran “hacer cuentas y leer”, para que la economía del mundo pudiera subsistir. Hoy, todo esto ha cambiado, pero la forma en la que están estructuradas las asignaturas, sigue igual. Español y Matemáticas en el cénit, después las ciencias, las humanidades y por último las artes.

 

Y desde su experiencia como profesor, expresó:

“Estoy a favor de ´los lentos y aburridos´. Una proporción sorprendentemente grande de ellos se muestra ´educable´, dado que la primera condición para esto es la voluntad de trabajar un poco”

El hobbit y El Señor de los Anillos

 


 

Dice Carpenter que es una extraña paradoja que estas dos obras de arte literarias sean obra de un oscuro profesor de Oxford especializado en el dialecto de West Mdland del inglés medio, que vivió una existencia suburbana de lo más común, educando a sus hijos y cultivando su jardín.

Sin embargo, a través de su biografía, el lector puede encontrar lo que alguna vez Steve Jobs denominó “connected dots”, que son una serie de eventos aparentemente desconectados entre sí, que dieron origen al éxito mundial de Tolkien: Su niñez accidentada al perder a su padre y después a su madre, la fe católica en la que su madre los educó y cómo dispuso que su tutor fuera el padre Francis, quien motivó, alientó y financió el ingreso de Tolkien al mundo de académico, su matrimonio con Edith Bratt, de quien jamás se separó y a la que acompañó hasta el día de su muerte, sus hijos por quienes sacrificó todo y en honor de los cuales estructuró sus obras, que surgieron precisamente como una forma de entretener a su familia y por si fuera poco, su experiencia en las dos guerras mundiales, en las cuales participó como soldado primero y como ciudadano ejemplar después.

Primera guerra mundial y Sam Gamgee (Gamyi)

 

 

Samsagaz Gamyi

 

Cuenta Carpenter, que Tolkien fue alistado en el servicio militar de Inglaterra, donde sirvió en el frente y pudo apreciar los horrores de la primera guerra mundial. Ya había nacido la T.C.B.S., un club de amigos formado por Tolkien, Christopher Wiseman, R.Q. Gilson y G.B. Smith y cuando estaban juntos “se sentían de un tamaño intelectual cuatro veces más grande”

 

En este período, Tolkien contrajo matrimonio con Edith Bratt

 

“Mi Sam Gamgee (Gamyi) es en realidad un reflejo del soldado inglés, de los asistentes y soldados rasos que conocí en la guerra en 1914, y que me parecieron tan superiores a mí mismo”

 

Su amigo Rob Gilson murió en La Boisselle el 1 de Julio, conduciendo a sus hombres el primer día de la batalla. Tolkien dijo al saber la noticia:

 

“En este momento, no me siento parte de un cuerpo completo. Con sinceridad, siento que la T.C.B.S se ha terminado”, pero Smith contestó: “La T.C.B.S. no se ha terminado ni lo hará jamás”.

 

También Smith murió cuando caminaba por la calle de un pueblo detrás de las líneas y una granada explotó cerca; fue herido en el brazo y en el muslo. Se intentó la operación, pero la gangrena ya se había declarado.

 

Antes de morir, Smith le envió una carta que decía al final:

 

“(…)Que Dios te bendiga, querido John Ronald, y que digas las cosas que yo intentaba decir cuando yo no esté para decirlas, si esa es mi suerte”

 

Estas palabras constituyeron un claro llamado para Tolkien.

 

A Tolkien lo rescató del frente de guerra la “pirexia de origen desconocido”, como la llamaban los oficiales médicos. Para los soldados se trataba de “la fiebre de las trincheras”. Era transmitida por los piojos, causaba alta temperatura y otros síntomas, y ya miles de hombres habían padecido la enfermedad.

