Transcurre el Papa sus vacaciones en oasis de tranquilidad

Por Andrés Beltramo Alvarez. Corresponsal

Ciudad del Vaticano, 27 Jul (Notimex).- El Papa Benedicto XVI, por segundo año consecutivo, decidió transcurrir sus vacaciones de verano en la residencia del Vaticano en Castelgandolfo, un oasis de tranquilidad ubicado a sólo 25 kilómetros al sur de Roma.

En un recorrido por las "Villas Pontificias", Notimex pudo constatar el silencio y la quietud de la cual disfruta el obispo de Roma estos días en su reposo anual, que comenzó el 7 de julio pasado y se extenderá hasta los primeros días de agosto.

El Papa decidió una vez más evitar un traslado al norte de Italia, donde reposó los primeros cuatro años de su pontificado, porque –según lo ha dicho él mismo- en Castelgandolfo nada le falta.

"Queridos amigos, llegué en este momento para comenzar mis vacaciones y aquí encuentro todo: montaña, lago y gente buena. Estoy feliz de estar aquí. Esperamos que el señor nos de buenas vacaciones", dijo a su llegada a ese lugar la tarde del 6 de julio.

Como es tradición el traslado de los Papas del Vaticano hasta la residencia corre a cargo del helicóptero de la Presidencia de la República Italiana, en un viaje que dura apenas ocho minutos.

Las villas actualmente son tres (Cybo, Moro y Barberini) y ocupan un espacio de 55 hectáreas en torno al Lago de Albano, se encuentran en la colina más alta de la zona, de tal manera que -en días con cielos despejados- es posible admirar el Mar Mediterráneo de una parte y la laguna del otro.

Ubicada sobre antiguas residencias del imperio romano, la más antigua villa del complejo -conocida con el nombre de "Cybo"- fue expropiada por el Papa Urbano VIII (Maffeo Barberini) en 1590 y comenzó a ser habitada en 1614.

Antes, en el siglo XII d.C. aproximadamente, una familia de nobles genoveses -los Gandolfo- hicieron construir un castillo sobre lo que se conocía, hasta ese momento, como "Alba Longa": una población que dataría del siglo XIII a.C.

De hecho ese pasado imperial está aún presente en diversos rincones de los amplios jardines de la residencia papal, donde incluso se mantienen, en discreto estado de conservación, los restos de un modesto teatro romano, con sus gradas y pasillos.

Se trata del testimonio de la Albanum Domitiani, residencia de campo del emperador Domiciano (81-96 d.C.).

Pero el vestigio antiguo más impresionante es, sin duda, el "criptopórtico": un túnel excavado en la roca de unos 300 metros de extensión que fue construido por los romanos para permitir al emperador pasear por los jardines sin mojarse cuando llovía.

La finca de Castel Gandolfo es 11 hectáreas más grande que el mismo Vaticano, que apenas ocupa 44 en el corazón de Roma. Empero, la mayor parte del territorio de ambas propiedades es ocupado por jardines con plantas de todo el mundo.

En la residencia de verano destacan los centenarios "jardines a la italiana", donde conviven ordenadamente plantas de todo el mundo, tan numerosas que tomaría decenios catalogarlas todas.

Sobre todo porque apenas suman 59 los trabajadores de las villas, la mayoría de los cuales se dedican a la atención de las plantas y a la manutención en general. No superan las 14 familias.

Algunos de ellos administran una pequeña granja local que cuenta con 65 vacas, gallinas y otros animales. Allí se produce leche, queso, aceite de oliva, huevos y otros productos naturales, muchos de los cuales terminan cada semana en la mesa de Benedicto XVI.

Entre los jardines, delimitados por arbustos podados milimétricamente, flores multicolores y árboles frutales el Papa puede realizar su acostumbrada larga caminata diaria, rezar el rosario ante una imagen de la Virgen o dar de comer, en un estanque, a peces naranjas regalo del emperador de Japón.

Más allá de las tres semanas de reposo total, Joseph Ratzinger suele permanecer en la residencia hasta el mes de septiembre, antes de retornar definitivamente al Vaticano donde normaliza su agenda.

El obispo de Roma se aloja en el Palacio Apostólico, ubicado en uno de los extremos del complejo y cuya facha da directamente a la plaza principal del pueblito de Castelgandolfo, mientras el resto de sus colaboradores viven en otros edificios.

Normalmente el acceso a las Villas Pontificias no es público, sólo algunos visitantes tienen la fortuna de acceder a ella en grupos, con prioridad para cardenales, obispos, sacerdotes y monjas, las cuales suelen pasar jornadas al aire libre.

"En invierno las villas no son confortable, hay mucha niebla y hace frío. En los meses más cálidos el Papa viene aquí y debemos cerrar, hemos hecho las cuentas y no sería sustentable abrir al turismo este lugar", precisó Pier Paolo Turoli, responsable administrativo de la residencia papal.

NTX/ABA/MMMM/

0
comentarios
Ver comentarios