“Así, por el recuerdo, lloro

tu casa... mi casa...

Tu amor, que está marchito en un estuche de oro

Mi amor, que al fin —de darse— se quedó sin brasas...

Y al ver que nos pusimos viejos

y todo fue en vano,

siento un vals en tu piano llorar

y me pongo a pensar

si no llora de amor.”

ADRIANA VARELA, ‘ABSURDO’

En esta esquina, el Aeromuerto; teniendo de sparring a militares, recursos frescos y hasta el procurador de la Profeco. Todos con la consigna de terminar de derribar al de la otra esquina: al AICM y, de manera específica, a Aeroméxico. El asalto es a tantas caídas y sin límite de tiempo.

Apoyar un capricho llamado Santa Lucía será uno de los costos más altos y absurdos a pagar por este sexenio.

1ª caída. La cancelación del NAIM

Hasta la fecha la 4T no ha mostrado prueba alguna de corrupción o daño ecológico en Texcoco. Ni lo hará. El porcentaje de avance que llevaba de construcción y lo ahí invertido se ha ido a la basura. La terminal diseñada por Norman Foster lleva un costo por su cancelación superior a los 332 mil millones de pesos (incluye la capitalización de las 4 series de Bonos MexCat por 4,200 millones de dólares). ¿Qué tanto es tantito? Pues se podrían haber construido dos aeropuertos de las mismas características…

Lo peor es que el costo de su cancelación no ha terminado pues todos los ingresos del Benito Juárez son utilizados para pagar los bonos antes mencionados. Y eso nos llevará muchos, muchos años. A diferencia del Fobaproa, al final no se habrá salvado nada.

2ª caída. La construcción del AIFA

Mismo sin tener las certificaciones internacionales necesarias, ha probado que, al operarlo, el tráfico en el espacio aéreo del Valle de México se hace mucho muy complicado y peligroso. Además, su máximo de atención serán 20 millones de pasajeros al año (eso dicen), cuando el AICM maneja 51 millones.

Santa Lucía ha servido para tener unos baños adornados con motivos de Chespirito, para degustar unas memelas extraordinarias, tener prácticamente el mismo número de corridas de autobuses que de aviones y, como máxima atracción… peleas de lucha libre. Vamos, hasta ahora ha servido como fuente de diversión y ocio, para conocer una infraestructura — la que cuenta— esto es, a medio terminar, pero no para ser el aeropuerto que tanto presume López Obrador y que completaría las necesidades para la gran zona metropolitana de la capital y ¡del mundo!

Aunque AMLO se ufane en sus promocionales de que es el mejor aeropuerto de América Latina, viendo los números de pasajeros, aviones, despegues, llegadas, reconocimientos internacionales a la construcción, comentarios de las asociaciones de pilotos y un largo etcétera, simplemente tenemos que no es así.

3ª caída. Dejar al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México languidecer

Se cae a pedazos, requiere inversión, tanto de mantenimiento (que le fue negada por esta administración) y ahora más que necesaria para evitar problemas mayores tanto en la Terminal 1 como en la 2.

Hasta el 2018 se hacían reparaciones anuales de las pistas y de mantenimiento, incluyendo del sistema del drenaje lateral, a sabiendas del hundimiento de las pistas —calculado en promedio en 50 centímetros por debajo de las vialidades cercanas—. Se realizaban, entonces, trabajos de forma continua para evitar un mayor deterioro e inundaciones permanentes en las pistas.

En promedio, en el AICM se invertían 3,500 millones de pesos anuales en mantenimiento; en pistas, en drenajes y en las mismas terminales. Eso sí, se tenía claro que todo era temporal, pues el AICM se cerraría este año para que iniciase funciones el NAICM (y que parte de esta inversión provendría de los propios ingresos del aeropuerto; los mismos que ahora sirven para pagar los bonos de la cancelación del NAICM).

Por ende, el anuncio de que se da de una inversión de 600 millones de pesos para la Terminal Dos es urgente, pero de entrada insuficiente. Se requerirían más de 120 mil millones de pesos para permitir que el AICM volviera a estar en su mejor momento y eso, en estas circunstancias como país, es imposible financiar.

No hay presupuesto que alcance para las dos terminales, subsanar el hundimiento de las pistas y dar el mantenimiento que se habría requerido.

Pareciera que se busca que el AICM deje de funcionar; el AIFA, se sabe, mismo a máxima capacidad no lo sustituiría jamás. Ni cómo intentarlo ahora que ni siquiera se tiene ‘categoría 1′ en aeronavegabilidad.

4ª caída. Probar a la corcholata

Desconozco si el que la reparación de la T2 esté a cargo del gobierno del gobierno de la Ciudad de México, con una aportación federal de 600 millones de pesos, sea para ayudar a Claudia Sheinbaum o para que quede mal —realmente mal—. Poco dinero para hacer las cosas de en serio y cómo se deben, ya lo dije.

Fácil echar la culpa al neoliberalismo. Pero a partir de la 4T se dejó de dar el mantenimiento constante, por ende, ahora se requieren reparaciones mayores (y por consecuencia cierres significativos de las terminales). Flaco favor; el primer mandatario juega —y se divierte en el proceso— con sus figuras políticas predilectas.

5ª caída. Lance vs Aeroméxico

Ricardo Sheffield, fiscal de Profeco, se lanza en contra de Aeroméxico. Con “otros datos” y verdades a medias sostuvo que hay retrasos de pilotos y sobrecargos, así como inventos para no volar por parte de la aerolínea.

Aeroméxico tratando de defenderse de las acusaciones, señaló que de enero a julio recibió una queja por cada 20 mil clientes atendidos; descartó ser la aerolínea con más retrasos en el AICM, de hecho, dice ser la más puntual (de salidas en el umbral del 81.3% y de llegadas de 78.8%). Dicen que se encuentran en 4% por encima del promedio general de la T2 y 13% por arriba de los otros dos principales operadores de dicha terminal. Además de que el 99% de los vuelos planeados en dicho periodo se realizaron.

Mismo así, el procurador del consumidor anunció que Aeroméxico podría recibir sanciones y denuncias. ¿Por qué y en base a qué? No lo explicó.

Pareciera que la consigna es afectar de manera directa a dicha línea aérea, pues no se olvide que —fuera de algunos cuantos vuelos programados en Santa Lucía— tiene todas sus operaciones concentradas en la T2, justamente donde a partir de octubre se reducirán las operaciones por la restauración y mantenimiento de esta.

6ª caída. Benito Juárez parcialmente cerrado

La reducción de operaciones en el AICM por restauración y mantenimiento (SICT apenas hace unos días propuso reducir temporalmente 15% de operaciones del Benito Juárez para mejorar servicios) es otra forma presidencial para llevar operaciones al AIFA, máxime cuando ya de por sí el gobierno federal había limitado los vuelos en el aeropuerto capitalino para migrarles al AIFA. La decisión basada en estudios que siguen sin ser conocidos y abiertos al público.

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La estrategia está vista y ha sido por etapas: primero desaparecer el NAIM, luego echarse al AICM, ahora golpear a Aeroméxico, y todo para impulsar un proyecto que nació muerto. Lo de esta línea aérea es solo un ingrediente más para la destrucción de todo lo que le va estorbando a la 4T. Y lo que falta…