 

Gandalf

 

 

En 1911, Tolkien hizo un viaje a Suiza con su hermano Hilary y justo antes de iniciar el viaje de regreso a Inglaterra, compró algunas postales. Entre ellas había una reproducción de una pintura del artista alemán J. Mandelener. Se llama Der Berggeist, es espíritu de la montaña, y muestra a un anciano de barba cana, sombrero redondo de ala ancha y largo manto, sentado en una roca debajo de un pino. Habla con un fauno blanco que está frotándose la nariz con las manos, al que observa con expresión cómica y a la vez compasiva; a lo lejos se vislumbran unas montañas rocosas. Tolkien guardó con sumo cuidado esta postal y mucho más tarde escribió en el sobre donde la conservaba: “Origen de Galdalf”

 

Shelob. La araña

 

 

Las arañas venenosas aparecen más de una vez en sus narraciones, tal vez porque cuando era pequeño y vivía aún con sus padres en Sudáfrica, Ronald pisó una tarántula.

 

“El animal lo picó y el pequeño comenzó a correr aterrorizado por el jardín, hasta que la niñera lo alzó y le extrajo el veneno chupando la picadura” dice Carpenter.

 

Bárbol

 

 

Este personaje proviene del amor de Tolkien por la naturaleza y su reacción viral en contra de la industria, el concreto y la priorización de la economía por encima de la tierra. El respeto y amor de Tolkien por la naturaleza, está presente a lo largo de su obra.

La Fe católica de Tolkien. Nodal en su obra

 

El Silmarillion, El Señor de los Anillos y el Hobbit, eran obra de un hombre profundamente religioso. No contradice el cristianismo, dice Carpenter, sino que lo complementa.

 

En sus leyendas, no se adora a Dios, pero Dios está allí, de forma más explícita en El Silmarillion que en su continuación, El Señor de los Anillos. El universo de Tolkien está regido por Dios, El Único. Por debajo de Él, en la jerarquía, están los Valar, guardianes del mundo, que no son dioses, sino potencias angélicas, sagradas en sí y sujetas a Dios; y en un terrible momento de la historia, ponen el poder que ellos tienen en Sus manos.

 

Tolkien fundió su mitología en este molde, dice Carpenter, porque deseaba que fuera remota, extraña y que, al mismo tiempo, no fuera mentira. Deseaba que sus relatos mitológicos y legendarios expresaran su propia visión moral del universo; y como buen cristiano, no podía situar esta visión en un cosmos donde no estuviera el Dios que él adoraba.

 

La verdad eterna que subyace en todas las cosas del mundo

 

Cuando escribió el Silmarillion, Tolkien creía que en cierto sentido estaba escribiendo la verdad. No se trataba de que esos pueblos que describía, los “elfos”, los “enanos”, los malévolos “orcos”, hubiesen recorrido la tierra ni realizado los hechos que él registraba. Pero sentía o esperaba que sus relatos eran de algún modo la encarnación de una profunda verdad.

 

De alegorías, inventos y descubrimientos

 

Esto no significa que estuviera escribiendo una alegoría; lejos de ello, a menudo expresó su disgusto por esa forma de literatura. “Me desagrada la alegoría apenas la huelo”, dijo una vez, y frases similares se repiten en sus cartas a los lectores de sus obras. Entonces ¿en qué sentido suponía que El Silmarillion podía ser verdad?

 

Parte de la respuesta, dice Carpenter, puede encontrarse en su ensayo Sobre los cuentos de hadas y en Hoja de Niggle: ambos sugieren que un hombre puede recibir de Dios el don de registrar “una brusca vislumbre de la realidad o la verdad subyacente”

 

Mientras escribía El Silmarillion, Tolkien afirmó:

 

“Surgieron en mi mente como cosas ´dadas´, y se vinculaban entre sí a medida que iban llegando. Una tarea absorbente, aunque llena de interrupciones, no sólo por las necesidades de la vida, sino porque mi mente volaba hacia el otro polo y se entregaba a la lingüística; no obstante, siempre tuve la sensación de registrar algo que ya estaba ´allí´, en alguna parte, jamás la de ´inventar´”

 

En su biografía, se observa que más o menos en la época en la que Tolkien decidía llamar a su libro El Señor de los Anillos, Chamberlain firmaba el acuerdo de Munich con Hitler.

