Cuba revive tras 200 años la tradición de la Tarasca para "quemar lo malo"

La Habana, 29 abr (EFE).- La criatura mitológica de la Tarasca ha vuelto a pasear por La Habana tras 200 años de ausencia, en un carnaval callejero que busca revivir y modernizar esa tradición en Cuba y en el que el público "lanza" sobre el muñeco las cosas malas de su vida antes de ser quemado en una hoguera en pleno Malecón.

Con su cuerpo de dragón -aunque en la calle muchos le confunden con un escarabajo y hasta un caimán- la tarasca cubana regresó esta semana convertida en "chivo expiatorio" y protagonizó tres días de desfile inspirado por las antiguas procesiones del Corpus Christi en la isla.

El títere gigante fue llevado por barrios y avenidas del centro de la ciudad para que las personas tuvieran la oportunidad de "contarle" o escribirle en el cuerpo sus malos pensamientos, recuerdos y experiencias, con tal de despojarse de todo lo "negativo".

En su peculiar cola de cartón, hay quienes dejaron mensajes en contra de la ignorancia, el resentimiento, el oportunismo, la envidia y la homofobia.

De modo espontáneo, algunos también escribieron buenos augurios y deseos pidiendo "no más leyes que opriman", que "todos puedan viajar libres por el mundo", que se les conceda casa e hijos y hasta que un viejo amor regrese.

El inicio del espectáculo tuvo lugar en una antigua plaza colonial de La Habana, donde mimos, actores en zancos y músicos representan la historia de la criatura y arrastran a decenas de personas en un largo recorrido a ritmo de conga cubana, que detiene el tráfico, atrae a los turistas y saca de sus casas a los curiosos.

Casi al anochecer, en la explanada del Castillo de la Punta, ubicado en el Malecón habanero, la fiesta culminó su tercera y última jornada este viernes con el incendio simbólico de la Tarasca, mientras el público bailaba alrededor de la hoguera e improvisaba estribillos.

El grupo de teatro callejero "Gigantería", popular por sus pasacalles en la ciudad, fue el responsable de retomar la tradición después de que en 2010 decidiera celebrar su décimo aniversario con un espectáculo dedicado a la Tarasca.

Lo que pudo ser un hecho teatral aislado regresó este año con el objetivo de promover la historia de la figura y crear una nueva costumbre en La Habana, una de las villas cubanas que tuvo tarasca en época de la colonia española.

Según dijo a Efe el director de "Gigantería", Roberto Salas, algunas tarascas eran traídas desde España y otras se confeccionaban en la isla, donde se les asoció con el crecimiento de las ciudades y de la Iglesia como institución.

Salas, quien supo de la tradición mientras estudiaba teatro en el Instituto Superior de Arte, afirmó que en las actas capitulares de los cabildos de La Habana existen noticias de tarascas desde el siglo XVI y se sabe que estuvieron saliendo durante casi 200 años, hasta su desaparición en el XVIII.

"Las autoridades consideraron que las personas estaban más interesadas en la fiesta que en la procesión religiosa, porque la gente prefería más andar con la Tarasca que acompañando al Santísimo Sacramento, y se detuvo la tradición", explicó Salas, de 39 años.

De acuerdo con su investigación, la Tarasca, los "gigantes" y otros personajes como "los diablitos" fueron sacados entonces del desfile del Corpus Christi y sólo ahora vuelven a presentarse ante los cubanos, en pleno siglo XXI.

Pero ya no se trata más de una procesión religiosa, sino de una especie de carnaval que reúne a decenas de artistas de distintos grupos, cuyo trabajo tiene el apoyo de la Oficina del Historiador de La Ciudad.

La figura de la Tarasca, cuyo nombre sale de la región francesa de Tarascón, parece tener su origen en una leyenda relacionada con Santa Marta, quien según el relato domó al monstruo con su palabra cristiana.

La criatura ha sido vista como símbolo de vicio y virtud y ofrece numerosas variantes según países y urbes, aunque parece prevalecer la imagen del dragón de grandes fauces.

En La Habana la empiezan a considerar un extraño "bicho" para hacer catarsis, pues lo mismo sirve para gritar las penas, bailar la conga o jugar con los mimos.

Anett Ríos

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