Del #freethenipple a la autocensura de Playboy

Del #freethenipple a la autocensura de Playboy
En tiempos en que se lucha por quitarle carga social al desnudo femenino, la revista que hizo millones mostrando desnudos decide dar una vuelta a su política editorial.Mandel Ngan / AFP

En tiempos en que se lucha por quitarle carga social al desnudo femenino, la revista que hizo millones mostrando desnudos decide dar una vuelta a su política editorial.

México.- Este martes Playboy, la revista para caballeros más exitosa de todos los tiempos, anunció la decisión de suprimir los desnudos totales de sus páginas, en concordancia con la misma medida que tomó para su sitio web algunos meses atrás. Con esto, la revista ?que ayudó a Estados Unidos a llevar al sexo de lo furtivo a lo ubicuo? (de acuerdo con el New York Times) abandonará la práctica que le hizo ganar miles de millones de dólares, aunque, por desgracia, no lo hace por las razones correctas.

Si bien la noticia podría dar esperanzas a un país donde la quinta parte de las mujeres que entran a la universidad serán víctimas de violencia sexual durante su estancia, en realidad el grupo editorial toma la medida motivado por aspectos económicos, en medio de una cruda realidad: la pornografía no solo está en todos lados, como bien apunta el Times, sino que está en todos lados y disponible sin pagar un solo centavo.

?Ahora estás a solo un clic de todos los actos sexuales imaginables en forma gratuita. Por lo que es algo pasado de moda en este momento?, declaró el CEO de la empresa, Scott Flanders, dejando en claro que dejarán de publicar desnudos debido a la urgencia por adecuar sus contenidos a nuevas audiencias y no como muestra de arrepentimiento tras más de seis décadas de explotación del cuerpo femenino, cuerpo, hay que decirlo, mayoritariamente blanco.

En efecto, la revista que en sus mejores tiempos llegó a vender más de 5 millones ejemplares al mes (cifra espectacular para un producto tabú que apenas alcanzan un puñado de publicaciones hoy en día) cuenta apenas un puñado de modelos no caucásicas. Vamos, hasta la primera conejita de raíces negras, Jennifer Jackson, luce tan maquillada en las fotografías que la revista publicó en 1965 que más bien parece una persona blanca que pasó un par de días en la playa. Si algo ha hecho Hugh Hefner a lo largo de su vida es perpetuar al ojo claro y cabello rubio como íconos centrales del ideal de belleza en uno de los países más diversos del mundo.

Por demás está decir que Playboy continuará valiéndose de fotografías de mujeres en poses altamente erotizadas para vender, por lo que vale preguntar si el mero acto de cubrir algunas de sus partes sirve realmente de algo en una época en la que se intenta desexualizar al cuerpo femenino. En un mundo primordialmente masculino, en el que las decisiones políticas y económicas muy pocas veces están basadas en una perspectiva de género, dejar de promocionar la desnudez femenina sin disculpa alguna, sin reflexión o reconocimiento de los errores del pasado, se convierte en una falta de respeto más hacia las mujeres. El hecho equivale a aceptar una verdad evidente: que el cuerpo femenino sigue siendo una mercancía, o al menos se explota mucho más que el masculino. En un tiempo en que ya no conviene, en términos económicos, mostrar justo esas tres partes que la sociedad se ha encargado de satanizar, simplemente pueden dejar de mostrarse, pues al cabo los senos, nalgas y vaginas femeninas son mercancía y, en momentos sin demanda, hay que dejar de ofrecerlos.

Resulta lamentable que la principal razón de Playboy para dejar de publicar desnudos sea poder mostrar sus contenidos en redes sociales como Facebook. Alegar que dicha herramienta virtual de socialización está al alcance de menores de edad y por eso hay que mantenerla libre de desnudez es precisamente dar por buena la idea de que el cuerpo femenino es una mercancía y una afrenta. También resulta lamentable que Instagram incluso tenga un reglamento sobre el uso del pezón, en plena época donde movimientos como #freethenipple intentan darle el lugar que merece el cuerpo femenino, alejándolo de toda categorización y carga masculina.

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