 

Tolkien, como muchas personas en ese momento, no sospechaba tanto de las intenciones alemanas como de las rusas, sin embargo, esto no significa que la ubicación de Mordor en el este (Mordor era la sede del mal en El Señor de los Anillos) fuera una alusión simbólica a la política mundial contemporánea.

 

La distinción entre símbolo y referencia

 

“Detesto cordialmente los símbolos en todas sus manifestaciones, y desde que fui lo bastante mayor y avisado, siempre lo he hecho. Prefiero la historia, real o ficticia, con sus múltiples referencias, para el pensamiento y la práctica de los lectores. Creo que muchos confunden referencia con símbolo; pero la primera reside en la libertad del lector, y el segundo en su intención de dominar”

 

De Hitler

 


 

“El pueblo de este país –decía en 1941- no parece haber comprendido todavía que, en los alemanes, tenemos un enemigo cuyas virtudes (pues así hay que llamarlas) de obediencia y patriotismo son, en general, superiores a las nuestras. Yo tengo, en esta guerra, un ardiente resentimiento personal contra ese rubicundo, pequeño e ignorante de Adolf Hitler, por arruinar, pervertir, malversar y tornar para siempre maldito ese noble espíritu nórdico, una suprema contribución de Europa que siempre he amado e intentado mostrar en su verdadero esplendor”

 

Dijo a su hijo:

 

“Estamos tratando de conquistar a Sauron con el anillo”

 

C.S. Lewis

¿Ha visto leído usted la obra “El león, la bruja y el ropero” de C.S. Lewis que ya fue llevada al cine? Ese señor fue contemporáneo de Tolkien y uno de sus más cercanos y entrañables amigos.

Tolkien de hecho convirtió al cristianismo a Lewis, pero ese fue, paradójicamente un punto que también los alejó, porque el autor de Las Crónicas de Narnia no profundizó en la Fe.

Su conversión fue una noche al calor de una conversación que revela el alma, mente y corazón de Tolkien

-       Pero los mitos son mentiras –dijo Lewis-, aunque esas mentiras sean dichas a través de la plata

-       No –dijo Tolkien- No lo son.

Y señalando las ramas de los grandes árboles de Magdalen Grove dobladas por el viento, inició una nueva argumentación.

-       Llamas árbol a un árbol –dijo- sin detenerte a pensar que no era un árbol hasta que alguien le dio ese nombre. Llamas estrella a una estrella y dices que es sólo una bola de materia describiendo un curso matemático. Pero eso es simplemente como la ves tú.

-       Venimos de Dios –continuó Tolkien, e inevitablemente los mitos que tejemos, aunque contienen errores, reflejan un astillado fragmento de la luz verdadera, la eterna verdad de Dios.

Al exponer esta creencia en La Verdad inherente a la mitología, Tolkien revelaba el centro de su credo filosófico como escritor, el mismo que se encuentra en el corazón de El Señor de Los Anillos, El Silmarillion y El Hobbit.

Y de ahí surgió la Mythopoeia. Es decir, la acción de hacer mitos en los que, invariablemente, subyace la verdad eterna.

Tolkien murió el 2 de septiembre de 1973, a los ochenta y un años de edad.

Esta biografía es imperdible para comprender la mente de un hombre que a través de su obra, revela cuán de bueno hay en el mundo, porque ahí subyace la Verdad eterna y no es a través de los buenos y los malos que están presente en sus textos, sino en los matices y dilemas morales que Boromir y Gollum, por ejemplo, tienen en los roles que juegan en la historia de El Señor de Los Anillos.

¿Usted qué opina, estimado lector?

 

[i] http://lambenor.free.fr/ardalambion/vice.html