Andrés Manuel López Obrador desde adentro

Andrés Manuel López Obrador. El nombre que define la Izquierda en México. Para algunos es la esperanza del nuevo camino, para otros representa el cambio de juego de la vida de un País que se cae a pedazos, pero que prefieren seguir usando las costumbres para su propio beneficio.

El vitoreo de la gente era abrumador, me cobijaba. Cada Estado de la República que recorría me recordaba del líder que traigo conmigo. La gente que acompañaba a los mítines aun tenía esperanza, sus ojos apuntaban a mí como una nueva forma de certidumbre, sus manos querían tocar mi cuerpo una vez que pasaba cerca de ellos, como si se tratara de un milagro vivo, hablaba con franqueza, siempre pausado pero convencido de mi discurso, veía la multitud y no me quería alejar de ella, tal vez me he vuelto adicto a la masa, tal vez quisiera sentir siempre el calor de sus manos, es como un sentimiento extra que quisiera tener siempre. La Izquierda sería otra, acaso con menos fuerza, si mi nombre no estuviera grabado en la historia de las campañas electorales en México.

Todo ha pasado ya, y sigo haciendo faramallas como en el 2006, le pido a la gente que tenga esperanza, la misma que me brindaron en la campaña, para hacer fuerza y que se anulen las elecciones. He perdido auge con las personas, unas se retiraron de mis filas después del resultado del primero de Julio pero hago caso omiso de eso, no lo platico a los medios. Platico que tengo el respaldo de la gente, y que hay muchos que aún quieren un cambio en el País. Eso me alienta a seguir en esto, en el camino legal, en las pruebas contundentes que califiquen de ilegales estas elecciones, y mi quimera: Ser Presidente de México.

Pero, ¿Qué sucede con la Izquierda en México? He tomado el monopolio de la fuerza, por egoísmo de altura la consciencia de mis seguidores me funciona para seguir haciendo titulares en la prensa, apuntar al corrupto o a los corruptos del partido político. He caído en la desidia, no he dejado pasar a otros nombres que podrían tomar la estafeta y correr más lejos y más alto. Mi edad y mi reputación tienen algo en común: están gastadas. A veces pasa por mi cabeza que la vida política de México tiene que renovarse para crecer y el camino del pasado me ha enseñado que las voluntades ajenas y poderosas de México hacen mucho porque no tome protesta como Presidente.

Suena en mi cabeza un nombre. La estafeta la dejaré por presión más que por voluntad, sé muy dentro de mí que aquél sucesor tiene más fuerza en la plataforma ciudadana, y probablemente hubiera hecho temblar los 20 puntos de ventaja en las encuestas que en mí se burlaban. ¿Qué nombre de la izquierda debería tomar la estafeta? Fácil, ya se lo imaginan y acertaron: Marcelo Ebrard Casaubón.

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