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AMLO, la Revolución Pasiva al tercio de su mandato: hacia un gobierno popular de reconstrucción nacional

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Al tercio cumplido de su mandato AMLO se orienta a consolidar un gobierno de orientación popular para la reconstrucción nacional de donde emerja una Cuarta República. No afirmamos que ya exista, sino que es la dirección política fundamental de su gestión pública al frente del Estado mexicano, son los términos fundamentales del proyecto nacional, que ofreció en sus casi 20 de años de campaña por todo el país. No considero que deba haber ningún tipo de triunfalismo, pero tampoco de subestimación de los cambios logrados en un contexto marcado por dos poderosas circunstancias que lo han condicionado: la intensa lucha ideológica-política-mediática que han ofrecido los adversarios del cambio progresista, en donde ha habido de todo: desde intentos de construir un discurso programático alternativo al de la presidencia, hasta las más rupestres calumnias y ataques como la de llamar a su gobierno “neocomunista” de la senadora Lily Téllez o de los spots del PRD en donde se le ataca por “no usar cubre bocas” en sus alocuciones y discursos. 

Sería deseable que la alianza de derecha con hegemonía de la gran empresa que se construye a pasos acelerados para confrontar al gobierno de la 4T-4R en las elecciones federales de julio de 2021, se conduzca con altura, dispute el poder con alto nivel y con un programa claro de gobierno, que realmente sea una opción distinta al actual. La lucha real por el poder es la lucha ideológica-política de propuestas programáticas de gobierno. La disputa mediática es parte de ello.

He sostenido en otras publicaciones que AMLO encabeza lo que en la tradición política occidental se denomina una “revolución pasiva” categoría de análisis inicialmente usada por Vincenzo Cuoco y luego desarrollado por Antonio Gramsci, y usado para diversos análisis políticos y episodios históricos de los procesos latinoamericanos, en países como Argentina, Perú, Chile y otros, y en menor medida para analizar procesos políticos en México, por pocos historiadores, pero los hay.

Para decirlo en términos sencillos, una revolución pasiva es un concepto que se refiere al cambio social no radical, no rupturista de un modelo o sistema ideológico, político, social y económico que entró en una aguda crisis, en donde la clase política que gobernó hasta entonces, ha perdido toda legitimidad, consenso y apoyo social. Se le llama “crisis orgánica del poder” y “crisis de hegemonía”. Se trata de una transformación gradual que desarrolla los cambios dentro del marco legal, sin confrontaciones violentas, y buscando los consensos mayoritarios para ello, y que puede necesitar años o generaciones para llevarse a cabo. Los cambios implican cuestionamientos y surgimientos de nuevos paradigmas sobre los diversos aspectos y temas de la agenda pública. 

Una característica fundamental es que se agudiza la lucha política, y ello abre siempre la posibilidad de que las fuerzas sociales y políticas que resisten y actúan, puedan modificar la correlación de fuerzas al nivel nacional y recuperar el poder deteniendo así el proceso de transformaciones para regresar al statu quo anterior. Por ello ésta etapa es de fuerte inestabilidad socio-política y de confusión en las concepciones sobre las problemáticas nacionales porque se cuestiona casi todo el conocimiento anterior obtenido. La revolución pasiva, por ello también, puede ser de contenido progresista o conservadora. La actual es progresista.

El gobierno actual ha logrado avances importantes, no ha podido avanzar en ciertos campos: decir llanamente que la economía actual está peor que en cualquier otro sexenio es ignorar olímpica y malintencionadamente todo el problema que hundió la economía global en una severa recesión llamada pandemia global Covid-19. Se ignora además que hay un proceso de modificación del modelo económico neoliberal, por otro cuyo eje fundamental sean los regímenes de bienestar social y la distribución del ingreso por la vía de la economía pública. No es serio desde el punto de vista analítico y político ignorarlo. En seguridad son diversos los cambios logrados, pero no se ha consolidado, ni siquiera de manera extendida en toda la república, el nuevo modelo promovido de Seguridad y Protección Ciudadana, sigue habiendo cinco modelos distintos de seguridad pública. En Seguridad Nacional y Seguridad Interior el nuevo paradigma no se ha podido consolidar porque no se ha difundido adecuadamente, el nuevo paradigma tiene como referente la Agenda Interna de Riesgos y Amenazas y la vinculación de su funcionamiento con el respeto irrestricto a la Seguridad Humana. Los casos recuperados de Ayotzinapa y otros exhiben un compromiso de Estado con los Derechos Humanos.

Ni tampoco la filosofía de pacificación como alternativa a la “guerra contra las drogas” dictada desde Washington ha tenido el consenso deseado: se ha renunciado a una victoria policiaca-militar contra las organizaciones criminales para parar la carnicería anterior, no se renuncia a una victoria socio-política y cultural. Los avances contra la corrupción son muy importantes y prometen mucho, pero aún está por verse lo mejor: los grandes líderes de la mafia de Estado vinculados a proceso judicial (EPN, FCH, VFQ, CSG). Y en materia de los programas sociales su elevación a nivel constitucional marca un antes y un después, lo mismo los cambios en el régimen político: cancelación del fuero constitucional como cambio histórico. El rescate de PEMEX menospreciado por la oposición porque ellos hicieron todo lo posible por acabar con la petrolera estatal, es explicable, pero si logra levantarla este sexenio, será una verdadera obra histórica. Menospreciada por quienes la saquearon hasta el cansancio, por vías legales y mafiosas.

Lo más complejo ha sido el manejo oficial de la crisis pandémica, por su tremenda complejidad, porque todos los sistemas de salud en el mundo incluyendo la OMS reaccionaron tarde, por el enorme desconocimiento del agente patógeno mismo (el virus), y por la situación estructural del sistema de salud en México, haber construido en dos años 150 hospitales, generar una capacidad instalada que afortunadamente no ha colapsado y estar a punto de adquirir un primer lote de 80 millones de vacunas anti-Covid 19. No es algo menor, sino muy grande, pero no obstante creo que hay un tema mayúsculo: ¿por qué en otros países se mueren mucho menos pacientes contagiados que en México? Esto debe explicarse con suficiencia, difundirse, y si hay necesidad de cambios, procesarlos sin mayor rubor científico, clínico y político. E incluso, aceptar errores, dentro de un proceso mundial de aprendizaje pandémico.

Falta largo trecho para afirmar que los cambios son irreversibles, es posible la reversión debido a la naturaleza de la revolución pasiva, pero hasta este momento la correlación de fuerzas, la voluntad colectiva, favorece el proyecto de la 4T-4R. Los cambios de paradigma en muy diversos espacios de la vida pública generan una intensidad en la lucha ideológica y política que divide los campos de la política nacional efectivamente: entre quienes están a favor de las transformaciones con sentido progresista para México aunque puedan estar en contra de su líder, o quienes militan en la regresión histórica, en lo que fue “el cambio neoliberal” que duró 30 años con toda la catástrofe que dejó en tantos aspectos de la sociedad mexicana y ha sido contenido por un proceso de cambio de signo opuesto.