Opinión

…distinto amanecer, diferente visión…

La CDMX dejó de ser el bastión del partido en el gobierno; en cambio ganó espacios muy importantes en varios estados del país.
Boletas electorales
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junio 08, 2021 a las 04:51 CDT

Nadie ganó todo, y nadie perdió por completo.

De la inspiración de Agustín Lara proviene la frase de distinto amanecer, diferente visión; desde luego que no tiene nada que ver con la política y las elecciones, pues pertenece al género del bolero, expresión de las canciones de corte sentimental y popular, sirve, sin embargo, para plantear una modificación panorámica ante sucesos específicos; también sugiere que el cambio experimentado en las pasadas elecciones no es total, pues ocurren variaciones peculiares en una vida que tiene su transcurso.

Algo así sucedió el 6 de junio pasado, pues quien preside el gobierno continúa en la responsabilidad, alterándose, eso sí, la composición y las personas que opinarán e influirán en las determinaciones políticas y que pueden establecer directrices de obligada observancia, desde la Cámara de Diputados. Se perfila una conformación que eleva el número de quienes muestran una posición crítica o desvinculada del gobierno y con el ánimo de hacer prosperar nuevos planes; entonces, un equilibrio más exigente desde el Congreso.

Por otra parte, se ha modificado la geografía política por la vía de la incorporación de un buen número de entidades federativas que pasarán a ser gobernadas por quienes fueron candidatos o candidatas del partido en el poder, conforme a la opinión de su ciudadanía. Así, el gobierno tendrá un respaldo más crítico y contestatario en la Cámara de Diputados, con el ingrediente que muchos de los que ahora la integrarán en calidad de opositores, se encuentran asociados e incrementan su número, lo que dará cuenta de un escenario más intenso en el debate y en el trabajo legislativo; en contraparte, el gobierno tendrá mayores afinidades a través de aquellas entidades federativas que al frente ubicarán a quienes fueron candidatos de su partido.

En términos cualitativos tales son las tendencias, ya que su expresión cuantitativa habrá de precisarse en los próximos días.

Pero lo que se observa en términos electorales es una especie de movimiento centrífugo que desplaza los apoyos del gobierno del centro a la periferia, mientras que la oposición representada por la “Alianza por México”, manifiesta un comportamiento en sentido inverso, centrípeto, en cuanto que va de la periferia al centro.

Por ende, la Ciudad de México dejó de ser el bastión del partido en el gobierno, y en cambio ganó espacios muy importantes en varios estados del país, destacando los del norte de la República con Baja California, Baja California Sur, Sonora y Sinaloa; a “contario sensu”, la oposición conquistó alcaldías de gran peso en la capital de la República. La gran noticia es que se afirmó la pluralidad política y que las pulsiones hegemónicas se muestran derrotadas. Dentro de la diversidad política, sin duda, destaca el partido Movimiento Ciudadano con su capacidad de conquista de espacios estratégicos por una vía directa.

Tal vez esos sean los rasgos del nuevo amanecer y de la diferente visión que trae aparejada la jornada del seis de junio pasado: se acredita una vocación a favor de la pluralidad por la vía de relevos en los partidos en el gobierno y en la modificación de la composición del Congreso, al tiempo de que los dominios con pretensiones hegemónicas han sido derrotados. Visto así, el mensaje de las urnas es positivo, pues se coloca del lado que ha signado el esfuerzo del país en las últimas décadas, relativo a construir una democracia constitucional robusta, con un sistema de partidos plural, competitivo y con alternancia.

Un amanecer distinto y una diferente visión es resultante de los matices que se han dado en la composición política, pero también hay cosas que permanecen; las modificaciones no representan una mudanza de residencia, pues se trata de seguir habitando en la democracia y en un contexto de equilibrios y contrapesos en el ejercicio del poder. Nadie ganó todo, y nadie perdió por completo. Ahora los actores políticos tendrán que moldearse para ganar mayores respaldos en la sociedad, a partir de buscar entenderla e interpretarla mejor; convertir sus aspiraciones y anhelos en vías para construir las realidades que se esperan.

El nuevo escenario habrá de desarrollarse y cobrar plena expresión en el segundo trienio de este sexenio, lo que involucra el proceso de nuevas elecciones para elegir presidente de la República; en ese escenario el gobierno ya demostró ser un jugador comprometido y filo partidista; acreditó su participación al filo de las normas y disputando su espacio como un actor definitivo, regateando, sin dudar, las recomendaciones prudenciales de la autoridad electoral; el gobierno quiere calificarse por una buena gestión pública, pero ya mostró que, sobre todo, plantea su permanencia en el poder.

Por su parte, el electorado ya mostró su tendencia a favor de la pluralidad y la alternancia; desde ahora la disputa del 2024 ha sido planteada en algunos de sus rasgos.

Se requerirá, sin duda, una gran fortaleza en las instituciones electorales.